La caja de muñecas es un cajón cerrado, de unos sesenta centímetros de ancho por un metro de alto, aproximadamente, donde se mete durante días a las personas detenidas en Venezuela y que van a parar a cualesquiera de los centros de tortura con los que la dictadura “chavista bolivariana revolucionaria” se ha mantenido viva durante casi treinta años.
Entenderán ustedes, las personas de bien, que no hay derecho nacional, internacional ni intergaláctico que haya sido creado para defender tal cosa, por mucho tertuliano bien pagado que repita como un loro lo contrario.
Además de torturando y asesinando gente, la dictadura chavista de Venezuela ha sobrevivido apuntándose al márketing a través de la instalación y financiación de franquicias en muchos otros países. Siempre hay seres abyectos dispuestos a jugar a lo que sea con tal de hacerse más ricos y tener una parcelita de poder.
Normalmente, son personas minúsculas, con nulo talento para nada y profundamente resentidas con el mundo en general y con quienes les reflejan todo lo malo que son en particular y lo bueno a lo que nunca llegarán, porque son mala gente.
Esa disposición de subsedes, generosamente regadas con el dinero del petróleo que ahora tanto les preocupa a los que llevaban viviendo de él la última década y al que otorgan más derecho que a las personas, se ha extendido por todo el mundo. Y esa es una de las razones por las que todos tenemos la sensación últimamente de que el mundo se estaba yendo al carajo.
Y no estábamos equivocados. Nuestra intuición no falla. El mundo realmente se estaba yendo al carajo porque seres infectos estaban siendo pagados para colonizar toda la política mundial y sus instituciones, con dos objetivos: el inmediato, matar a la izquierda y la socialdemocracia de por vida y que no vuelva a levantar cabeza jamás.
Esto lo sé bien porque con el feminismo hicieron lo mismo, metiendo caballos de Troya desde Podemos y cercanías, como la propia Montero, Vicky Rosell, la famosa Pam, o la personita aquella, tal Duval, que estuvo a punto de hacerse con un ministerio y de quien ahora no se acuerdan ni en su casa…
Identificar el feminismo con esos desastres ha sido clave para intentar neutralizarlo. Pues con la izquierda han hecho igual.
Y el segundo objetivo de estas huestes es, sin duda, matar la democracia y que no quede ni un pensamiento libre en ningún lugar.
Y todo esto lo ha hecho gente en todas partes, diciendo y haciendo absolutas locuras, envueltos en la bandera de la “progresía” y aplicando la censura de lo woke.
Gentes que se han colado en todos los parlamentos, de todas partes, a defender lo indefendible, como el islamismo, la agenda 2030, la prostitución, incluso rozando la defensa de la pedofilia a veces, la compraventa de seres humanos, y así una lista interminable de sinrazones, hasta llegar al clímax de la miseria moral, que es alzar la bandera del derecho y la justicia para defender al dictador Nicolás Maduro. Y todo para degradar las instituciones hasta que ya no signifiquen nada.
Ya que estamos, sobre derecho internacional, les voy a comentar que hace mucho tiempo que la nula defensa y aplicación que hace del derecho internacional Europa es la total y absoluta culpable de que hoy el derecho internacional esté totalmente denostado.
¿Dónde está Europa defendiendo el derecho internacional y los derechos humanos de las afganas? ¿O dónde está Europa pidiendo explicaciones sobre los derechos humanos en Nicaragua, en Marruecos, en Irán o los Emiratos Árabes?
Yo aún recuerdo al periodista Khashoggi. Se nos ha roto el derecho de no usarlo. A mí, lo que haga Donald Trump me preocupa mucho menos que todo lo que puede hacer la Unión Europea y no hace.
Pero eso también tiene mucho que ver con tener las instituciones trufadas de antidemócratas neocomunistoides amamantados por el narcotráfico y las dictaduras iraní, venezolana y, por supuesto, rusa, que se encargan de bloquear cualquier decisión en el sentido de proteger los derechos humanos más básicos de cualquiera.
Y también con la ultraderecha, que con su silencio complaciente no hace más que confirmar que se siente a gusto con cualquier régimen totalitario y dictatorial.
Y que quede constancia de que mientras usted lee este artículo, hay personas metidas en cajas de muñecas. Y personas encargadas de decir que eso no está mal.
