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Guillem Bota opina sobre la huelga de estrípers en Canadá

Guillem Bota opina sobre la huelga de estrípers en Canadá Getty Images

Pensamiento

Huelga al desnudo

"Hay acontecimientos mundiales, como los grandes premios de Fórmula 1 o la visita del Papa, que suponen importantes ingresos en los sectores de la prostitución y la venta de cocaína"

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Si hacen huelga los mineros, los médicos y los profesores, con más razón pueden convocarla las estrípers, que pueden jactarse de no ocultar absolutamente nada durante su jornada laboral, son la transparencia llevada hasta el último extremo. Las profesionales canadienses del desnudo convocaron el sábado una huelga de bragas caídas, pero al revés: en lugar de dejarlas caer, decidieron dejárselas puestas, como protesta por las tasas abusivas que deben pagar a los restaurantes y bares donde ejercen su oficio, que se halla a medio camino entre el arte y el obrerismo.

No eligieron al azar el día de la reivindicación laboral, sino que el sábado pasado se celebraba en Canadá el Gran Premio de Fórmula 1, uno de los días con más trabajo en el sector, ya que llegan al país aficionados de todo el mundo —por no hablar de los deportistas, mecánicos y resto del equipo—, normalmente hombres de ingresos altos que, después de estar todo un día viendo correr monstruos mecánicos, por la noche necesitan contemplar un cuerpo humano en toda su plenitud, para cerciorarse de que hay cosas que la ingeniería es incapaz de crear. Por lo menos, de momento.

Hay acontecimientos mundiales, como los grandes premios de Fórmula 1 o la visita del Papa (lo vamos a comprobar dentro de poco en España, si Dios quiere), que suponen importantes ingresos en los sectores de la prostitución y la venta de cocaína, pero también en el de los clubs de estriptís. Una jornada entera da para mucho, y uno puede —por ejemplo y para no salirnos del cristiano caso que viviremos pronto en España— loar al Señor por la tarde y loarlo con más fervor si cabe por la noche, a la vista de algunas de sus mejores creaciones.

Imaginen ustedes el contratiempo que supondría para tantos miles de fieles, que durante la visita del Papa se declarasen en huelga las señoritas que comercian con su cuerpo, ya sea mostrándolo —en el caso de las bailarinas— o alquilándolo —en el de las prostitutas—. Pues eso es lo que estaba previsto que sucediera en Canadá el pasado sábado, un auténtico drama.

Canadá es un país frío, con lo que el trabajo de las estrípers ha de estar bien remunerado y además han de disponer de un seguro médico que les cubra resfriados, pulmonías y otros accidentes laborales. Por si fuera poco, igual que sucede con los futbolistas, su vida laboral es muy corta, no suele haber profesionales del desnudo más allá de los 67 años, que sería la edad de jubilación normal en cualquier trabajo, por lo menos en España.

Algún caso habrá de bailarina que se ve obligada por necesidad a desnudarse habiendo cumplido ya los 80 años, de algo hay que comer, pero no es lo normal, de manera que tienen que aprovechar cuando son todavía jóvenes para ahorrar e invertir de cara al futuro. Sucede que no todas son tan previsoras, con lo que —si las señoritas permiten que les dé un consejo ese humilde admirador— puestas a hacer huelga, podrían aprovechar para reclamar un fondo estatal que ayudase en su vejez a las estrípers ya retiradas, cuando quitarse la ropa no solo ha dejado de ser agradable a ojos de los espectadores, sino que se ha convertido en una dificultad en sí misma.

A la hora de escribir este artículo se desconocía todavía si la patronal y las representantes de las trabajadoras habían llegado a un acuerdo para desconvocar a huelga, es de desear que así fuese, puesto que en no pocos casos, la carrera de Fórmula 1 es solo una forma de pasar la tarde —amén de una excusa que dar a la sufrida esposa, que se queda en casa— mientras no llega la hora de ir a ver cómo se quita la ropa una señorita agarrada a una barra. Los coches están de relleno, lo importante viene después.