Sería poco profesional y faltaría al respeto que se merecen los familiares de las víctimas si expusiera argumentos técnicos de urgencia sin esperar a la información técnica contrastada sobre los accidentes ferroviarios acaecidos en estos días, con especial énfasis en el del tren de Rodalies de Catalunya en Gelida (Barcelona) la noche del 20 de enero de 2026.
Este accidente ha supuesto el fallecimiento de un maquinista en prácticas y 37 heridos tras colisionar el convoy de la línea R4 con un muro de contención que se derrumbó sobre las vías.
Sin embargo, sí me atrevo a hacer una serie de reflexiones basadas en mi experiencia profesional, muy vinculada al mundo ferroviario.
La situación de Rodalies refleja un problema estructural donde confluyen responsabilidades compartidas entre distintas administraciones —Estado, Generalitat, gestor de infraestructuras— sin una gobernanza clara, ni mecanismos eficaces de coordinación.
Esta fragmentación diluye responsabilidades y dificulta la planificación estratégica, generando una percepción ciudadana de abandono que va más allá de la mera falta de inversión.
Si bien el déficit histórico de inversiones en infraestructuras ferroviarias es innegable, el problema central no es solo cuánto se invierte, sino cómo se decide, ejecuta y supervisa esa inversión.
Rodalies necesita una gobernanza estable, profesionalizada y orientada a resultados, que priorice la fiabilidad del servicio y la experiencia del usuario por encima de lógicas administrativas o partidistas.
Rodalies se ha convertido en un instrumento recurrente de desgaste político, utilizado como arma arrojadiza entre administraciones, lo que sin duda impide debates técnicos serenos y bloquea soluciones estructurales, sustituidas por anuncios reactivos y de corto plazo.
La liberalización ferroviaria añadió un nuevo elemento de complejidad. En España, como en la mayoría de los países europeos, supuso la separación entre el gestor de infraestructuras y el operador.
Sin embargo, redes ferroviarias muy sólidas y prestigiosas, como las de Francia y Alemania, crearon holdings estatales que aseguran la coordinación entre el gestor de infraestructuras y el operador.
Lo que nos indica que modelos más integrados pueden facilitar una gestión operacional más ágil y coherente, especialmente en redes suburbanas densas, donde la coordinación institucional y administrativa es totalmente necesaria.
La falta de coordinación en ocasiones entre Adif (gestor de infraestructuras) y el operador Renfe no ha sido positiva para la gestión del sistema ferroviario español.
En este contexto, el futuro de Rodalies dependerá menos de reformas organizativas formales y más de la capacidad de articular un sistema de gobernanza cooperativa, estable y técnica, que blinde el servicio frente a la volatilidad política y sitúe la movilidad cotidiana de la ciudadanía como prioridad estratégica.
El debate sobre Rodalies se articula, en primer lugar, en torno al traspaso de la titularidad del servicio. Más allá del cambio formal de competencias, el reto real reside en asegurar que dicho traspaso se traduzca en una mejora tangible de la calidad, la fiabilidad y la rendición de cuentas.
Sin una definición clara de responsabilidades entre administraciones y operadores, el riesgo es reproducir los problemas existentes bajo una nueva arquitectura institucional.
Entrando en el tema de las recomendaciones, sería de gran utilidad la incorporación de la inteligencia artificial (IA) en la gestión del sistema.
Sin duda, la creación de la empresa mixta abre oportunidades relevantes para aplicarla en la planificación de horarios, el mantenimiento predictivo y la gestión de incidencias en tiempo real.
Sin embargo, su impacto dependerá menos de la tecnología en sí, que de su integración efectiva en los procesos operativos y en la capacidad de tomar decisiones útiles y factibles que mejoren la gestión operacional.
Apuntaremos algunas reflexiones a modo de recomendaciones. La percepción del servicio por parte de los usuarios sigue siendo uno de los principales déficits del sistema.
Retrasos recurrentes, interrupciones y una comunicación deficiente durante algunas incidencias, que erosionan la confianza y refuerzan una imagen de precariedad que no siempre se corresponde con el esfuerzo inversor realizado, pero sí con los resultados percibidos.
El análisis de retrasos, incidencias y accidentes muestra que muchos problemas no son episódicos, sino estructurales, vinculados al envejecimiento de infraestructuras, a cuellos de botella históricos y a una gobernanza fragmentada.
Esto exige pasar de una gestión reactiva a una cultura preventiva, basada en datos, mantenimiento avanzado y planificación a largo plazo.
Sin duda, la creación de la empresa mixta en enero de 2026 podría tener algunas ventajas potenciales: mayor proximidad al territorio y pudiendo incorporar una mayor flexibilidad operativa, clave para mejorar fiabilidad, absorber crecimientos de demanda y reducir el impacto de perturbaciones.
No obstante, también plantea riesgos, como la complejidad decisional, la posible duplicación de estructuras y la dilución de responsabilidades si no se definen con claridad los roles entre socios públicos.
En conjunto, entender Rodalies implica asumir que la solución no es solo organizativa ni tecnológica, sino fundamentalmente de gobernanza, confianza institucional y una información al usuario, ágil y transparente.
Solo así podrá superarse la brecha entre expectativas ciudadanas y resultados reales del sistema ferroviario metropolitano.
Para finalizar, considero insólita la medida tomada de paralizar la red de Rodalies. ¿Se ha tenido en cuenta las repercusiones y limitaciones a la movilidad de los ciudadanos (400.000 diarios)?
La paralización del tráfico ferroviario en toda la red argumentando motivos de "seguridad" siembra dudas sobre su funcionamiento y transmite un mensaje de pánico y desconfianza sobre el transporte público. La decisión parece diseñada por asesores de Vox…
