Una imagen del opinador José Antonio Bueno
Información privilegiada
"Las filtraciones y los comentarios son la chispa que hace prender el fuego en unos mercados que dan bandazos tremendos, amplificados además por máquinas que reaccionan ante cambios de tendencia"
Hubo un tiempo en el que usar información confidencial era una tentación para unos pocos actores del mercado, hacerlo estaba perseguido por la ley y quienes caían en la tentación eran una ínfima minoría.
Ahora vemos en diarios digitales con demasiada frecuencia las peleas que tienen lugar en el seno de consejos de administración, órganos que por su naturaleza deben mantener el secreto de sus deliberaciones, cuando no se publican tweets que hunden o impulsan cotizaciones.
El anuncio de Puig de sus conversaciones con Estée Lauder es un ejemplo de buen gobierno. Ante una filtración, se informa al supervisor del mercado que las conversaciones existen, pero que no hay nada cerrado. Así todos los inversores pueden actuar en igualdad de condiciones.
En las antípodas están los mensajes de Trump respecto a los avances de la guerra con Irán, y muy especialmente cuando se anuncian pasos hacia una solución pactada que hacen caer el precio del petróleo y subir las cotizaciones en bolsa. Ha pasado, al menos, dos veces, y la última con cifras de escándalo pues antes de modificar su ultimátum a la infraestructura energética iraní “alguien” compró futuros de petróleo y acciones ganando miles de millones de dólares.
Es verdad que tanto la intervención en Venezuela como el inicio de los bombardeos en Irán tuvieron lugar en fin de semana, con los mercados cerrados. Pero las declaraciones que apuntan a cambios de guion en el conflicto en Oriente medio no deberían ir acompañados de toma de posiciones de ventajistas cinco minutos antes de que realicen las publicaciones. La SEC, equivalente a nuestra CNMV, tiene que investigar seriamente quien está detrás de esos movimientos porque el escándalo es mayúsculo.
En bolsa operan varios tipos de inversores. Por un lado, inversores privados o institucionales que consideran que un valor puede darles una buena rentabilidad, sea por la evolución del precio de la acción, sea por la distribución de dividendos. Por otros inversores cortoplacistas que tratan de sacar rentabilidades por los movimientos de las acciones cada día. Y por otro los que usan la bolsa casi como una casa de apuestas, invirtiendo en productos complejos que poco tienen que ver con la realidad económica de una empresa.
Los futuros del petróleo, por ejemplo, nacen para estabilizar el precio de un elemento cuyo coste es muy relevante para una aerolínea. Iberia, por poner un ejemplo, quiere tener un precio más o menos fijo, pase lo que pase en el mercado, y por eso juega en el mercado de futuros. Pero para que eso sea posible otro actor del mercado tiene que ser su contraparte, asumiendo el riesgo que la aerolínea no quiere asumir, y alguno de esos actores son inversores tremendamente sofisticados. Así de una realidad económica saltamos a un mundo paralelo donde lo de menos es el origen de la necesidad.
La volatilidad de los mercados ahora es muy alta. Bolsas, petróleo, tipos de cambio, oro, criptomonedas, … cambian de valor con una velocidad pasmosa. Las filtraciones y los comentarios son la chispa que hace prender el fuego en unos mercados que dan bandazos tremendos, amplificados además por máquinas que reaccionan ante cambios de tendencia. En estos momentos unos pueden ganar mucho dinero y otros perderlo, porque no hay que olvidar que siempre es un juego de suma cero ya que un comprador necesita un vendedor, y viceversa.
Cuando uno de los actores tiene más información que el otro es como jugar al póker con las cartas marcadas y ahora la guerra con Irán está haciendo que proliferen las timbas.