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Artículo de opinión de Francesc Arroyo

Artículo de opinión de Francesc Arroyo

Pensamiento

Mejor porras que pizarras

"Se quejan los maestros de lo poco que cobran. Comparativamente, claro. Su sueldo es menor que el de sus colegas en los países del entorno europeo y, en Cataluña, la nómina de un docente es inferior a la de un 'Mosso d’Esquadra'"

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Se quejan los maestros de lo poco que cobran. Comparativamente, claro. Su sueldo es menor que el de sus colegas en los países del entorno europeo y, en Cataluña, la nómina de un docente es inferior a la de un Mosso d’Esquadra.

Es seguro que los profesores que denuncian esta situación no pretenden que se rebaje la soldada a gente que lleva pistola y que se lo puede tomar a mal. Lo que piden es que, cuando menos, se les equipare.

Esta diferencia salarial no es cosa de ahora. Se originó en los tiempos de Jordi Pujol, quien seguramente prefería recompensar a quien le saludaba marcialmente que a un tipo que sabía cosas de utilidad dudosa.

Y es que la derecha siempre ha mirado con recelo a los educadores. Ya se sabe: un chaval aprende a leer y luego le da por pensar y señalar las injusticias.

Por el contrario: no domina la sintaxis y llega a presidir el PP o la Comunidad de Madrid. Una prueba inequívoca de la poca utilidad de las enseñanzas.

Cuando Jordi Pujol decidió que prefería basar la convivencia en la porra antes que en la pizarra estaba muy difundida en las aulas universitarias la idea de que hay al menos dos tipos de aparatos de Estado que buscan someter a la población: los represivos (policía, Ejército) y los ideológicos (enseñanza y medios de educación).

Si la educación cumple con su cometido de convencer a la mayoría de la gente de que siempre ha habido ricos y pobres y eso no va a cambiar, la represión física es menos necesaria.

Como algunos profesores son muy suyos y, a pesar de todo, enseñan a reflexionar, conviene que lo hagan en las peores condiciones posibles. De ahí la importancia de recortar en la enseñanza pública, a la que van los más pobres y, por lo tanto, los más proclives a detectar la desigualdad que sufren en carne propia.

En un sistema en el que, como en la España actual, las desigualdades se acrecientan, un elemento nivelador podría ser la enseñanza pública.

El ascensor social, que no corrige las diferencias de partida entre los hijos de familias ricas y los de las familias pobres, podría funcionar si los que tienen menos oportunidades por origen recibieran una buena formación que les abriera puertas en el mercado laboral.

Por eso la derecha da la espalda a la enseñanza pública.

Véanse los denodados esfuerzos de gobiernos de derechas (hoy, Díaz Ayuso, siguiendo los pasos de ayer de Esperanza Aguirre) para desmontar el sistema público de educación (universidad incluida) y entregarlo al sector privado. Especialmente, a la Iglesia católica.

El mensaje católico es el paradigma de la sumisión. Elogia la pobreza y denosta la riqueza, sin ver contradicción alguna en que los difusores de estas ideas (curas, abades, obispos, cardenales, papas) vistan riquísimos ropajes y beban el vino de la consagración en copas de oro.

Como es bien sabido, los pobres son bienaventurados e irán al reino de los cielos. Es decir, el pago, en diferido y si no hay más allá, aquí paz y después gloria.

La decisión de asignar un sueldo más alto a un policía que a un maestro es toda una declaración de prioridades. El policía, si conviene, puede reprimir también al docente, pero éste no puede meter ya en vereda al agente.

Y eso que hoy los cuerpos armados ya no se nutren, como en la posguerra y algo más, del fracaso escolar.

Probablemente, no sea una casualidad que, en paralelo a la proletarización de los profesores y al empeoramiento de sus condiciones de trabajo, la derecha no dude en reforzar, además de a las iglesias, al otro aparato ideológico: los medios de comunicación.

El dinero no es infinito, pero no hay una sola comunidad autónoma que no destine cantidades importantes a su cadena televisiva, con resultados informativos nada dudosos: el gobernante siempre es el mejor. Y sale más.

El asunto ya lo dejo claro Alberto Núñez Feijóo en su primer mensaje a Mazón el día de la DANA: hay que controlar el relato. Repetir una mentira hasta que suene a verdad.

Si a los docentes les da por estimular el espíritu crítico, se recurre a la policía. Y se impone la verdad a golpe de porra. Eso es algo que entiende todo el mundo. No hace falta ir a clase.