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Guillem Bota con una foto de Joan Manuel Serrat de fondo

Guillem Bota con una foto de Joan Manuel Serrat de fondo Montaje Crónica Global

Pensamiento

Algete, deja ya de joder con el nombrecito

"Estoy seguro de que Serrat no pondrá impedimento alguno al cambio de nomenclatura. Hombre comprensivo, hasta es capaz de dedicarle una canción a Cruz Epifanio, que casi rima con Mediterráneo"

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Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así: si eliminan tu nombre de un edificio, ya lo pondrán en otro. O, dicho de otra forma, si han de quitar tu nombre de un edificio oficial, que lo sustituyan por el de Cruz Epifanio es un consuelo, no todo el mundo tiene esa suerte.

Eso es lo que debe de pensar Joan Manuel Serrat después de que en Algete (provincia de Madrid) hayan decidido cambiar el nombre al edificio municipal que llevaba el del cantautor, por el de un ilustre vecino llamado Cruz Epifanio.

Uno no tiene ni la menor idea de quién es —o era, vayan ustedes a saber si está vivo o muerto— Cruz Epifanio Fernández, pero alguien así llamado merece que su nombre lo lleve un edificio municipal no solo en Algete, sino en todos los pueblos de España. Ya tardan en mi barrio de Barcelona en ponerle al mercado municipal el nombre de Cruz Epifanio.

Si el nombre de Joan Manuel Serrat lo hubieran sustituido, es un suponer, por el de Antonio Fernández, tendría motivos el cantante para enfadarse, eso sería un insulto a toda su carrera, pero una derrota ante Cruz Epifanio, en cambio, es más que honrosa, es hasta agradable.

Estoy seguro de que Serrat, que tiene que conformarse con llamarse Joan Manuel, como tantos otros que en el mundo han sido, no pondrá impedimento alguno al cambio de nomenclatura. Hombre comprensivo, hasta es capaz de dedicarle una canción a Cruz Epifanio, que casi rima con Mediterráneo.

Don Cruz Epifanio merece eso y más, no en vano lleva a la vez en sus dos nombres el martirio de Jesús y la adoración del mismo por los tres reyes, ahí es nada, el yin y el yang del cristianismo, el final de la vida del hijo de Dios y su inicio. Cierto es que con el Fernández del apellido pierde buena parte de la épica ganada con los dos nombres de pila, pero nadie es perfecto, ni siquiera en Algete.

El patrón de la localidad es el Santísimo Cristo de la Esperanza (14 de septiembre), con lo que era de esperar y es hasta lógico que prefieran a Cruz Epifanio que a Serrat, quien igual ni siquiera va a misa.

Además, según ha trascendido en el pueblo, a don Cruz Epifanio le llaman familiarmente Pifa. Sin duda por razones de economía puesto que, si hay que llamarle, hacerlo por su nombre completo es una cruz, con perdón.

Serrat, en cambio, no tiene abreviatura conocida, ha sido siempre Joan Manuel. Si la tuviera, sería un simple Juanma, demasiado corriente para competir con todo un Pifa, único en su especie.

Vaya por delante que Cruz Epifanio no tiene culpa de nada. Ni de llamarse así ni de que en el Ayuntamiento de Algete le hayan elegido para sustituir a Serrat —no en el escenario, por lo menos de momento—, a quien, a sus más de 80 años, la polémica seguramente le trae al pairo, problemas más importantes tiene un octogenario que molestarse porque un local social lleve o no su nombre.

Por no añadir que, normalmente, a las calles, edificios, escuelas y auditorios, se les suele bautizar con el nombre de un muerto, así que al pobre Serrat no debía de hacerle ninguna gracia saber que en Algete ya andaban poniendo su nombre a dependencias municipales.

Es como si uno va paseando por una ciudad y, al doblar la esquina, tropieza con un monumento erigido en su memoria: lo primero es palparse para comprobar que uno sigue vivo, y lo siguiente es tocar madera. Lagarto, lagarto.

Aunque también alguien podría coger una guitarra y plantarse en el pleno en que se va a debatir el cambio de nombre y cantarle al alcalde: "Niño, eso no se toca, deja ya de joder con el nombrecito".