Pásate al MODO AHORRO
Representación de soberanía tecnológica

Representación de soberanía tecnológica

Pensamiento

Europa sí tiene capacidad para lograr la soberanía tecnológica

"Hay que reforzar propuestas orientadas a reducir las dependencias externas estratégicas; priorizar la producción y las compras locales; reorientar las ayudas públicas hacia proyectos que incrementen la productividad; impulsar un mix energético propio; y facilitar la recapitalización empresarial y el acceso al crédito productivo"

Publicada

Hace unos días, a raíz de mi artículo titulado Europa necesita recuperar su industria: no es un eslogan, es una necesidad estructural, con unos compañeros de la asociación El País de Demà organizamos un encuentro para debatir sobre la necesaria soberanía tecnológica y sobre el hecho de que la Unión Europea se encuentra en un momento decisivo.

La combinación de tensiones geopolíticas y su elevada dependencia tecnológica externa conforman una dualidad que ha puesto sobre la mesa una evidencia incuestionable: la soberanía tecnológica ya no es una opción, sino una necesidad estratégica.

El debate nos llevó a la conclusión de que, para alcanzarla, es imprescindible un cambio de enfoque en las políticas públicas. La prioridad debe situarse en impulsar la innovación, valorizar los avances científicos, focalizar la inversión en ámbitos estratégicos y estimular el crecimiento económico, asegurando que llegue efectivamente a las familias, para aumentar sus capacidades y autonomía y reducir la necesidad de apoyos externos y subvenciones, ya sean públicos o privados.

Este cambio de enfoque debe apoyarse en instrumentos adecuados y coherentes, tales como una política industrial activa, mecanismos de compra pública innovadora, instrumentos financieros orientados al escalado industrial y una utilización más estratégica de los fondos europeos.

Todo ello exige políticas orientadas a vertebrar y reforzar el sistema productivo, mediante una simbiosis real y estable entre la industria, los centros de investigación y las universidades. Solo así será posible poner en valor las capacidades existentes y apoyarse decididamente en la industria, el único sector capaz de transformar el progreso científico y tecnológico en PIB, empleo de calidad y bienestar social.

Un conjunto de actuaciones que debe orientarse, a la vez, a que la creación de empleo de calidad siga siendo la clave. Sin embargo, este objetivo solo será sostenible si se apoya en una doble palanca: por un lado, empresas competitivas, capaces de operar en un entorno global y tecnológicamente avanzado; por otro, autónomos y emprendedores, tanto aquellos que prestan servicios especializados como quienes aspiran a escalar proyectos industriales o tecnológicos.

En este sentido, la soberanía tecnológica debe incorporar también una clara dimensión social, orientada a reducir desigualdades, mejorar la cohesión territorial y garantizar que los beneficios del progreso tecnológico se traduzcan en oportunidades reales para el conjunto de la ciudadanía, potenciando el progreso socioeconómico.

Europa y regiones de la Unión con una sólida tradición industrial como Cataluña no parten de cero. Existe una base empresarial resiliente, un ecosistema científico-tecnológico de primer nivel, universidades, centros de investigación de alta calidad y una experiencia acumulada que no puede ser ignorada.

La soberanía tecnológica se construye aprovechando lo que ya funciona, aprendiendo de los aciertos y los errores, y escuchando a empresarios, directivos e industriales que conocen bien los problemas. Todo ello exige, además, repensar los criterios de elaboración presupuestaria, evitando seguir aplicando esquemas que fueron adecuados en el pasado, pero que ya no responden a los retos actuales.

Lograr la soberanía tecnológica requiere personas formadas, empresas fuertes y un mercado que incentive innovar y producir en Europa. Por ello, en el actual contexto de incertidumbre geopolítica, transformación de los mercados y de las alianzas internacionales, y de riesgos que incrementan la fragilidad económica en un marco de creciente desafección social, es necesario actuar.

Hay que reforzar propuestas orientadas a reducir las dependencias externas estratégicas (energía, tecnología, productos críticos); priorizar la producción y las compras locales y europeas; reorientar las ayudas públicas hacia proyectos que incrementen la productividad, la competitividad y el capital humano; impulsar un mix energético propio, sostenible y seguro; y facilitar la recapitalización empresarial y el acceso al crédito productivo.

Todo ello debe hacerse asumiendo, es preciso insistir en ello, que resulta imprescindible acercar la investigación y la universidad al tejido productivo, valorar la transferencia de conocimiento, promover capital riesgo especializado y reforzar una cultura emprendedora industrial, especialmente en sectores intensivos en conocimiento como la digitalización, la inteligencia artificial, la robótica, la energía o los semiconductores.

Europa se encuentra ante una encrucijada, pero también ante una oportunidad histórica. Existen capacidad, recursos, talento y soluciones para avanzar hacia la soberanía tecnológica. Para lograrlo, es necesario asumir, como afirmaba Albert Einstein: "No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo".

Ello requiere, además, una gobernanza europea más coordinada y eficaz, capaz de alinear políticas industriales, tecnológicas, energéticas y sociales, reducir la fragmentación regulatoria y garantizar una visión estratégica compartida que permita desplegar todo el potencial productivo y tecnológico del continente.