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Yo, odio

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Pensamiento

Yo, odio

"Me importa un pito lo que diga el algoritmo y quienes lo manejan"

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El instinto de supervivencia que existe en cada ser vivo desde que nace hasta que muere es el responsable de que todos los que habitamos este mundo hayamos llegado hasta aquí. Y el odio, entendido como la alerta subconsciente contra lo que nos hace daño, es parte imprescindible del mismo. Tanto como lo es el placer que nos empuja a no querer morir.

Por ello, paso a reivindicar todas aquellas cosas que odio y que voy a seguir odiando porque me mantienen viva.

Odio a los feminicidas, a los violadores, a los pederastas y a los maltratadores en general tanto como el deleite que me produce cada vez que uno de ellos da con sus huesos en la cárcel.

Odio a los dictadores, a los tiranos y a los caciques, votados o no, que machacan a su gente sólo para alimentar su ego, tanto como disfruto ver sus caídas y derrocamientos.

Odio a los manipuladores y a los mentirosos, tanto como amo la libertad de expresión que permite que sean desenmascarados.

Odio a los académicos de pacotilla que inundan las universidades con su mediocridad, tanto como el placer que me generan las librepensadoras que no se amoldan a lo políticamente correcto según el poder.

Odio las enfermedades que matan y a quienes ponen trabas a que los que investigan para curarlas, así como a quienes hacen negocio con la salud, tanto como admiro a quienes ponen una moneda en las jarritas de las recolectas contra el cáncer.

Odio a quienes promueven la eutanasia como una solución disfrazada y barata a la falta de recursos intencionada para garantizar una vida digna, tanto como adoro a quienes se dejan su vida para cuidar a sus enfermos hasta el final.

Odio a los estúpidos, a los necios y a los imbéciles, pero a su vez los necesito para contraponerlos a la gente brillante, que me apasiona, que comparte su conocimiento y su sentido del humor y que logran que tengamos una vida más plena.

Odio a los padres ausentes que abandonan sus responsabilidades familiares tanto como me emocionan las madres luchadoras que logran sacar adelante la vida de toda su prole, contra todo y contra todos.

Odio tener a la gente que quiero muy lejos, ya sea por la distancia física o por la falta de tiempo de esta vida invivible que nos han montado, un odio tan grande como la alegría que me produce finalmente el momento en el que el universo conspira a mi favor para tenerlas cerca.

Odio que desprecien mis sentimientos odiadores mientras se encumbran los sentimientos de otros para permitirles mear en el váter donde yo ya no puedo mear tranquila, tanto como me fascinan las que con sus voces hacen que la tozuda realidad siempre se acabe imponiendo.

Yo odio, yo amo, y me importa un pito lo que diga el algoritmo y quienes lo manejan ya que odio desde lo sano que es odiar porque me hace escribir, de vez en cuando, cartas de amor tan bonitas como esta.