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Un montaje con una foto de Guillem Bota sobre una imagen de la actriz Susan Sarandon de fondo

Un montaje con una foto de Guillem Bota sobre una imagen de la actriz Susan Sarandon de fondo CG

Pensamiento

El lado correcto de la historia, el incorrecto y el regular

"Esta misma mañana he escuchado cómo una madre reñía a su hijo en la parada del autobús, y en lugar de decirle que se portase bien, le ha instado a situarse en el lado correcto de la historia"

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Uno no sabía que la historia tuviese diversos lados, de hecho, no sabía que tuviera ni siquiera dos, porque uno pensaba que la historia no era más que una sucesión en línea de hechos pasados.

Se conoce que no, que la historia es como un dado y tiene unos cuantos lados, o eso se deduce de la manía que le ha entrado a la gente de ponerse en “el lado correcto de la historia”.

La última ha sido Susan Sarandon, que aprovechó su visita a Barcelona, donde debía recibir un premio Goya, para asegurar, toda convencida, que Pedro Sánchez, además de guapo, “se sitúa siempre en el lado correcto de la historia”. Sea eso lo que sea, pudo añadir, aunque no lo hizo.

Antes, cuando la gente hablaba normal, si estábamos de acuerdo con las palabras o con las acciones de otro, decíamos eso, que estábamos de acuerdo con él, o –si queríamos hacernos los interesantes– que compartíamos su punto de vista. Se conoce que ahora eso sabe a poco, no queda tan pomposo como merece, así que decimos que ese alguien está en el lado correcto de la historia.

La misma expresión sirve también como esperanza de futuro, así que, para indicar que esperamos que determinada persona actúe según nos gustaría, declaramos que deseamos que se sitúe en el lado correcto de la historia.

Habrá que adoptar la nueva expresión en nuestro día a día, si no queremos quedar como unos antiguos.

Ayer mismo, fui a comer de restaurante y, cuando el amable camarero me recitó los platos que tenían fuera de carta, no tuve más remedio que preguntarle cuál de ellos estaba en el lado correcto de la historia, si los pulpitos en su tinta con cebolla caramelizada, o el meloso de ternera con puré de boniato.

–No quisiera equivocarme y comer algo que esté en el lado incorrecto de la historia–, aclaré, ante la mirada extrañada que puso el joven, sin duda no habituado a la nueva expresión que ameniza nuestros días.

Al final me decanté por los pulpitos, deduje que no iban a ser menos que Pedro Sánchez y estarían junto a él, ahí, en el lado correcto de la historia.

No va a ser fácil la vida a partir de ahora. Antes de ir al cine, deberemos estar seguros de que vamos a ver una película que esté en el lado correcto de la historia. Lo mismo cuando queramos cambiar de coche: no podemos arriesgarnos a adquirir un modelo que se sitúe en el lado equivocado, seríamos el hazmerreír de todo el mundo.

En las relaciones personales es todavía más importante, y el clásico y ciertamente pasado de moda “¿estudias o trabajas?” ha de sustituirse por un mucho más interesante “¿y tú, guapa, en qué lado de la historia te sitúas, en el bueno o en el malo?”.

Sobra señalar que esa es también la pregunta que los padres —si son honrados y diligentes— deben hacer a los pretendientes de sus hijas cuando viene el novio a pedir la mano, suponiendo que esas cosas se sigan haciendo. Hay que evitar a toda costa un yerno en el lado nefando de la historia, porque una vez has caído ahí, no hay manera de pasarse al bueno.

Esta misma mañana he escuchado cómo una madre reñía a su hijo en la parada del autobús, y en lugar de decirle que se portase bien, le ha instado a situarse en el lado correcto de la historia. El niño ha asegurado que así lo haría, a estas horas ya debe de estar haciendo compañía a los pulpitos y a Pedro Sánchez.

La vida se ha hecho muy complicada, hasta para pedir la hora hemos de averiguar si las siete de la tarde están en el lado correcto de la historia o en el otro. Lo suyo sería que la historia tuviese más de dos lados, por lo menos tres, de manera que, cuando alguien nos pregunte en qué lado estamos, pudiésemos responder “en el regular”.