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Imágen de la República de Weimar

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Pensamiento

¿La guerra es un buen negocio?

"En la guerra entre EEUU e Israel contra Irán, todos los países directamente implicados salen perdiendo, al igual que la mayor parte de la economía mundial"

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Por regla general, las guerras son un mal negocio para los países implicados.

No obstante, sus repercusiones económicas dependen en gran medida de su duración y de si la contienda se libra en el propio territorio o en el de los adversarios.

En la segunda guerra mundial, entre otras naciones, Alemania, Rusia y Francia ilustran el primer caso. EEUU, en Corea, Vietnam, Irak o Irán, el segundo.

Cuando un conflicto bélico tiene lugar dentro de las fronteras de un país y se prolonga durante más de un año, los Estados involucrados sufren cuantiosas pérdidas de capital humano, la desaparición de numerosas empresas, la destrucción de infraestructuras y severas restricciones a la actividad económica.

En la mayoría de las ocasiones, las naciones derrotadas resultan más afectadas que las vencedoras, aunque ambas salen gravemente perjudicadas.

Tras el armisticio, los países participantes suelen tener una elevada inflación, una moneda desprestigiada y un excesivo nivel de deuda pública.

La primera es consecuencia de la escasez de bienes y de una política monetaria previa de carácter expansivo.

La segunda, de la limitada capacidad del banco central para mantener el valor de la divisa nacional.

La tercera, de la financiación de la guerra a través del endeudamiento exterior de la Administración.

En los años posteriores, la evolución económica de las naciones devastadas por la contienda difiere sustancialmente si terceros países les brindan ayuda, o si los vencedores imponen a los vencidos cuantiosas reparaciones de guerra.

Después de la finalización de la segunda guerra mundial, EEUU optó por la primera vía con los estados europeos que quedaron bajo su influencia política, incluidas Alemania Occidental e Italia, las dos principales naciones derrotadas en el Viejo Continente.

En primer lugar, mediante la creación del Plan Marshall. Entre 1948 y 1952, EEUU concedió a los citados estados subvenciones y préstamos por valor de 13.300 millones de dólares, un 0,9% del PIB del lustro y aproximadamente 180.000 millones de dólares actuales. Un capital destinado a aumentar la capacidad de producción de las naciones beneficiadas, pero no a satisfacer las necesidades cotidianas de una población que vivía en la pobreza.

En segundo, mediante el impulso de las tres primeras rondas del GATT, que facilitaron una reducción de los aranceles y un aumento del comercio internacional. Esta actuación favoreció las exportaciones de manufacturas europeas a EEUU, generó empleo industrial en el continente y contribuyó de forma decisiva al denominado “milagroeuropeo”.

Durante la primera guerra mundial, Alemania optó por financiar en mayor medida el aumento del gasto público mediante la emisión de moneda y el endeudamiento exterior que mediante el incremento de impuestos.

Después de su finalización, los vencedores le obligaron a realizar cuantiosos pagos, tanto monetarios como en especie, para compensar los daños causados.

Una vez concluida la guerra, la combinación de ambos factores situó al país germano ante un dilema: aumentar sustancialmente los impuestos en una nación empobrecida por la contienda, o recurrir a una política monetariamuyexpansiva para financiar temporalmente las reparaciones acordadas y hacer frente a los intereses de su deuda externa.

En 1923, la elección de la segunda alternativa desembocó en el colapso de la economía, debido a la aparición de una hiperinflación y al desplome del PIB.

El primer factor redujo considerablemente el poder adquisitivo de los ahorros invertidos en activos financieros y obligó a las empresas a pagar cada día a sus trabajadores, pues los comerciantes aumentaban diariamente el precio de sus productos. El segundo provocó la desaparición de numerosas empresas y un notable incremento de la tasa de desempleo.

Las repercusiones de la guerra, las cuantiosas reparaciones y la gran caída de la actividad en 1923 contribuyeron decisivamente a que el PIB de 1930 fuera similar al de 1913.

Por tanto, el país perdió diecisiete años. En la historia de Alemania, la hiperinflación de la República de Weimar no constituye un episodio más, sino uno muy recordado e influyente en las decisiones financieras de los hogares.

En buena medida, explica por qué la mayoría de los alemanes prefiere una inflación reducida a un elevado crecimiento económico.

En la actual guerra de Oriente Medio, Irán ha sido el país más perjudicado, ya que EEUU e Israel han destruido una parte significativa de sus infraestructuras y han dificultado la extracción y exportación de su petróleo y gas natural.

En menor medida, también se han visto afectadas otras naciones árabes de la región, debido a que el Estado persa ha bombardeado algunos de sus yacimientos, oleoductos y refinerías e impedido la circulación de buques por el estrecho de Ormuz.

Entre los afectados también se encontrarán EEUU e Israel. En primer lugar, por el aumento del gasto militar que repercutirá negativamente en su déficit público, su deuda externa y el tipo de interés de sus bonos.

En segundo, por el elevado encarecimiento de ambas materiasprimas que generará una mayor inflación, la pérdida de poder adquisitivo de los hogares, la disminución de los beneficios empresariales, un menor incremento del PIB y un aumento del desempleo.

En relación con los terceros países, habrá ganadores y perdedores, aunque los primeros serán muchos menos que los segundos.

Los principales beneficiados serán los exportadores netos de petróleo y gas natural, pues sus ingresos por exportaciones se dispararán ante el fuerte encarecimiento de ambas materias primas. Entre ellos figuran Noruega, Canadá, Brasil, México o Nigeria. También Rusia, si logra esquivar las sanciones.

Entre los segundos estarán las naciones importadoras netas de carburantes.

En primer lugar, por el incremento de sus importaciones. En segundo, debido a la negativa repercusión del aumento de los tipos de interés del banco central sobre la demanda interna. En tercero, por la disminución de sus exportaciones derivada del menor crecimiento del PIB mundial.

La magnitud del impacto económico dependerá del grado de dependencia de cada país de los combustibles fósiles, de las importaciones procedentes de Oriente Medio y de los efectos carestía y escasez.

El primero afectará a todas las naciones que deben abastecerse en el exterior de petróleo y gas natural.

El segundo, solo a algunas, si el cierre del estrecho de Ormuz al tránsito marítimo se prolonga en el tiempo.

En este último caso, con la finalidad de ahorrar combustible, los gobiernos pueden restringir la actividad económica durante uno o más días de la semana laboral. Inicialmente, en el sector público.

No obstante, si las reservas de crudo escasean, la medida probablemente se extienda a las empresas privadas. Si así sucede, la caídadel PIB será abrupta.

En definitiva, los políticos que inician una guerra para beneficiar económicamente a su país acaban perjudicando a sus ciudadanos.

En primer lugar, porque en numerosas ocasiones aumentan la inflación y la deudaexterna, a la vez que desciende la cotización de su divisa, especialmente si la contienda se prolonga.

En segundo, si inicialmente aumenta el PIB, no lo hace el bienestar de la población, pues el capital destinado a la compra de armamento no se dirige a financiar la sanidad, la educación, las pensiones o las infraestructuras.

En la guerra entre EEUU e Israel contra Irán, todos los países directamente implicados salen perdiendo, al igual que la mayor parte de la economía mundial.

Las ganancias de unos pocos (los exportadores de petróleo y gas natural) son mínimas en comparación con las pérdidas del resto (los importadores de ambas materias primas).

Por tanto, si la lógica económica impera, la contienda debería ser breve. Para que así suceda, solo hay un gran obstáculo: la racionalidad y Trump son incompatibles.