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José Antonio Bueno opina sobre el 'show' de Bad Bunny en la Super Bowl y el fenómeno migratorio

José Antonio Bueno opina sobre el 'show' de Bad Bunny en la Super Bowl y el fenómeno migratorio Fotomontaje CG / CHARLES BAUS - CONTACTOPHOTO

Pensamiento

Reemplazo cultural

"El debate de nuestro futuro cultural no debería caer en la superficialidad de los partidos. Los de izquierda mantienen un buenismo que puede hacer colapsar el Estado del bienestar; y los de extrema derecha se apuntan a la xenofobia"

Publicada

A unos, porque les cae mal Donald Trump y sus políticas antiinmigración; y a otros, por ver un espectáculo de cultura hispanoamericana, todo en español, en el momento de máxima audiencia anual de los Estados Unidos.

Son multitud aquellos a quienes les pareció muy bien el espectáculo del cantante Bad Bunny en el medio tiempo de la SuperBowl. No ha sido el más visto de la historia, pero sí el cuarto, con 128 millones de espectadores.

No debe olvidarse que, hace tan solo una semana, el artista de Puerto Rico recibió seis premios Grammy: entre otros, el de mejor álbum del año.

La NFL no hace experimentos, porque ingresa diez millones por cada anuncio que emite. Además, su obsesión es crecer fuera de Estados Unidos. Y ahí, el puertorriqueño lo ha bordado, con más de 4.000 reproducciones en plataformas en un solo día, convirtiendo un espectáculo 100% norteamericano en un evento global.

Más allá de la calidad artística del espectáculo, 13 minutos llenos de ritmo, muy bien hilvanados y con derroche de medios, como suele ser habitual, es una buena excusa para reflexionar sobre un hecho que va a marcar, que está marcando este siglo: las corrientes migratorias.

¿Qué nos hubiese parecido un espectáculo 100% en árabe de una estrella de rap marroquí en el intermedio de una final de Copa Barça–Real Madrid? ¿Y en el concurso de Castellers de Tarragona?

Es verdad que hay una pequeña, gran diferencia, Estados Unidos es tierra de emigrantes, y tan inmigrantes son los de origen irlandés como los de origen hispano. Pero no es menos cierto que el castellano crece, y crece sin freno.

EEUU es el segundo país del mundo, detrás de México, con más hispanohablantes: cerca del 20% de su población. Y, tal y como sucede en Europa, la población recién llegada todavía conserva hábitos de países pobres y tiene muchos más hijos que los ya asentados, más preocupados por su educación y futuro laboral que en formar una familia, lo que hace que los hijos lleguen más tarde, si es que llegan.

Europa es un buen ejemplo, no el único. Francia y Reino Unido llevan ventaja al resto en cuanto a minorías de culturas diferentes que crecen sin parar. Pero España no les va a la zaga, debido al acelerón de los últimos años.

En 2025, ha habido alrededor de 120.000 nacimientos y más de 450.000 defunciones. Y, sin embargo, la población crece, porque la inmigración sube y sube. España ya se acerca a la parte alta de la media europea: un 20% de los ciudadanos no han nacido en el país. Y, dado el volumen de nuestra población, ya somos el tercer país por número de inmigrantes.

El futuro del catalán no está amenazado por el malvado Estado español, sino por una realidad demográfica. Mohamed está en el top 20 de los nombres en Cataluña en varias franjas de edad, superando ampliamente a nombres tradicionales como Arnau o Martí.

Andrés Felipe, el nombre más frecuente en la comunidad colombiana en Cataluña, escala posiciones, si bien es mucho menos llamativa la frecuencia de sus nombres por coincidir con los de origen castellano.

El debate de nuestro futuro cultural es muy serio y no debería caer en la superficialidad de los partidos. Los de izquierda mantienen un buenismo que puede hacer colapsar el Estado del bienestar; los de extrema derecha, se apuntan a la xenofobia; y el resto no sabe, no contesta. Si a eso le añadimos la desinformación, los bulos y la mala intención, nos sale un coctel bastante amargo.

Los flujos migratorios existen desde que el hombre es hombre. Los rigores climatológicos, las guerras, las hambrunas, hacen que la población se mueva. En Sao Paulo hay más de dos millones de descendientes de japoneses que se instalaron en Brasil debido a la hambruna de 1908. Hay siete millones de venezolanos en el exilio, más de seis millones de sirios, 12 de libaneses…

No estaría mal que Europa supiese qué es lo que quiere ser para poder actuar de manera coordinada, sea integrando, sea limitando. Pero lo que no se puede hacer es dejar que las cosas sucedan sin más, porque la bola de nieve no hace más que rodar y rodar. Y luego será demasiado tarde, si es que no lo es ahora.