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Un montaje del opinador Manuel Gómez Acosta con una imagen de Feijóo de fondo

Un montaje del opinador Manuel Gómez Acosta con una imagen de Feijóo de fondo Fotomontaje de Crónica Global

Pensamiento

Feijóo y el PP perdidos en el escenario internacional

"El PP español se comporta con una desconcertante ambigüedad, incapaces de ubicarse con claridad, sin entender lo que está sucediendo en el mundo y sin ofrecer una alternativa viable a la crisis de las derechas liberales"

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La obsesión enfermiza del líder del PP por eliminar, “por lo civil o por lo militar”, a Pedro Sánchez y a su gobierno ha terminado por nublar su capacidad de análisis. Núñez Feijóo ha convertido la política exterior en un mero instrumento de desgaste interno del gobierno de coalición, sin estrategia propia, sin visión europea y carente de sentido de Estado. Una nube obsesiva le impide ver qué está ocurriendo realmente en el mundo: una transformación profunda del orden internacional, el cuestionamiento de las democracias liberales y la redefinición de las alianzas estratégicas de la UE.

Un PP sumido en el desconcierto y perdido en las procelosas aguas de la política exterior no ha entendido lo que está pasando en el escenario internacional. Le cuesta asumir que el objetivo y la estrategia de Trump es sustituir al PP por VOX como aliado que le preste vasallaje. Aunque Abascal sea hoy el hombre de Trump en España, Ayuso no renuncia a ese “honor”; su visita a Javier Milei y su motosierra es un claro intento de mantener el contacto con sus amigos “trumpistas” de Miami. Al mismo tiempo el presidente e ideólogo de la FAES, JM Aznar, ha manifestado su malestar e incluso a llegado a señalar que hay rasgos de “colonialismo” en la política actual de la Administración de los EEUU. El desconcierto es total y manifiesto en las filas populares.

El futuro de Feijoo en el PP es cada vez más incierto es muy difícil conocer cuál es su posición actual en relación con la nueva estrategia agresiva del “trumpismo”, que ha dejado de considerar a la UE como socio y aliada. Al final en la sede social del PP, en la calle Génova, terminarán añorando a Maduro,"con el dictador venezolano vivían mejor”. La liberación de presos políticos en Venezuela en la que ha participado Rodríguez Zapatero no es una buena noticia para el PP.

Mientras la derecha liberal y democrática europea, aquella que defendió el europeísmo, el multilateralismo y el respeto al derecho internacional, está siendo arrinconada por una corriente “trumpista” que desprecia las instituciones, y sustituye la razón por el dogmatismo y el populismo identitario. Esta nueva derecha populista aspira a someter a la UE a una lógica autoritaria, iliberal y antieuropeísta. El PP español se comporta con una desconcertante ambigüedad, incapaces de ubicarse con claridad, sin entender lo que está sucediendo en el mundo y sin ofrecer una alternativa viable a la crisis de las derechas liberales. Madrid DF está perdiendo la oportunidad de influir y utilizar sus contactos empresariales en Caracas.

La estrategia” trumpista” – que ya ha marcado un rumbo preocupante en la política norteamericana –, pretende instalarse en Europa a través de una red de gobiernos y fuerzas “patrióticas” que cuestionan la integración europea, debilitan el Estado de Derecho y erosionan los consensos básicos sobre derechos, seguridad y convivencia democrática. El reemplazo del derecho internacional por la ley de la fuerza, explicitado en la llamada “Nueva Doctrina de Seguridad Nacional” aprobada por la administración “trumpista”, supone un retroceso histórico que algunos sectores conservadores europeos asumen con inquietante docilidad.

En este contexto, la gran pregunta es si la Unión Europea será capaz de superar su complejo de inferioridad, su dependencia estratégica respecto a Estados Unidos y su parálisis para reaccionar a tiempo y defender una posición común. ¿Podrá la UE desarrollar una auténtica autonomía estratégica, que incluya una defensa común y una política exterior cohesionada, sin renunciar a su proyecto democrático y social? ¿Podrán fortalecerse las fuerzas progresistas europeas, que defiendan con fuerza y vehemencia la democracia y los intereses de las clases populares? Ante la actitud del emperador Trump, la UE no debe renunciar al multilateralismo, la vuelta al derecho internacional y el fortalecimiento de las instituciones supranacionales. La respuesta no es solo política, sino que también debería desarrollar una pedagogía que ayudara a explicarla y entenderla.

La amenaza Trump de apropiarse de Groenlandia, lo que supondría atacar a un país de la OTAN y de la UE nos obliga a replantearnos la estrategia mantenida durante décadas. La UE había confiado su seguridad al paraguas de la OTAN y al liderazgo de EEUU, todo esto ha cambiado en pocas semanas. La UE no es consciente de su propia fuerza, es una de las mayores potencias económicas del mundo y actor tecnológico de primer orden en ámbitos como la industria, la energía, las telecomunicaciones o la transición ecológica. Sin embargo, esta realidad contrasta con una debilidad persistente: su limitada capacidad para decidir y actuar de forma conjunta y autónoma en materia de seguridad y defensa.

La ciudadanía europea debe comprender que invertir en defensa no equivale a militarismo. En la actualidad es condición necesaria para preservar la paz, proteger y defender nuestras democracias, el Estado social del bienestar, las libertades y evitar convertirnos en un protectorado de potencias ajenas. Europa necesita liderazgo, claridad estratégica y valentía política. España necesita una oposición que esté a la altura de este desafío histórico, no un PP incapaz de mirar más allá de su ombligo y de la coyuntura partidista, atrapado en su guerra doméstica contra el Gobierno.