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Artículo de opinión de Javier Serrano Copete

Artículo de opinión de Javier Serrano Copete

Pensamiento

La parábola del cormorán

"Ante el ruido, los sesgos y las perturbaciones sólo hay y habrá una única, y más pacífica, garantía para nuestra convivencia: el Derecho"

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Una de las escasas ventajas de usar la Línea 1 de Cercanías (Rodalies) de Barcelona es poder ver el mar, si una multitud de compañeros usuarios no lo impide (lo cual parece ser un atavismo interiorizado con la propia acción de usar Renfe), observando el quehacer alimenticio de las aves marinas mediterráneas.

Cual si de un siervo de la noche se tratara, queriendo denunciar la entrada del Sol en los dominios de Selene, los cormoranes o “cuervos marinos” (antes escasos, ahora, cuasi diarios) alegran el trayecto al ornitólogo aficionado, dejando atrás toda connotación telúrica (a la que la mitología de diferentes países y culturas les han condenado por su negro vestir y, algo serpentiforme, figura).

Los cormoranes (sean grandes o moñudos, como los que frecuentan el puerto de Premià de Mar, o, incluso, la desembocadura del Besòs) son aves de forma singular y comportamientos pintorescos (siendo especialmente sugerente la aparatosa forma que tienen de secar sus plumas mojadas al Sol, extendiendo sus alas, como queriendo denunciar que no son criaturas de la noche).

En mi recuerdo individual, compartido con buena parte del colectivo, los cormoranes me recuerdan tiempos pasados, y guerras que ya tuvieron lugar.

Nacido en el 85, mis primeros recuerdos acerca de lo que es una guerra fueron las sanguinarias (y escasamente equiparables en crueldad y alevosía con cualesquiera de los conflictos cercanos posteriores) guerras de la antaño, cuasi modélica, Yugoslavia y…, por razones distintas, la Guerra del Golfo con los cormoranes y Marta Sánchez.

En la psique colectiva es común recordar al pobre cormorán bañado en petróleo por una marea negra producida por el bueno de Sadam. Utilizando la empatía ecologista y la evidente crueldad medioambiental del suceso, los medios dieron la imagen de una descarriada ave víctima de la barbarie iraquí… cual si fuera un cormorán de Socotra.

Esta especie, propia de según qué zonas del Golfo Pérsico y, desde luego, de la mágica y legendaria isla de Socotra (la morada del Ave Fénix o del Ave Roc de Simbad el Marino) parece ser que jamás frecuenta la zona donde se imputó tal tragedia durante esa época del año… y que EEUU, con la complicidad de sus medios de comunicación, realizó un burdo montaje con afán de sensibilizar a la población de sus petroleras intenciones. El ardid de la mentira intentó ayudar en la justificación de una lejana guerra.

En estos días, Javier Gomá ha denunciado la torpeza de EEUU en su visión imperial, a diferencia del Imperio Romano. Falto de complejidad, y manifiestamente rompedor de toda legitimidad jurídica o moral, la administración Trump está actuando globalmente, con un punto de vista muy local-nacional y unos intereses poco disimulados, sirviendo a unas directrices paradójicamente oscuras y, en ocasiones, manifiestas.

Al prosaico, y continuo, incumplimiento sionista de las resoluciones de Naciones Unidas (el último intento, de momento infructuoso, de establecer una suerte de gobernanza global con algo de derecho democrático cosmopolita) se le une el apoyo de una administración, con cara de agente de bullying, que está comprometiendo la seguridad internacional interviniendo de forma brutal, sin atender a normas y sí a disparos.

Cualquier intento legitimador de, antes o después fallidos, estados teocráticos está en las antípodas de mi pensamiento, considerando que toda religión debe estar lejos del poder político y que, ante el relativismo de lo woke y del buenismo cosmopolita, existen unas normas y valores, que han hecho progresar a la Humanidad en su conjunto, y que se plasman en unos Derechos Humanos universales y unas instituciones, que, aún flojas y violadas, siguen siendo de lo mejor que nuestra política global jamás haya soñado.

La multilateralidad está siendo atacada. Repartiéndose, aparentemente entre tres, nuestro planeta en común, la UE se ve empequeñecida por su falta de política exterior común, más cuando el Canciller de su más poderoso estado, es decir, Friedrich Merz, sucumbe a la ridiculez y la servidumbre (aterrorizado por las consecuencias de los vetos económicos estadounidenses a su industria del automóvil) ante Trump, sumándose a la crítica pública de una administración de un país europeo hermano (esa “España perdedora”, a la que EEUU debe, en parte, su historia e independencia).

La mentira nos hizo humanos, y es la base de toda negociación. Cualquier posicionamiento político esconde cientos de primas y reducirlo todo a juicios categóricos y taxativos es una simplificación, tan cómoda como superficial.

El posicionamiento “pacifista” de nuestro Gobierno es aparentemente loable en cuanto a acto de soberanía y de defensa del Derecho Internacional (si pudiere verse totalmente al margen de una debilidad parlamentaria, y de compromisos electorales), que nos posiciona como un estado valiente, conocedor de su posición histórica (como Italia reconoce sumándose, desde las antípodas ideológicas, a una misma postura).

Más allá de la operatividad de la misma y de si España, realmente, no puede no participar (como las maniobras en Chipre demuestran), el posicionamiento de nuestro Gobierno en esta ocasión es digno de celebrar por partes.

Si no fuere por la inconsistencia e incoherencia que ha cometido en otras cuestiones, o lo que es lo mismo, la postura oficial frente al Sáhara Occidental y la “traición” a Argelia (ahora que Qatar no puede suministrar gas por el conflicto o lo va a hacer con dificultades… y que la Administración Trump, con su gas licuado, nos amenaza con cortar el suministro).

A la falta de política exterior española coherente (véase la “foto de las Azores” o la desfachatez saharaui), desde los inicios de la democracia contemporánea nacional, se le une la debilidad, manifiesta, de la defensa, necesariamente común, europea.

Mientras las guerras y conflictos se multiplican y nuestra seguridad, de momento económica, se complica, hoy, como siempre, somos víctimas de aquello que nos hizo animales conscientes: la mentira.

Ante el ruido, los sesgos y las perturbaciones sólo hay y habrá una única, y más pacífica, garantía para nuestra convivencia: el Derecho. Ante todo, y en una época pesimista por necesidad, y con mil problemas patrios, seguiremos relajándonos viendo el torpe volar de los simpáticos, y siempre inspiradores, cormoranes.