Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal Europa Press
Abascal bate a Feijóo
"La política vive en el subsuelo y la desilusión se cierne bajo el cielo raso de los narradores de café, copa y ateneo popular"
¿Puede esclarecer los crímenes de ETA? Feijóo se lo pregunta al pobre Oskar Matute pensando que los tanques ya están en la calle; se le ha reblandecido el cacumen durante el penúltimo aguacero o le ha mellado el coco el interrogatorio de Rufián en la última sesión parlamentaria sobre la dana. No salimos del trabuco. Ante las grandes preguntas, el sujeto, sea quien sea, por definición es idiota “porque no existe más que en sí mismo” (Clement Rosset).
Lo de ETA, el joker en la baraja de la oposición, clama al cielo. ¿A qué viene? Es el código de barras del PP y, al oírlo, con las detonaciones de la Parabellum en la nuca de la memoria, uno no acaba de sentirse cómodo hasta que entra en el baptisterio de la Catedral para rezar a las ánimas del Carnaval o atraviesa amojamado el palco del Camp Nou en obras para ver a Lamine Yamal.
La política vive en el subsuelo y la desilusión se cierne bajo el cielo raso de los narradores de café, copa y ateneo popular. Así somos, en la España de cocineros y amanuenses; todavía hay más pan que tortas.
Abascal avanza y pronostica en el Ebro un futuro estólido para todos, menos los “no pasarán”. Tiene un toque a lo Elon Musk, el hechizado, con la diferencia de que este segundo vive en el espacio sideral y acaba de anunciar la fusión entre la empresa aeroespacial SpaceX y la startup xAI.
El hombre rico por antonomasia creará un motor de innovación integrado verticalmente, fuera de la Tierra, con IA, cohetes, internet espacial, comunicaciones directas a dispositivos móviles y la principal plataforma mundial de información en tiempo real; y “libertad de prensa”, añade el muy tuno.
Peleándose con Irene Montero, en el trapecio sin red, el astrofísico más pudiente que la propia NASA es una combinación de violencia, inteligencia e invención, una vertiente cómica de tonalidad trágica. Solo queda por decir que Dadá es idiota.
La imbecilidad pretenciosa gobierna los extremos: la izquierda española de las taifas frente a la derecha aeroespacial incomprobable, a menos que sea verdad lo de Musk. No olvidemos que el exasesor de la Casa Blanca despidió a decenas de miles de funcionarios en EEUU para reducir la carga pública y que, ahora, Washington se gasta la diferencia en el ICE.
Sometiéndonos a todos ante la frontera del espacio, Musk enardece el futuro sobre la tristeza del presente, obliterado por la Isla de los pedófilos de Epstein, caiga quien caiga, menos Trump.
Abascal encaja, por el lado MEGA, con el pelotón del Despacho Oval. Es un naranjo mecánico de Kubrick pegando testarazos con la punta de su bota a las latas desconchadas, que hay sobre las aceras. Señorea los territorios de Calahorra bañados por la sombra de “El Cid cabalga, con doce de los suyos”.
Se cree más guapo que cualquier conservador de cuello blanco; recuerda a los camisas pardas de Mussolini compartiendo baile con los camisas rojas, bajo entoldados, en la película de Bernardo Bertolucci, Novecento. El líder de Vox duerme lo suficiente y hace dieta. Abascal bate a Feijóo.