Fotomontaje con Pedro Sánchez
El lado bueno de la historia
"El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. La historia es un manual de autoritarismo que es acogido con entusiasmo y acaba de la peor manera"
Las palabras de Susan Sarandon diciendo que Pedro Sánchez está en el lado correcto de la historia, en la ceremonia de los Goya, ha desatado una polémica en España y en el mundo.
Ahora no parece que esté de moda defender el derecho internacional, vapuleado por dos matones de taberna como Trump y Netanyahu, con amenazas a quién se niegue a someterse.
Es sonrojante ver cómo se arrodillan ante el nuevo imperialismo un sinfín de países. No se confundan, la guerra actual no es una guerra por la libertad, es una guerra por el poder que se impone por el menos democrático de los derechos: la fuerza bruta de las armas. La fuerza sustituye a la diplomacia y el autoritarismo a la democracia.
La historia no es nueva pero no aprendemos. Lo vivimos en Afganistán y en Irak. Antes en Vietnam y de nuevo en Ucrania. El derecho internacional fue pisoteado y la jauría de pelotas aplaude a rabiar. Ni siquiera se disimula como hizo Bush en su ataque a Irak.
Ahora se nos vende que es un ataque para restaurar la libertad en una dictadura islámica. ¿Y con quién? La oposición iraní no tiene ni líder y no está organizada. Reivindicar al Sha es solo una proclama. En Siria se acabó con el dictador Assad y ¿ahora no manda un nuevo dictador?
Si como dice Feijóo además del derecho internacional están los derechos humanos ya tarda Trump en atacar, por ejemplo, Emiratos, Qatar o Arabia Saudí. La guerra de Irak fue una tortura y Afganistán no digamos. La economía se resintió y la instauración de un nuevo régimen democrático ha sido un sonoro fracaso de Occidente.
También nos dijeron que no estábamos en el lado bueno de la historia cuando Aznar sacaba pecho mintiéndonos sobre las armas químicas. Por cierto, si China invade Taiwán en qué lado de la historia nos hemos de poner. ¿Cuál será el bueno?
En estos días han caído en mis manos unos ejemplares de la “Historia Ilustrada de la Revolución Española 1870-1931” publicados en Barcelona, por el editor Joaquín Gil, con la instauración de la II República. En ellos se repasa la historia de este país desde la instauración de Amadeo de Saboya hasta la coronación de Alfonso XIII.
Son, sin duda, un buen ejercicio para discernir quién estuvo en el lado correcto de la historia. La lectura es farragosa a la par que apasionante porque pone en cuestión la verdad oficial.
¿Estaban aquellos radicales, republicanos, socialistas y progresistas en el lado correcto de la historia? O por el contrario los ultracatólicos, monárquicos y conservadores que sustentaban un régimen sagrado que había llevado a España a la ruina? Ustedes deciden.
Uno de los momentos álgidos de estos textos es el juicio sumarísimo a Francesc Ferrer y Guàrdia, un peligroso enemigo del establishment político y eclesiástico. El crimen de Ferrer fue liderar la rebelión de la Semana Trágica dando armas a los sublevados aunque nadie pudo probarlo más allá de que fuera autor de algunos manifiestos.
La acusación de un tal Salvador Millet y de un tal Esteban Puigdemont --sin comentarios por los apellidos-- fueron claves para ajusticiarlo. No lo vieron cuando el Ayuntamiento de El Manou fue asaltado por los sublevados pero dijeron que les dijeron que al mando estaba Ferrer.
Acabó asesinado en Montjuic mientras los que enviaron a miles de chavales a una muerte segura en la guerra de África continuaron al frente de un país bendecidos por la Iglesia. ¿Quién estaba en el lado correcto de la historia?
No digamos de lo que pasó después. En 1936 un grupo de militares dio un golpe de estado contra la democracia. Hoy todavía hay quién elogia esa valentía que impidió el deterioro de España y que llevó a Franco bajo palio durante años.
Fueron los mismos que miraban embelesados al régimen nazi o a Mussolini, los que imponían la verdad con la fuerza bruta. Dijeron que ellos estaban en el lado correcto de la historia. No convencían pero imponían su verdad. Como en Vitoria. Aquel suceso ocurrió ahora hace 50 años. Cinco trabajadores fueron asesinados por la Policía Armada comandada por Fraga Iribarne. ¿Quién estaba en el lado correcto?
El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. La historia es un manual de autoritarismo que es acogido con entusiasmo y acaba de la peor manera.
Hoy los que aplauden la guerra de poder, que no de libertad, serán los primeros que se quejaran del desastre económico. Los mismos que no se acuerdan del genocidio de Gaza, del expolio de Cisjordania y que miran para otro lado tras el asesinato de más de cien niñas en Teherán.
Esta guerra es un nuevo triunfo del autoritarismo y del totalitarismo. Se justifican porque se enfrentan a otros autoritarios y totalitarios --de Rusia y de China no se habla of course-- pero la realidad es que con esta guerra solo pierde la libertad y la democracia.
El librepensamiento de Francesc Ferrer y Guàrdia ha vuelto a morir. Por eso aplaudo la postura del presidente Sánchez. Sin duda, oponerse a la barbarie totalitaria es estar en el lado bueno de la historia.
No a la guerra, y más cuando la comanda un descerebrado. Por cierto, no descarten que en este escenario tengamos en junio elecciones generales. La izquierda movilizada y el PP intentando salir del jardín donde se ha metido por sus propios errores.