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Un montaje del opinador con una imagen de una calle de la provincia de Barcelona nevada

Un montaje del opinador con una imagen de una calle de la provincia de Barcelona nevada Fotomontaje de Crónica Global

Pensamiento

Durmiendo en brazos de la noche fría

"El arte sí cura. Es el mejor lenitivo para el insomnio y la bastarda crepitación de muerte que sufren las neuronas del siglo XXI, el de la involución provocada por los primacistas"

Publicada

La Síndica de Greuges de Cataluña, Esther Giménez-Salinas, ha pedido a las administraciones locales que activen todos los recursos que sean necesarios para atender a las personas que viven en la calle y garanticen donde cobijarse del frío en los próximos días ¿Lo están cumpliendo o tenemos que esperar a que se congelen los 2000 sin techo que denuncia en la ciudad la fundación Arrels? ¿Y los otros miles sintecho esparcidos por toda la comunidad autónoma? Seguro que sí; queremos creerlo. Pienso en los millones de descalzos que caminan por el mundo y en especial en los niños palestinos sin cama ni medicamentos, ni ayuda médica porque lo prohíbe el cruel Bibi Netanyahu. Al loro, que sí que estamos muy mal.

La fría madrugada tuvo su protagonismo, hace pocos días, en la presentación del libro de Xavier Albertí L’evangeli segons Caravaggio en torno a la vida del genial pintor y su breve pasar, asaltado por un vitalismo turbulento y destructor. La presentación, en la librería Ona de Tatxo Benet, tuvo a Lluis Omar como animador, junto al propio autor, acompañados ambos de un piquete contracultural de genios de la Barcelona inspirada del teatro y de las letras, mientras atravesamos un momento en que los días se vuelven inciertos y la libertad se ve amenazada. La crónica deslumbrante de Jacinto Antón (El País) desentrañó el nido de sabios que nos devuelven las sonrisas y las lágrimas que nos pertenecen.

El arte sí cura. Es el mejor lenitivo para el insomnio y la bastarda crepitación de muerte que sufren las neuronas del siglo XXI, el de la involución provocada por los primacistas. Omar, que vestía todo de negro Contrarreforma (¡bravo!), recitó el soneto de Calderón, A las flores: ”Estas que fueron pompa y alegría/ despertando en el albor de la mañana,/a la tarde serán lástima vana/ durmiendo en brazos de la noche fría”.

Sin tener ninguna relación, el poema me recordó las tardes bonitas de circo, con la polca de los elefantes, la Circus Polka de Stravinski, que bailan los paquidermos sobre sus patas traseras, apoyándose, los unos a los otros, con las patas delanteras sobre el lomo del compañero. La memoria de estos maravillosos animales es un reencuentro con el arte sobre el proscenio. Queremos vivir lejos de la política del mastodonte, sea la de la posverdad o sea la del materialismo rudimentario del pogromo agrario o del dictado nibelungo, el ensordecedor eco que trata de suplir la ausencia de categorías.

El arte simple y concreto ilumina las pupilas del que, siendo rabiosamente contemporáneo, trata de acercarse a la cuna del barroco, para vivir barrocamente como lo diría otro gran actor, José Luis Gómez, mi Segismundo de cabecera, en un corral calderoniano.

La sencillez es el gran obsequio de la musa en un momento en que se glorifica lo sublime en aras de un caos. Con la reposición del Tristan de Wagner en el Liceu, el año comienza camino de la melodía de la selva virgen de Lohengrin cercana al Arlequín que escribe clamores celestiales, pero dice, “los puntos y las comas ya los pondrá usted”. En la calle, la gélida noche, filtra la insolidaridad que nos carcome.