Un montaje del opinador Guillem Bota con una imagen de Eulàlia Reguant de fondo
La naturaleza fue generosa con Eulàlia Reguant
"Mientras hablaba de lucha obrera, de anarquía, de naciones oprimidas y del derecho a okupar viviendas, estaba discurriendo cómo aumentar el patrimonio familiar de 13 millones de euros y más de 30 propiedades inmobiliarias"
No hay como tener cara de lela para hacer fortuna sin que nadie te moleste, todo el mundo da por supuesto que no sabes ni atarte los zapatos sin ayuda, y tú tienes la vida resuelta mientras vas llamando a la lucha contra el capitalismo.
Quién iba a pensar que aquella chica de la CUP de mirada de orate y con evidentes dificultades cognitivas tenía detrás una millonaria fortuna familiar. Quién iba a pensar que, cuando Eulàlia Reguant clamaba contra el capital y contra los grandes tenedores inmobiliarios, se le escapaba la risa.
Cuando vemos una persona bella de verdad, o con inequívoco aspecto de ser inteligente, se suele decir que ha sido agraciada por la naturaleza. Es falso: el mejor regalo que puede hacerle a uno la naturaleza es otorgarle un semblante de no estar bien de la chaveta, esa es la mejor manera de que todo el mundo se confíe y de que nadie sospeche que uno —una, en este caso— es un jeta que se ríe de los votantes, de los seguidores, y no añado que del resto de dirigentes de la CUP porque son todos más o menos del mismo estilo, niños bien que juegan a ser revolucionarios hasta que les llega la hora de dirigir los negocios familiares.
En este sentido, la naturaleza fue generosa con Eulàlia Reguant, ya que la agració con unos ojos y una mirada de majareta que le han ido de maravilla en su carrera. Más que generosa, fue incluso desprendida y espléndida, puesto que le concedió a una sola persona los atributos que en justicia correspondería repartir entre una decena, de manera que fuese imposible que nadie imaginara que en aquella cabeza pudiese haber ni un mínimo de materia gris.
Bien es cierto que, no satisfecha con ese semblante tan adecuado para que ni un solo humano pensara de ella que era —valga la redundancia— capaz de pensar, lo cultivó y mejoró con un vestuario ad hoc para exagerar su aparente chaladura y con unas gafas que acentuasen aún más su aspecto de trastornada.
Hay que reconocerle el mérito, por tanto, de no contentarse con los dones que le venían dados de nacimiento y dedicar esfuerzo a fomentarlos, eso está muy bien, la mayoría se conforma con las gracias o desgracias que le vienen de cuna —y más si ya eran más que suficientes para pasar por boba—, pero solo unos pocos se afanan en mejorarlas, aunque sea empeorándolas, como es el caso. Eulàlia Reguant ha sabido sacar provecho de su semblante en la política, de igual forma que hace años hubo quienes lo sacaron en el deporte, haciéndose pasar por discapacitados intelectuales de la selección española de baloncesto en los Juegos Paralímpicos de Sídney.
La apariencia de alienada de Reguant destaca incluso entre todos los demás miembros de la CUP, que se dice pronto. Eso no está al alcance de cualquiera y la convertía en la persona perfecta para pasar por chiflada, labor para la que no escatimó esfuerzos, ya fuese desde la tribuna del Parlament o en cualquier rueda de prensa o entrevista.
En realidad, mientras hablaba de lucha obrera, de anarquía, de naciones oprimidas y del derecho a okupar viviendas, estaba discurriendo cómo aumentar el patrimonio familiar de 13 millones de euros y más de 30 propiedades inmobiliarias. Una diferencia tan gigantesca entre lo que alguien pregona y lo que realmente piensa, solo puede sostenerse sin levantar sospechas si existe una diferencia igual de inmensa entre la pinta de chalada que gasta y una inteligencia de primer nivel puesta al servicio del engaño. Y del dinero, claro, que una cosa lleva a la otra, por lo menos en política.