Gonzalo Bernardos y una imagen aérea del barrio Eixample de Barcelona
Barcelona se pega un tiro en el pie: menos alojamiento y menos congresos
"El MWV podría peligrar en 2029 si, unos meses antes, Jaume Collboni elimina las viviendas de uso turístico (VUT) de la ciudad, pues la capital catalana no tendría la capacidad suficiente para alojar a todos los participantes"
En la semana actual, la principal noticia internacional es la guerra de EEUU e Israel contra Irán. No obstante, para una significativa parte de los barceloneses, el foco informativo se centra en la celebración del Mobile World Congress, una gran fuente de empleo temporal y de facturación para numerosas empresas.
En 2029, dicha feria podría peligrar si, unos meses antes, Jaume Collboni elimina las viviendas de uso turístico (VUT) de la ciudad, pues la capital catalana no tendría la capacidad suficiente para alojar a todos los participantes.
Desde una perspectiva económica, Barcelona es la ciudad que mayor rédito ha obtenido de la celebración de unos Juegos Olímpicos. Una rentabilidad que no estuvo ligada a la cuenta de resultados del evento, sino a su proyección mundial a medio y largo plazo. Por eso, después de más de tres décadas, sigue siendo el ejemplo a imitar por parte de las urbes que aspiran a organizar unas Olimpiadas y buscan mejorar de forma sustancial su prestigio global.
Las claves del éxito fueron muchas, pero la principal tuvo nombre propio: Pascual Maragall. Un alcalde capaz de conformar un equipo con tres grandes cualidades: ambición, visión de futuro y capacidad de gestión. En la década de los 80 del siglo pasado, en la Liga de las Ciudades, Barcelona estaba en Segunda División, con más opciones de bajar a Tercera que de ascender a Primera. El objetivo era convertirla en una ciudad que se clasificara cada año para la Champions League, una meta nada fácil para una urbe que no es capital de un Estado.
El alcalde fue capaz de anticipar la creciente importancia económica del turismo para las ciudades y los países. Una visión refrendada por los números: entre 1990 y 2025, dicha actividad ha pasado de representar el 3,5% al 10,5% del PIB mundial. Por ello, Maragall se propuso convertir a Barcelona en una marca turística de relevancia mundial, desestacionalizar la llegada de visitantes y aumentar no solo su número, sino también su calidad.
Para lograr dichos objetivos, la capital catalana debía ampliar la oferta de eventos multitudinarios dirigidos al gran público y, especialmente, los destinados a profesionales. Entre los primeros estaban los deportivos y culturales; entre los segundos, los congresos, ferias y convenciones internacionales. Estos últimos han generado con frecuencia una doble visita a la ciudad: la primera, por motivos laborales, realizada por un miembro de la familia; la segunda, posterior y de carácter vacacional, efectuada por él junto a su pareja e hijos.
En el turismo de negocios, cuya rentabilidad per cápita es más elevada que la proporcionada por el de ocio, la estrategia iniciada hace más de tres décadas ha sido un rotundo éxito. Así lo certifica el ranking ICCA, el más prestigioso del sector. En 2024, Barcelona era la ciudad del orbe donde los congresos generaron un mayor impacto económico directo (360 millones $), la segunda en organizar eventos de más de 1.000 asistentes y la cuarta si se consideran todos aquellos con un mínimo de 50 participantes.
En el próximo futuro, la capital catalana solo podrá conservar su posición de liderazgo en el turismo de grandes eventos profesionales si cumple tres requisitos fundamentales: una magnífica conectividad aérea, unas instalaciones modernas y una gran oferta de alojamiento.
La ampliación del aeropuerto de El Prat, consistente en el alargamiento de la tercera pista, el incremento de espacio de la terminal principal y la construcción de una satélite, permitirá incrementar el número de vuelos de larga distancia y facilitará el desplazamiento a Barcelona desde otros continentes.
La mejora de la conectividad de El Prat solo tiene sentido si la capital catalana dispone de la capacidad de alojamiento necesaria para absorber el flujo de turistas adicionales. Si ambas variables no crecen en paralelo, un acceso más fácil a la ciudad no la convertirá en un destino más competitivo. Si así sucede, la principal repercusión será un aumento de la presión sobre una oferta de hospedaje insuficiente, especialmente durante los eventos con mayor afluencia.
En el segundo semestre de 2026, la finalización de un nuevo pabellón en el recinto de Gran Vía de la Fira de Barcelona incrementará la superficie de exposición en un 25% (alrededor de 60.000 m2) y permitirá acoger a un mayor número de eventos en las mismas fechas. Una inversión a la que se sumarán las efectuadas por el sector privado para ampliar la oferta de espacios singulares destinados a eventos y galas paralelos a ferias, congresos y convenciones.
No obstante, en los próximos años la oferta de alojamiento disminuirá, si en noviembre de 2028 el alcalde Jaume Collboni no renueva ninguna licencia de VUT, tal y como ha reiterado en diversas ocasiones.
De ser así, según un informe de PwC, desaparecerán de la noche a la mañana 58.124 plazas de hospedaje, equivalente en términos porcentuales al 38,2% de la disponibilidad actual. Por tanto, la conclusión es clara: las VUT legales constituyen una parte relevante del colchón de capacidad de la ciudad. Si desaparecen, Barcelona corre el peligro de morir de éxito.
En 2029, una reducción de tal magnitud será imposible de compensar con el aumento de la oferta hotelera. En primer lugar, debido a las restricciones establecidas para la apertura de nuevos establecimientos en la capital catalana. En segundo, porque el número de plazas aportadas por los hoteles inaugurados en la periferia durante los tres próximos años no llegará ni al 5% de las perdidas tras la desaparición de las VUT.
Los organizadores de ferias, congresos y convenciones estarán descontentos con la decisión de Collboni porque los asistentes tendrán una peor experiencia en Barcelona y sus compañías pagarán más por ella. En primer lugar, porque a los participantes les resultará más difícil encontrar un alojamiento en la ciudad, al generar el alcalde de manera artificial un exceso de demanda en los hoteles.
En segundo, dicho exceso de demanda provocará un gasto adicional por parte de las empresas que hayan desplazado temporalmente a sus trabajadores a Barcelona, pues los hoteles aprovecharán la coyuntura creada por el alcalde y aumentarán sus precios. Indudablemente, lo harán con mayor intensidad en las fechas de celebración de las ferias con mayor afluencia, tales como el Mobile World Congress, Integrated Systems Europe o Alimentaria. Por tanto, los eventos más deseados y difíciles de retener serán los más perjudicados.
En tercero, algunos visitantes deberán conformarse con hospedarse en un hotel de categoría inferior a la deseada o en un municipio de la periferia. En las grandes ferias, no es ni mucho menos descartable que una parte de los asistentes se aloje a más de 50 km de Barcelona. De ser así, perderán un tiempo considerable en desplazamientos y, por tanto, dispondrán de menos horas tanto para el trabajo como para el ocio.
Por último, los asistentes verán reducida su capacidad de elección de alojamiento respecto a la situación actual. Aunque podrán optar entre distintos hoteles, les será imposible escoger entre uno de ellos y una VUT. Una restricción que no sentará nada bien a quienes no les gusta la impersonalidad de los establecimientos hoteleros, buscan un entorno más similar al de su hogar y desean cocinar su propia comida.
Dadas las distintas prestaciones ofrecidas por hoteles y VUT, una parte de los turistas considera que ambos tipos de alojamientos son complementarios. Por ello, eligen uno u otro en función del servicios que más valoran en cada momento. Incluso hay clientes que prefieren alojarse en los primeros establecimientos si la estancia dura uno, dos o tres días y en las segundas si se prolonga durante más tiempo.
En Barcelona, la prohibición de las VUT tendrá muchos perjudicados y escasos beneficiados. El PIB quedará afectado por la menor afluencia de turistas derivada de la reducción de la capacidad de alojamiento y del encarecimiento de los hoteles. Entres los primeros destacarán los propietarios de VUT, restaurantes y comercios, así como los trabajadores que perderán su empleo porque este dependía directa o indirectamente del gasto de los turistas que dejarán de visitar la ciudad.
La inmensa mayoría de los propietarios de las VUT no destinará sus inmuebles al arrendamiento convencional. En primer lugar, por la exigua rentabilidad obtenida derivada de la instauración de un control de alquileres en la ciudad. En segundo, porque el riesgo asumido es mayor que en el arriendo turístico, debido a la mayor probabilidad de impago de las rentas. Una parte de ellos las venderá y obtendrá una gran plusvalía; en cambio, otros recurrirán a los tribunales y mantendrán las viviendas vacías a la espera de una sentencia favorable. Por tanto, entre los beneficiados no estarán los inquilinos, a diferencia de lo que afirma el alcalde.
Los únicos favorecidos por la supresión de las VUT serán los propietarios y las empresas gestoras de los hoteles. Los primeros podrán percibir rentas más elevadas por el alquiler de sus inmuebles e incluso venderlos a un precio superior al actual, ya que el encarecimiento del alojamiento y una mayor tasa de ocupación permitirán a las segundas incrementar significativamente sus beneficios.
En definitiva, el boom turístico de Barcelona tiene un padre: Maragall. Su visión de futuro permitió que la ciudad no quedará gravemente afectada por la desaparición de una parte sustancial de la industria en su área metropolitana, pues, en la última década del siglo XX y la primera de la actual centuria, numerosas empresas instaladas en la capital catalana pasaron de prestar servicios a las compañías textiles y metalúrgicas a hacerlo a los turistas.
Maragall no solo mostró interés por atraer visitantes de ocio, sino también por captar turismo de negocios. Le importaba la cantidad y la calidad de los turistas. Por eso, el Ayuntamiento impulsó y financió numerosas campañas destinadas a proyectar la imagen de Barcelona como una gran ciudad de ferias, congresos y convenciones.ç
Después de más de tres décadas, según el prestigioso ranking ICCA, la capital catalana es una de las urbes que más eventos profesionales organiza y la que mayores ingresos directos obtiene de ellos. Un gran éxito que muchos de los políticos actuales no valoran en su justa medida, al fijarse más en la paja que en el grano del turismo.
Entre ellos está Collboni, actual alcalde de la ciudad y tataranieto político de Maragall, ya que ambos pertenecen al mismo partido: el PSC. Un dirigente que implícitamente pretende reducir la llegada de turistas a Barcelona, pues en noviembre de 2028 tiene previsto prohibir las VUT en la ciudad. Una decisión contraria a las normas de la Unión Europea (UE), tal y como específica el Reglamento 2024 / 1028
En dicha legislación, la UE reconoce que los Estados miembros pueden adoptar restricciones cuantitativas a las VUT, siempre que tales medidas sean necesarias y proporcionadas para proteger objetivos de interés general. No obstante, difícilmente puede calificarse de proporcionada una decisión que supondría retirar de un día para otro 58.124 plazas de alojamiento, el 38,2% de la oferta actual de Barcelona.
En el mercado de grandes eventos, la decisión de continuar en una ciudad o trasladarse a otra depende en gran medida de la satisfacción de los participantes. Una experiencia satisfactoria combina precios adecuados por los servicios utilizados y previsibilidad. Si desaparecen las VUT, la capital catalana no tendrá ninguna de las dos anteriores características.
A pesar de ello, si la prohibición de las VUT se materializa, los únicos beneficiados serán los propietarios de los hoteles y las compañías que los explotan. Habrá menos turistas de ocio y también de negocios, y no sería nada extraño que algunas de las grandes ferias emigraran a otras ciudades donde sus asistentes pudieran disfrutar de una mejor experiencia.
Los perjudicados seremos la mayoría de los barceloneses, y no solo los propietarios de las VUT, como muchos ciudadanos creen. Entre ellos se encuentran Juan y María, dos personas favorables a su supresión, que podrían perder su empleo debido a la disminución de la actividad económica de la ciudad. Una metrópoli donde el turismo es la principal fuente de ingresos.