El presidente de Junts, Carles Puigdemont
Junts o el perro del hortelano
"Todas las reformas del sistema de financiación autonómica aprobadas hasta ahora han sido positivas para Cataluña, sin excepción"
Junts vuelve a ejercer de perro del hortelano. Ante la posibilidad de un nuevo modelo de financiación que aportaría entre 4.000 y 5.000 millones adicionales a la Generalitat, según fuentes del Gobierno español, la respuesta es negarse en redondo. No porque el resultado sea malo para Cataluña, sino porque no es exclusivo, no es rupturista y, sobre todo, orilla el discurso del agravio.
La lógica es conocida. Todo lo que no sea excepcional y bilateral hasta el paroxismo se considera una traición. Da igual que el nuevo sistema suponga una mejora financiera muy relevante para la Generalitat. Da igual que permita reforzar políticas públicas. Si no conduce al mito del “Estado propio”, se descarta. La política útil estorba cuando amenaza con desmontar la épica.
Conviene recordar, además, un dato que en Junts parecen haber olvidado: todas las reformas del sistema de financiación autonómica aprobadas hasta ahora han sido positivas para Cataluña, sin excepción. Ninguna ha empeorado su posición relativa ni sus recursos.
En esta ocasión, la mejora sería de unos 5.000 millones de euros anuales para las arcas públicas catalanas, según explicó el republicano Isaac Albert. Justificar una negativa a una cifra de este calibre no será sencillo. Tampoco para Junts, por mucho que se refugie en consignas.
Aun así, empiezan a oírse grietas internas en el partido de Puigdemont. El exconseller Jaume Giró, desde hace tiempo fuera de la dirección, ha puesto palabras a lo que muchos callan: “Qui no estigui a favor de tenir més recursos, no li serà fàcil d’explicar”, dijo en Cafè d’Idees de La 2 Cat.
Y añadió algo todavía más incómodo para la actual dirección de Junts: que el partido debería parecerse más a Convergència y pactar con el Estado aquellas cuestiones que sean prioritarias. No es nostalgia; es pragmatismo. Giró señaló, además, la hipocresía de una organización que penaliza al que habla claro mientras tolera “conspiracions de tercera per darrere”.
Todo esto sucede a las puertas del encuentro de este jueves entre Pedro Sánchez y Oriol Junqueras, que sellará el pacto entre el Gobierno y ERC y tras el cual conoceremos los detalles del nuevo modelo de financiación.
Mientras unos negocian, Míriam Nogueras se apresuró a desautorizar cualquier avance que no suponga la salida del régimen común, denunciando la renuncia de los republicanos al concierto económico, no vaya a ser que los números estropeen el argumentario.
De ahí ese bloqueo casi reflejo que consiste en decir no antes incluso de conocer la letra pequeña. No vaya a ser que el acuerdo resulte sustancialmente mejor que el actual y obligue a admitir que el encaje, aunque insuficiente para un soberanista, existe.
Y ahí reside el problema de fondo. Junts no quiere apoyar una mejora; quiere administrar una queja. Prefiere quedarse al margen y propiciar su fracaso en el Congreso antes que asumir la responsabilidad de un acuerdo que funcione. Incluso aunque sea indiscutiblemente bueno para los catalanes. Sobre todo si el rédito político acaba en manos del Govern de Salvador Illa.
El perro del hortelano, al fin y al cabo, no defiende el huerto: lo vigila para que nadie pueda aprovecharlo.