Fotomontaje de Donald Trump
El "trumpismo" y la cultura de la violencia política
"Es cierto que el prestigio internacional de la democracia americana ha sufrido altibajos en los últimos años, pero no ha “colapsado”. EEUU sigue siendo una potencia central en economía, defensa y diplomacia global"
El ”trumpismo” con sus planteamiento incoherentes y erráticos está contribuyendo a incrementar la violencia política en EEUU, una sociedad cada vez más polarizada donde la desconfianza hacia el diferente penetra en las tripas del colectivo societario.
Para añadir más tensión al escenario, se produce un tercer intento de magnicidio, no hay dos sin tres…¿a quién beneficia los intentos de magnicidio a Trump? En EEUU, país en donde muchas ocasiones se impuso la ley del más fuerte, se han cruzado algunas líneas rojas de la violencia.
La Constitución se manipula y a veces se instrumentaliza como elemento de confrontación. Su prestigio exterior se ha deteriorado en los últimos años , altos mandos militares son destituidos, la sociedad civil cada vez más dividida, enfrentada y polarizada.
Merece la pena profundizar y analizar en toda su complejidad a la sociedad americana, para poder entender mejor qué está pasando en los Estados Unidos. Hablar de “tercer intento de magnicidio” contra Donald Trump requiere alguna precisión al respecto.
Ha habido incidentes graves de seguridad y amenazas, pero no todos los episodios que circulan en las redes sociales o medios pueden clasificarse como intentos confirmados de violencia.
En un tema de gran proyección mediática conviene apoyarse en información verificada porque la exageración también alimenta la polarización.
Sobre a quién “beneficia”, en general, los ataques o amenazas contra figuras políticas, suelen generar un efecto de cierre de filas en torno al líder afectado (lo que en ciencia política se llama “rally effect”). Eso puede traducirse en más apoyo entre sus seguidores.
Pero eso no implica necesariamente que alguien “gane” estratégicamente; la violencia política suele desestabilizar el sistema en su conjunto y aumentar la desconfianza en el sistema.
Es inexacta la afirmación de que EEUU es un “país sin ley”, sigue siendo un Estado con instituciones muy fuertes: tribunales, elecciones competitivas, prensa libre, etc.
Otra cosa distinta es que haya tensiones importantes, como se vio en el asalto al Capitolio de Estados Unidos de 2021, que sí marcó un punto crítico en la percepción de la estabilidad democrática.
Existe una polarización política muy alta entre demócratas y republicanos. Sin duda la retórica descalificatoria se ha endurecido en ambos lados. La proliferación de armas (protegida por la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos) aumenta el riesgo de que los conflictos se tornen violentos .
Un dato para retener es la constatación que la confianza en instituciones de gobierno ha disminuido en sectores importantes de la población. También es cierto que el prestigio internacional de la democracia americana ha sufrido altibajos en los últimos años, pero no ha “colapsado”: EEUU sigue siendo una potencia central en economía, defensa y diplomacia global.
En resumen: sí hay señales preocupantes —polarización, episodios de violencia, desconfianza institucional—, pero no se puede describir el país como fuera de control, lo que simplificaría demasiado una realidad tan compleja.
Uno de elementos a considerar nos llevaría a analizar con rigor la pérdida de liderazgo tecnológico de los EEUU frente a la RP China. ¿Es consecuencia de una estrategia equivocada del "trumpismo"? La idea de que EEUU está “perdiendo” el liderazgo tecnológico frente a la República Popular China, es cierta, pero bastante matizable.
No es un “sorpasso” total, sino una competencia mucho más cerrada que hace 15–20 años. Por parte de los EEUU el liderazgo es claro en desarrollo y diseño de semiconductores avanzados, pero no lo es en fabricación.
Dominio en software, IA y plataformas digitales (a través de empresas como Google, Microsoft, NVIDIA). Un buen ecosistema de innovación (universidades, capital riesgo, talento global).
Por otra parte hay que destacar avances chinos muy significativos, especialmente en el campo de las 5G y telecomunicaciones (Huawei). En la manufactura tecnológica a gran escala y vehículo eléctrico y baterías. Aplicación masiva de IA (aunque menos puntera en modelos base, más rápida en despliegue).
¿El “trumpismo” es una estrategia equivocada?
Las políticas asociadas a Donald Trump (aranceles, guerra comercial, veto tecnológico a China) tuvieron efectos híbridos. Es cierto que tenían como principal objetivo frenar el ascenso tecnológico chino, reducir dependencia industrial y sobre todo proteger sectores estratégicos.
Pero no lograron frenar del todo a China; en algunos casos incentivaron su autosuficiencia tecnológica. Aumentaron costes para empresas estadounidenses (cadenas de suministro más caras) y generaron tensiones, a veces innecesarias, con aliados, lo que debilitó la coordinación internacional.
Curiosamente, muchas de esas medidas no desaparecieron después. La administración de Biden mantuvo —e incluso reforzado— controles a la exportación de chips y políticas industriales (como subsidios a semiconductores). Eso indica que el diagnóstico (China como rival estratégico) es bipartidista, aunque difieren en el estilo.
¿Hay pérdida de liderazgo?
Más que pérdida absoluta del liderazgo, hay tres tendencias claras: una de ellas arranca del dominio indiscutido de EEUU durante todo el siglo XX.
Ahora, sin embargo, hay competencia real en varias áreas. Dos ecosistemas liderados por las dos grandes potencias : la RP China y los EEUU, lo que supone una “carrera a largo plazo”. No se decidirá en 2–3 años, sino en décadas (IA, chips, energía, biotecnología).
Afirmar con rotundidad que los EEUU ha perdido el liderazgo tecnológico, no es del todo cierto, hay mucho de exageración en esta afirmación. Sin embargo, es bastante acertado apuntar que China está alcanzándolo rápidamente y a gran velocidad.
Con Trump ha vuelto la violencia política como estrategia electoral
Esa lógica de “o estás conmigo o estás contra mí”, vinculada al lema MAGA, ha tenido hasta el momento un claro rendimiento político. “Le ha funcionado bien electoralmente, pero ha creado una división tremenda dentro del país“.
A este escenario contribuye también el ecosistema mediático, Trump ha erosionado la credibilidad de los medios tradicionales mientras impulsaba plataformas afines y discursos de “posverdad”.