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Los líderes de PP y Vox y Francesc Arroyo.jpg

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Pensamiento

El verdadero PP es Vox

"Juntos (PP y Vox) tienen futuro porque no hay mejor cemento que el poder y las prebendas que de él se derivan. Juntos se aprestan a pregonar el lema ultranacionalista de 'prioridad nacional', que significa 'primero los de aquí'. Aunque no esté muy claro que pueda significar 'aquí'"

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En la segunda mitad de los 80, Manuel Luque, entonces director general de Jabones Camp, se hizo famoso con una campaña publicitaria en la que promocionaba el detergente Colón, con la recomendación siguiente: “Busque, compare y si encuentra algo mejor… cómprelo”.

A la mayoría de la gente le pareció un buen consejo. Luego llegó otro consejo, también publicitario: “Rechace imitaciones”.

Hoy ambos sirven para la política: los votantes de la derecha comparan y acaban por descubrir que el verdadero Partido Popular, el heredero de la Alianza Popular que fundó Fraga en octubre de 1976, es Vox.

Eso explica en parte el auge de la formación que encabeza Abascal y la imposibilidad de despegar (incluso con cierto desgaste) de la que tiene como líder nominal a Alberto Núñez Feijóo.

AP acabó convirtiéndose en el PP para absorber por el centro a los restos de la UCD. Formó así lo que el organismo antecesor del CNI llamó en su día “el posfranquismo blanco”.

Lo que no cambió fue la manera de pensar y de actuar.

Los fraguistas se opusieron al divorcio, a cualquier tipo de ley del aborto, a la reforma fiscal, a la sanidad universal, al feminismo, al Estado laico y a la descentralización autonómica.

También izaron la bandera de la España amenazada, entonces por el comunismo y ahora por la inmigración.

Vox lleva hoy el rechazo a todo eso en su programa. Por eso al Partido Popular le cuesta tan poco alcanzar pactos con Vox. Más aún: a los descendientes de AP les encanta aplicar esas medidas: en Valencia, en Extremadura, en Aragón y donde se tercie.

Ya entonces la financiación de los de Fraga era cosa fina.

En una carta escrita por el padre de Felipe de Borbón al Sha de Persia (antes de su caída) se le pedía dinero porque la UCD necesitaba dinero para hacer frente a Fraga, financiado por “la banca española”. Una financiación nunca investigada.

Después de eso vino lo que vino, incluidos los gobiernos de José María Aznar (unificador de las derechas sociológicas) que ostenta un récord difícilmente alcanzable: de 34 ministros nombrados, 12 han acabado en el banquillo. Y no se incluye a Rajoy porque hubo algún juez que no supo descifrar a quién se refería la inscripción M. Rajoy.

PP y Vox comparten abiertamente su sumisión ante el poder de Estados Unidos.

También esto viene del fundador.

Fraga se bañó en Palomares para lavar la cara al gobierno estadounidense que había perdido allí algunas bombas. Un informe de los servicios secretos norteamericanos explicaba que el embajador Wells Stabler tenía perfectamente controlados a dos candidatos a sustituir a Carlos Arias: Silva Muñoz y Fraga. Ambos fundadores de AP.

La financiación irregular del partido de Fraga tiene raíces históricas: empezó, como poco, cuando fundó una empresa (GODSA, Gabinete de Orientación y Documentación, SA). Gabinete para el que trabajaron varios de los implicados en el 23-F.

Luego, Fraga se fue a Londres. Mejoró su inglés, pero no su talante escasamente democrático. El mismo talante que impregna el actual PP y su escisión hermana, Vox.

Juntos tienen futuro porque no hay mejor cemento que el poder y las prebendas que de él se derivan. Unas prebendas que Esperanza Aguirre (otra ministra de Aznar que se escapó de la condena) llamaba “mamandurrias” y que durante años dieron de comer a Abascal.

Juntos se aprestan a pregonar el lema ultranacionalista de “prioridad nacional”, que significa “primero los de aquí”. Aunque no esté muy claro que pueda significar “aquí”.

¿Puede un catalán domiciliado en Cáceres pedir una subvención de la Junta extremeña? ¿Debe ser atendido en la Seguridad Social un vasco de visita en Aragón o debe esperar a que no haya ningún aragonés esperando esa misma atención?

En Cataluña hay partidos (Junts y Aliança Catalana) que eso lo tienen muy claro: los catalanes son más importantes que los nacidos en cualquier otra parte del mundo, incluido el resto de la Península Ibérica. Algo que critican PP y Vox, pero que admiten encantados si en vez de catalanes se habla de extremeños. O de aragoneses.

Esa prioridad otorgada supone que en el mundo hay gente de dos tipos: nosotros (a rellenar por el interesado) y ellos (todos los demás).

Sólo los primeros tienen derechos plenos, incluidos los derechos humanos. Los otros son, se mire como se mire, humanos de segunda.

El siguiente paso es decir que no son humanos. Da miedo pensar en cuál pueda ser el paso siguiente. Porque un diputado de Vox ha dejado claro que para imponer sus normas no van a dudar en utilizar la violencia.