Pásate al MODO AHORRO
Fotomontaje de los Mossos d'Esquadra (archivo)

Fotomontaje de los Mossos d'Esquadra (archivo)

Pensamiento

Polis de guardería

"El Govern no ha dejado claro cuál va a ser la función de estos policías de escuela, probablemente porque ni siquiera la conoce"

Publicada

No seré yo quien niegue la necesidad que tienen algunos policías de ir al colegio, pero, según tengo entendido, la propuesta de la Generalitat no contempla que entren en clase a tomar apuntes, sino que se queden por ahí fuera, en los pasillos o en el bar, como alumnos indolentes.

Se conoce que lo que van a hacer, en lugar de estudiar y aprender, es vigilar, cosa que no está mal, pero antes esa función la ejercía un profesor --un cura en el caso de los colegios religiosos-- con mala leche.

El problema es que ya no quedan profesores con mala leche, por no hablar de curas, que de esos no quedan ni con buena ni con mala leche, así que algunos institutos se han visto obligados a lanzar un SOS, que es el grito de auxilio de los centros de enseñanza, previo al “sálvese quien pueda”.

En las películas de estudiantes rebeldes --todo un género-- no hacen falta ni policías ni profesores con mala leche, todo lo contrario, los profesores con mala leche en las escuelas de ficción no sirven de nada, siempre fracasan y suelen terminar mal.

Allí lo soluciona todo un profesor llegado hace poco, muy buena persona además, que conecta a su heterodoxa manera con los alumnos. Al principio le cuesta un poco --menuda birria de película sería si nada más llegar el nuevo profesor, todos se portasen bien--, pero al final caen todos rendidos ante ese maestro, el Sidney Poitier de Rebelión en las aulas, pongamos por caso.

La realidad suele ser distinta, y el pobre Poitier no resistiría una semana en según qué instituto de Cataluña, lo más probable es que saliera corriendo después de la primera semana y buscara trabajo de mozo de almacén en un supermercado, labor mucho más descansada que la del magisterio.

Sucede que, en el cine, los peores alumnos en el fondo tienen buen corazón y acaban demostrándolo, mientras que en la realidad son unos auténticos vagos que, además, disfrutan incordiando a sus compañeros, a los profesores y hasta a su propia familia.

Habrá que ver cómo se comportan estos estudiantes con los policías, pero tengo la impresión de que en poco tiempo ese va a ser el destino menos apetecible por los agentes, que van a preferir que los manden infiltrarse en alguna banda de asesinos albanokosovares, antes que ir a patrullar entre los adolescentes de un instituto.

Si un profesor no puede hoy reñir, ni siquiera reconvenir, no digamos ya castigar sin recreo, a un alumno que lo merece, si ni siquiera los padres tienen ya autoridad para gritar a su propio hijo, no digamos pegarle un sopapo pedagógico, mucho menos van a poder hacerlo los indómitos policías que se atrevan a patrullar en el instituto.

Mal futuro les auguro a los pobres, atados de pies y manos frente a una turba que les va a declarar objetivo prioritario.

Un problema añadido es que el Govern no ha dejado claro cuál va a ser la función de estos policías de escuela, probablemente porque ni siquiera la conoce, en Cataluña las cosas suelen funcionar de esta manera: alguien del Govern tiene una idea --en su opinión particular-- brillante, la expone a sus colegas del Ejecutivo, se aprueba, y ya veremos sobre la marcha cómo se concreta.

De momento, lo único que se sabe es que estos policías van a ir desarmados y de paisano. Lo primero tiene su lógica, puesto que lo más probable es que algún estudiante repetidor les robara la pistola si la llevasen, no para usarla sino para cambiarla a la salida por unos gramos de hachís.

La parte de patrullar en los colegios sin uniforme me parece ya más peligrosa, más de un papá o mamá de alumno se va a asustar cuando vea a un tipo solitario y con mala pinta rondando por los pasillos del colegio, observando lo que sucede en las aulas y sin quitar ojo a los estudiantes. A ver si va a ser peor el remedio que la enfermedad.