Andrea Rodés y una imagen de Siren Head
Horribles criaturas
"'¿Vemos los Gremlins?', le sugerí a mi hijo hace unos días. Él se negó en rotundo. Dice que le dará miedo. Tampoco quiere ver E.T, ni La historia interminable. El mundo de la fantasía le parece mucho más perturbador que sus monstruos de internet"
Mi hijo lleva desde Navidad obsesionado con un monstruo llamado Siren Head que descubrió en YouTube (mea culpa). La criatura en cuestión es un ser altísimo y delgado, parecido a un poste telefónico oxidado, con dos sirenas en lugar de cabeza que emiten un sonido terrorífico.
“¿Quién crees que gana, Siren Head o Mega Horn?”, me preguntó hace poco, enseñándome otro monstruo terrible, dotado de cinco cabezas —dos de ellas, ubicadas dentro de su boca— y un gigantesco megáfono “capaz de emitir explosiones sonoras tan poderosas que literalmente podrían volarle la cabeza a una víctima”, según la descripción oficial de la plataforma Fandom.
Su pasión por este tipo de monstruos que circulan por internet le ha llevado a descubrir, con tan solo cinco años, a uno de los ilustradores más reconocidos de este género: el artista canadiense Trevor Henderson (Ontario, 1986). Ahora está obsesionado con viajar a Canadá. “Iremos, iremos”, le prometo, aunque lamentablemente no será a corto plazo.
En mi Spotify tengo guardadas varias listas de canciones inspiradas en las creaciones más famosas de Trevor Henderson —Cartoon Cat, Siren Head, Light Head, Mega Horn— y, cuando escucho a mi hijo rapear en español desde la sillita del coche («Si vas al bosque, ten cuidado, pues Siren Head está enfadado; / te esperará disimulando junto a la copa de algún árbol; / si vas al bosque y oyes algo, como sirenas, ruidos raros, / más vale que estés muy atento: puede que debas salir corriendo...»), me doy cuenta de su nivel de enganche. ¿Qué tendrán estos monstruos tan feos —mezcla de humano, animal y objeto cotidiano— para llamar tanto su atención?
Según los expertos en el tema, a los autores de creepypastas, como se conocen estas historias de terror que circulan por las redes sociales , les interesa ser lo más verosímiles posibles, para poder adaptarse a distintos formatos (videos, imágenes, videojuegos). “Desde su creación digital en 2018, las comunidades de juegos online, los creadores de YouTube, los artistas y los usuarios de TikTok han acogido a Siren Head, construyendo mundos espeluznantes para que habite en ellos”, explica Emily Zarka, reconocida investigadora estadounidense de literatura gótica y folclore online, en un documental de PBS dedicado a explorar la «leyenda urbana» de Siren Head.
En el documental, Zarka pregunta a Henderson por qué cree que su monstruo se ha hecho tan popular en las redes sociales. Él responde: “Creo que echamos de menos esa tradición de contar historias en comunidad que solíamos tener mucho antes de que existieran las redes sociales; por ejemplo, contar historias alrededor de una hoguera. Y, bueno, lo más parecido a eso es poder intercambiar historias y monstruos online, en X o Instagram”.
La pasión de Henderson por el terror empezó de pequeño, por influencia de su padre, un adicto a las películas de Godzilla, las criaturas de Ray Harryhausen y los clásicos monstruos de Universal. “Me enseñó todo eso desde muy pequeño y me dejó enganchado de por vida a este mundillo”, explica.
Mi hijo no puede decir lo mismo de mí. Recuerdo el miedo que pasé la noche que vi Funny Games, de Michael Haneke, sola en mi piso de Vilassar. Al terminar, veía pelotas de golf rodando por el pasillo y puertas que se abrían y cerraban solas. “¡Cómo se te ocurre verla sola!”, me riñó mi ligue de entonces, que casualmente era entrenador de golf. Recuerdo también pasar mucho miedo viendo la serie Hannibal, con Mads Mikkelsen de protagonista, y leyendo Drácula, de Bram Stoker.
“¿Vemos los Gremlins?”, le sugerí a mi hijo hace unos días. Él se negó en rotundo. Dice que le dará miedo. Tampoco quiere ver E.T, ni La historia interminable. El mundo de la fantasía le parece mucho más perturbador que sus monstruos de internet, donde el miedo se convierte en un juego: los dibuja, los imita, inventa batallas entre ellos, los convierte en canciones o figuras de plastilina o Lego. Todo eso está muy bien. Pero acabará viendo Gremlins conmigo.