Toni Bolaño opina sobre la huelga de profesores
Profesores -y sindicatos- en su burbuja
"¿No sería ahora el momento de poner el contador a cero -con más de 2.000 millones y más de mil nuevos docentes en este curso- e iniciar un proceso negociador sin huelgas?"
Ha pasado la Semana Santa y hemos tenido normalidad absoluta en las aulas. Los profesores siempre dispuestos a blandir sus exigencias se han tomado su semana de vacaciones. Nada que ver con el resto de los mortales que han librado escasamente los días festivos.
Los maestros hicieron huelga durante toda una semana. Están en su derecho, solo faltaría. Dicen que llevan años sin un salario adecuado y con una escuela con un sinfín de problemas como “una inclusión que no funciona, una diversidad difícil de gestionar en aulas cada vez más complejas y con más inmigración, ratios altas, pérdida de autonomía docente y años de vaivenes legislativos sin sentido”, como escribía hace unos días Susana Quadrado en La Vanguardia.
Es cierto que los profesores asumen tareas que van más allá de lo estrictamente educativo. Pero, me pregunto ¿Ahora es el momento de montar este jaleo cuando el Gobierno de Salvador Illa es el primero que pone 2.000 millones encima de la mesa?
Creo, sinceramente que no. Primero, no me parece de recibo la estrategia de bloqueo de la vida ciudadana cortando vías de comunicación. Recuerda mucho lo vivido en el procés.
En aquellos días los problemas educativos ya estaban ahí pero la USTEC, la Intersindical o la CGT estaban en estas cosas y los problemas educativos no eran la prioridad. Se dedicaron al activismo y a cortar carreteras mientras que los gobiernos de turno no movieron un dedo por la situación en las aulas. Cortar la Ronda de Dalt con 70 personas me pareció un abuso.
Segundo. Seguramente lo propuesto por el Govern no es un punto y final sino un punto de partida. Se aumenta el salario un 65% -el resto de los mortales si tienen suerte un 5%-, se reducen los ratios y hay dotaciones presupuestarias para la inclusión o para las colonias, donde cobrarán 50 euros por pernoctación. Antes no veían un euro. Son ahora los terceros en escala salarial de toda España. Eran los últimos.
Tercero. 44.000 profesores rechazan el acuerdo de UGT y CCOO, dicen los huelguistas. Que se lo hagan mirar porque hay 129.000 docentes en pública y concertada. Hagan números ustedes mismos. La manifestación del día 20 tuvo una existencia máxima de 35.000 personas entre maestros, médicos, bomberos y payeses. O sea, más de la mitad del colectivo educativo no ve con malos ojos el paso dado por el gobierno. ¿No será que hay un objetivo político por parte de los sindicatos convocantes?
Cuarto. No he oído una palabra de los sindicatos ni una valoración de lo que sucedió en plena huelga cuando un equipo de Flaix FM se plantó en el Saló de l’Ensenyament y preguntó a los chavales por cuestiones básicas de cultura general. Las respuestas de muchachos y muchachas a punto de acabar la ESO, sonrojantes.
Montjuic separa España de Francia, Pedro Sánchez es el presidente de Catalunya aunque hay división de opiniones con Jaume Collboni. Cuando el locutor intenta ayudar poniendo el nombre de Salvador como pista, llega la extravagancia máxima con Espriu o Dalí. Risas para aburrir para situar el Baix Empordà en el sur de Catalunya, no tener ni p… idea de dónde está el Barcelonès o no saber lo que era una serralada, porque la entrevista era en catalán. ¿Los muy estresados maestros no tienen ninguna culpa en esta incultura?
Quinto. ¿No sería ahora el momento de poner el contador a cero -con más de 2.000 millones y más de mil nuevos docentes en este curso- e iniciar un proceso negociador sin huelgas y más huelgas que dejan a los chavales en un estercolero intelectual? ¿Cuántos días de huelga han dejado sin clase a los colegios e institutos catalanes este año? ¿Cuándo abandonarán la agitación callejera que jode la vida a miles de ciudadanos y afrontarán también su responsabilidad como profesionales?
Mientras se lo piensan díganles a sus alumnos que Salvador Illa es el presidente de todos los catalanes, el primero que piensa en el futuro educativo del país. Puigdemont y Torra estaban en otra cosa y les importaba un colín. Aragonés lo intentó y también se topó con unos sindicatos -y profesores- que viven en su burbuja. ¡Seguro que necesitaban estas vacaciones! El resto de los mortales tenemos suficiente con menos. No tenemos estrés, ya saben.