Con el Palacio Real convertido en museo y los españoles asentados en su resignada rutina, solo se mantiene un eco lejano del toque de trompetas.

La clase política acompaña el luto de la Alta Velocidad, con una primera fila de Pedro Sánchez y Moreno Bonilla recibiendo a la Corona. Las grandes catástrofes nos unen por fin; el fuego nacional resiste y Felipe VI no quiere más inquisiciones, después del drama de Valencia.

Mientras la unidad institucional se levanta a costa del desamparo, camino de Córdoba se oye el sonido de las cancelas automáticas del AVE y, en los cruces, los monumentos quedan cubiertos por el crepúsculo invernal.   

Es la hora de la derecha. El conservadurismo moderado es ya la última trinchera ante el ímpetu de los que destruyen la democracia.

Dado que la izquierda ha dejado de ser hegemónica en las bases del sistema europeo, le corresponde a su contrincante recuperar el terreno perdido, como ha dado a entender el mismísimo Atlantic Council, el think tank de la OTAN, en plena crisis de Groenlandia, confirmando que el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, no es tan bobo como parece.

La mirada del eje Berlín-París ha de batir al eje Washington-Budapest; o, dicho de otro modo, al canciller alemán, Merz, y al presidente francés, Macron, les corresponde hacer frente a los partidos patrióticos, como AfD, Hermanos de Italia, Vox o Manfred Weber, el discutido líder del PP Europeo.

Todo ello, a la espera de lo que ocurra en Portugal --el socialista António José Seguro aventaja al líder ultra de Chega, André Ventura, ante la segunda vuelta, el 8 de febrero--, y con el caso de Hungría en el alero, donde el centrado Peter Magyar supera en los sondeos al ultra Orbán.

Y esperando, claro, la reacción imposible de Feijóo, un político más votado por su casilla que por su discurso; un aventajado de la alianza ya definitiva, que propone siempre Weber, entre la derecha y la extrema derecha.

La acción y reacción de la Casa Blanca encontró en Europa una salida digna durante la pos guerra mundial, cuando la Democracia Cristina italiana de Alcide De Gasperi y la CDU alemana de Adenauer optaron por la vía del pacto amplio.

La civilización creció en humanidad cuando Madrid era un oscuro camino de jardines y gatos pegados a la madreselva o al jazmín.

Hace tiempo que retrocedemos en derechos y perdemos manantiales cubiertos de maleza. Hay un punto en la calle del Turco, cerca de donde mataron a Prim, en el que las entradas no tienen pretil para los mayores.

Y vuelven los presagios del milenio: es la hora de la derecha, cuando la izquierda pierde su encanto. Con los sondeos inclinando la balanza de la mayoría absoluta PP-Vox, más allá de la pírrica victoria de la lista más votada del PSOE, por parte del CIS de José Félix Tezanos, el cuñau de Pedro Sánchez.

Hace siglos que Vasco de Gama descubrió la ruta de la India y ahora Trump descubre la ruta del Ártico. Nos costará dinero y vidas humanas; éste sí es el presagio del milenio.