Josep Maria Cortés y el mazo de un juez
Las dos corrupciones
"A la vuelta de las vacaciones, el país se despelleja. Son los de siempre: las dos corrupciones de PP y PSOE sentadas en el banquillo de los acusados"
Todo acecha. La distancia entre la Audiencia Nacional de Plaza Castilla de Madrid y el Supremo de la Calle General Castaños es el callejón de los pasos perdidos. La primera mitiga a la Operación Kitchen del PP, mellada sin remedio por la instrucción de García Castellón. En la segunda, el Alto Tribunal se ocupa de la maquinaria corrupta de Ábalos, Koldo García y Aldama; mil lenguas de fuego les confundan.
Los prontuarios del bipartidismo balancean el mal rollo insufrible de la política española, bañada en la incapacidad estólida de Feijóo y limada por la distancia de Sánchez, el presidente de los 22 millones de españoles ocupados.
El domingo de Pascua, la Real Maestranza de Caballerías de Sevilla, en pleno ataque de desmemoria, recibió en oropel al emérito con una faena discreta de Morante, naturales curvos y remates justos.
En Barcelona, la tribu de Puigdemont es una halagadora justificación de intereses, el lado jocoso de la historia, mientras avanza la amenaza real de la Cataluña de la raza sin idea. La Orriols se come por los pies a Junts, que limita su falso mal de altura recuperando una mezcla de componendas y orfandad de la vieja CDC. El partidismo catalán minoritario es una simple astilla en el incendio planetario.
A pesar de las guerras, aquí se han llenado los aviones en Semana Santa, pero después de fiestas, las calles ahuyentan a la marabunta. Ya hemos empezado a gastar menos y el flamante PIB español pronto se resentirá. La demanda agregada vive de los pensionistas y de las clases salariales medias en decadencia. Mal augurio en pleno abismo de rencor en el que los boomers señalan la apatía de los Z, sin enterarse de que Putin trata de asentarse en la Europa del Este y con la crisis de Ormuz alcanzando el Mar Rojo.
Destruida Irán, “muerto el perro se acaba la rabia”, piensa el infausto homicida Netanyahu, sin salirse de su error histórico, denunciado incipientemente por las vanguardias en Israel. Los suyos dudan ya del carnicero de Gaza, mientras, en Estados Unidos, medio Pentágono trata de detener la mano asesina de Trump, como cuenta sin exageraciones el general Ballesteros, el exjefe de Seguridad español, un intelectual impecable de la geopolítica mundial.
Solo el paseo de Artemis II por la cara oculta de la Luna nos enciende el futuro. Y esperamos que la conquista del espacio no se convierta en una avanzadilla de la guerra, en el espacio.
En Madrid, las cámaras legislativas perrean en solitario, con el mundo dándoles la espalda, a base de multitudes de onanistas digitales carteando y cuarteando la realidad a su antojo, lejos de cualquier buenaventura.
El planeta ideológico de los que confunden el enunciado con la idea se descristianiza, en el buen sentido de la palabra cristiano. Hoy manda el crucifijo matón de la derecha dura alentado por un Espíritu Santo de falsa agua bendita y mantilla de alto peine.
A la vuelta de las vacaciones, el país se despelleja. Son los de siempre: las dos corrupciones de PP y PSOE sentadas en el banquillo de los acusados.