Ya lo decía Aristóteles, la virtud está en el centro, ni mucho, ni poco. Con la gestión de las calamidades, nuestros políticos no encuentran el punto: o no llegan o se pasan.

De la reacción tardía y descoordinada ante las inundaciones producidas por una gota fría en Valencia el año pasado, hemos pasado al exceso de prudencia, parando cientos de camiones, aunque no llegue a nevar, o colapsando un día toda Cataluña por unas cuantas horas de viento. Mucho, pero fundamentalmente en el área metropolitana de Barcelona, y sólo por unas horas.

No deja de ser curioso que ahora que a los políticos se les llena la boca con la emergencia climática, no hacen nada para prevenir: sólo se les ocurre confinarnos y asustarnos.

Dado que nos dicen que cada vez habrá más fenómenos meteorológicos extremos, lo que tienen que hacer es trabajar para prevenir, no parar la vida de los ciudadanos a golpe de estridente alarma.

El ser humano siempre se ha adaptado al entorno, por hostil que sea. En Minneapolis, la gente hace vida normal con temperaturas medias invernales por debajo de -10 grados, y picos de -20 o -30. En Riad la gente vive en agosto superando los 50 grados. En Ámsterdam llueve más de 200 días al año. No podemos acostumbrarnos a parar todo como la única solución.

Este año está lloviendo mucho, luego tendremos mucha vegetación en primavera que será combustible para los incendios. ¿Alguien hará un plan integral de limpieza de bosques? Es más probable que nieve en agosto a que se haga.

El auténtico caos que sufre el ferrocarril español, tanto en alta velocidad como en Cercanías, se debe sobre todo a un mantenimiento insuficiente. No tiene ninguna lógica haber pasado de anunciar el AVE a Madrid a 350 kilómetros por hora a que el viaje ya no dure dos horas y media, sino cuatro, cinco, seis o más, porque un trágico accidente nos ha hecho descubrir nuestras miserias.

Y ahora los maquinistas extreman el celo, y Adif no se atreve a llevarles la contraria, cuando antes los ignoraban. Y dicen que estaremos así hasta diciembre. De Cercanías, para qué hablar: es algo crónico, y los puntos en revisión de las vías son centenares, y creciendo. En paralelo, nos dicen que usemos el transporte público, un arcano inexistente.

Según el informe de la Asociación Española de la Carretera (AEC) de 2025, el 52% de las carreteras en España se encuentra en estado crítico o en mal estado, con más de 34.000 kilómetros que requieren reparaciones urgentes. Alcanzando, así, el peor registro en 40 años, debido a la falta de inversión.

Se estima en más de 13.000 millones la inversión necesaria para solucionar las deficiencias urgentes. El descontrol es tal que el talud que se derrumbó sobre un tren de Cercanías en Gelida durante días no se supo si era de la autopista o de Adif, lo que evidenció que nadie se ocupaba del necesario mantenimiento de su drenaje, causa última del derrumbe.

La situación de presas y embalses es aún peor. Y no hay una desgracia que implicaría cientos, si no miles, de víctimas porque la gran mayoría de presas se construyeron en una época en la que los ingenieros se curaban en salud y, tras hacer los cálculos, multiplicaban el resultado por un coeficiente de seguridad, por si acaso.

El Camp Nou se ha renovado, entre otras cosas, porque el cemento de su estructura presentaba problemas por mal envejecimiento. ¿Nadie piensa que el cemento de alguna presa puede presentar problemas? La mayoría de las instalaciones han superado los 50 años en los que se estimaba su vida útil, y no se ha invertido casi nada: unos 16 millones al año en lugar de los 500 que habría que invertir. Ahora la media de llenado supera el 90%, por lo que la presión en el fondo es máxima y las fuerzas de los desagües son tremendas.

Paseando tras el vendaval se podían observar palmas secas caídas de palmeras que hace años que no se han saneado. Muchos de los árboles dañados estaban enfermos, por edad o por el estrés hídrico de la última sequía. Cierto es que el suelo húmedo es mal compañero de un árbol azotado por el viento, pero el abandono de los jardines en tiempos de sequía no ha hecho ningún bien.

La meteorología no es una ciencia exacta, pero cada vez las previsiones son más ajustadas. Sorprende que las alertas de la Agencia Española de Meteorología para el 12 de enero eran más suaves y más acotadas en el tiempo y el espacio que las del Servicio Meteorológico de Cataluña (SMC). Protección Civil hace caso al SMC, por eso se pasó, algo, de frenada. Tanto, que se suspendió el servicio de Bicing o se hicieron cerrar gimnasios cubiertos o ir al teatro.

Pero más allá de excesos o carencias y de favorecer el absentismo corriendo los costes a cargo de las empresas, lo más importante es que, en lugar de extender el alarmismo, nos pongamos manos a la obra a mantener carreteras, trenes, y presas, a limpiar bosques, a podar árboles y, en definitiva, a pensar todos los días del año que las catástrofes, aunque no sabemos cuándo, seguro se van a producir y hemos de afrontarlas cada vez mejor preparados.

Los seres humanos nos diferenciamos bastante de los avestruces, no actuemos como ellos enterrando la cabeza.