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El presidente de EEUU, Donald Trump

El presidente de EEUU, Donald Trump Europa Press

Pensamiento

Inmorales

"¿Quién pone el límite a lo que está permitido si no lo hacen ni la ley ni la moralidad?"

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Isabel Díaz Ayuso se halla, como es sabido, en pecado mortal, ya que convive con un varón y, dado que ha tenido abortos espontáneos, parece que hace uso del matrimonio sin derecho canónico por medio. Es decir, falta cada vez que le parece al sexto mandamiento de lo que la Iglesia Católica llama la ley de Dios.

Desde una perspectiva ajena a la moral cristiana, su comportamiento es totalmente irrelevante y allá se las componga. Pero ella se dice católica, de modo que algo falla. O su palabra o su conducta.

Cosa distinta es la actitud de los obispos, que la han recibido repetidamente en la Iglesia e incluso acompañado a visitar a su Papa.

La Iglesia perdona mucho, pero exige arrepentimiento y propósito de enmienda. Ninguno de los dos se aprecia en la presidenta madrileña.

Llama la atención la condescendencia obispal, en contraste con la intransigencia mostrada ante divorciados a los que se ha negado participar en la comunión (a ellos e incluso a sus hijos) así como los anatemas respecto a conductas que pueden ser pecado, pero en modo alguno delictivas y menos aún inmorales. Sin ir más lejos, la homosexualidad o el control de natalidad.

O la petición de elecciones anticipadas, asunto para el que no hay instrucciones precisas en los evangelios.

¿Hipocresía?, ¿doble moral?, o ¿inmoralidad sin más?

Si no hay valores morales, todo está permitido. También mentir, como hizo Miguel Ángel Rodríguez, sin consecuencias. Para el PP mentir no es ilegal, que sea inmoral carece de importancia.

Y si se quiere otro mentirosillo: Jaime De los Santos, diputado popular, que dice que votó a Aznar en 1996, cuando aún no había cumplido los 18 años. ¿Miente o votó de forma fraudulenta? ¿Ganó Aznar con pucherazo?

Kant sostenía que la mentira era inaceptable por inmoral. El criterio que utilizaba para establecer la moralidad es conocido: que la norma seguida por quien actúa pueda convertirse en norma universal.

¿Se podría vivir en una sociedad donde todos mintieran?

Ya Epiménides mostró que la mentira universal lleva a la paradoja. Si un cretense dice que todos los cretenses mienten, es imposible saber si tiene razón o no.

Pero el problema de la inmoralidad va más allá de la mentira.

Trump ha ordenado matar a más de un centenar de personas que viajaban en barca con el pretexto de que llevaban droga. ¿La llevaban? Y si la llevaban, ¿tiene Trump derecho a aplicar la pena de muerte sin condena judicial? Si es así, ¿hay restricciones al derecho a matar?

En Gaza ya se ha visto que no, con tal de que quien mata sea israelí. Ni siquiera hace falta que sea soldado, puede ser un colono armado.

¿Es moral o es inmoral? ¿Importa la moralidad realmente o todo depende de si se tiene la fuerza suficiente como para imponer la propia voluntad?

Vladímir Putin impone su voluntad a sangre y fuego en una zona que hasta hace poco era de Ucrania.

Hace algunos años el añorado Hans Magnus Enzensberger agrupó un conjunto de reportajes bajo el título genérico de Política y delito. La tesis era relativamente sencilla: si ganas eres un político, pero te conviertes en delincuente si pierdes. Entre los casos citados, Leónidas Trujillo y Al Capone.

Ahora bien, si estás en el lado oscuro de la historia, es decir, entre los que no tienen el poder real, entonces tienes muchas más posibilidades de ser considerado un inmoral e incluso un delincuente y ser perseguido por los jueces.

Unos jueces que, en la medida en que son impunes, se pueden permitir cualquier cosa. Moral o inmoral. Por ejemplo, ser juez en un juicio en el que una de las partes es un amigo, como en el tribunal que ha condenado al que era fiscal general, donde había un magistrado amigo de un abogado de la acusación.

Como dice Trump, cuyo sentido moral es claramente amoral, son cosas que pasan. Hoy se dicta una sentencia y otro día se descuartiza a un opositor. ¿Quién pone el límite a lo que está permitido si no lo hacen ni la ley ni la moralidad?

Entre los papeles de Emilio Alonso Manglano, que fue jefe del CESID, hay una anotación sobre la compra de un par de jueces (también sobre favores a periodistas).

¿Es curioso que el Consejo Superior del Poder Judicial no se haya interesado por el asunto? O, quizás más triste, ¿nos hemos acostumbrado a que no sea curioso en modo alguno?