José Antonio Bueno y un campo de extracción de petróleo
Una víctima inesperada
"Puede que la OPEP y la OPEP+ sobrevivan, pero su influencia no va a ser la misma, y no sólo por la salida de Emiratos. La irrupción de EEUU en el mercado como primer país productor de petróleo hace tiempo que ha cambiado el mercado"
Aunque las únicas víctimas de los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán que merecen tal nombre son los muertos —3.468 en Irán, 2.300 en Líbano, 23 en Israel y 13 militares estadounidenses—, los heridos y también quienes han perdido o han tenido que abandonar sus hogares, usaré el término víctima para referirme a dos daños colaterales de este conflicto.
Parafraseando a Esquilo, la primera víctima de la guerra es la verdad, al menos usando el término víctima en modo amplio. Nunca sabremos el número real de muertos ni de heridos, ni cuántos son soldados ni cuántos civiles, ni los daños en los arsenales iraníes, ni la eficacia real de los sistemas antiaéreos de los países atacados por Irán. Nos quedaremos siempre con información de parte y solo podremos hacernos una idea parcial de la realidad.
Siempre ha sido más o menos así, pero ahora la contaminación es tremenda en unas guerras dirigidas desde kilómetros de distancia, y donde ambos bandos quieren controlar el relato. Las redes sociales hacen el resto en las tareas de desinformación, ahora acelerada por los buscadores que se apoyan en IA.
Otra víctima, y esta sí que es inesperada, es la Organización de Países Exportadores de Petróleo, la OPEP. Este cártel fundado en 1960 ha tratado durante más de seis décadas de fijar el precio del petróleo controlando la oferta. Sus miembros han acordado las producciones máximas de cada país para evitar que una sobreoferta hiciese caer los precios.
Los cárteles están prohibidos en la mayoría de los países avanzados, de ahí la relevancia de las autoridades de competencia. Si lo que hacen los países productores de petróleo lo hicieran empresas privadas, tendrían serios problemas. Pero ante la relevancia del petróleo nadie protesta, sino más bien lo contrario, quienes mueven el mercado del petróleo están, como poco, acostumbrados a tener una oferta predecible.
Ponerse de acuerdo para fijar el precio objetivo no es sencillo, porque el coste de extracción es muy diferente entre países, lo que hace que los intereses de cada país miembro tensionen al grupo de manera estructural.
Los países del Golfo tienen unos costes muy bajos, porque los yacimientos son superficiales, abundantes y, además, su petróleo es muy líquido. En el extremo opuesto está el petróleo venezolano, con yacimientos en lugares intrincados y, además, muy denso. Por ejemplo, cuando han intentado bajar los precios para frenar el desarrollo del fracking, no todos los países miembros han estado de acuerdo, porque no todos pueden aguantar igual precios bajos.
Pero no solo el coste de extracción fija la ambición de un precio u otro. También lo es la relevancia del petróleo en el presupuesto nacional. El ambicioso plan de transformación de Arabia Saudí necesita un petróleo caro para poder costearlo, mientras que Noruega, fuera de la OPEP, carece de urgencias, por lo que para ellos el precio no es tan relevante.
En un entorno tan complejo, la entrada y salida de miembros de la OPEP ha sido un elemento más o menos común en su historia. Indonesia, Ecuador y Gabón han tenido viajes de ida y vuelta, mientras que Qatar y Angola salieron para no volver. Hoy la OPEP la forman 11 países, tras la salida, el 1 de mayo, de Emiratos, controlando aún así más de un tercio de la producción mundial.
Ellos están “más o menos” coordinados con otros 12 países productores, liderados por Rusia, conformando la conocida como OPEP+, que controla algo menos del 45% del petróleo mundial. El futuro de la “tutelada” Venezuela en la OPEP no está claro, lo mismo que el de Irán, por lo que la cuota de producción coordinada podría bajar del 40% en no mucho tiempo.
Emiratos, con una capacidad máxima de producción de unos cinco millones de barriles al día, o sea, un poco menos del 5% de la producción mundial, no quiere que nadie fije limitaciones estratégicas, especialmente cuando su economía ya está diversificada y no necesita el petróleo con precios tan altos como otros países miembros.
Pero su salida también evidencia las tensiones entre los vecinos de la zona. Ha sido el país que más misiles ha recibido, casi tres veces los que ha recibido Israel, más del doble que Catar, sede de la mayor base norteamericana en la zona, y diez veces más que Arabia Saudí.
Las razones se basan tanto en el efecto multiplicador de las publicaciones de los expatriados en redes sociales, como por acoger multitud de empresas norteamericanas. Según las redes sociales, muchas instalaciones de datos de los gigantes tech han sido atacadas, y la integridad de la información del país se ha salvado de puro milagro.
El ataque a centros de Amazon el 1 de marzo paralizó varios días la banca regional y los sistemas de pago. Emiratos se queja de falta de solidaridad pero, además, hay tensiones crecientes entre las casas reinantes de los países de la zona, estando incluso en riesgo el futuro del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC). Además, ha sido el único país en reportar ataques de misiles cuando la tregua ha comenzado a hacer aguas.
Puede que la OPEP, y la OPEP+, sobrevivan, pero su influencia está claro que ya no va a ser la misma, y no solo por la salida de Emiratos. La irrupción de Estados Unidos en el mercado como primer país productor hace tiempo que ha cambiado el mercado. Si Venezuela cae de manera definitiva bajo su influencia, el precio lo fijarán la OPEP y la OPEP+, pero también Estados Unidos, con la inestimable ayuda de los bancos de inversión que, con sus futuros y derivados, son capaces de mover tanto o más el precio que los productores.