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Ramón Flecha

Ramón Flecha

Pensamiento

Hermano, yo no es que no te CREA

"La obra del catedrático jubilado Ramón Flecha, flamantemente depositado hace unos días en manos de la fiscalía por la que fuera su universidad, no destacaría por nada, más allá de un esforzado, sobreactuado, sonrojante, márketing grotescamente personalista"

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La obra del catedrático jubilado Ramón Flecha, flamantemente depositado hace unos días en manos de la fiscalía por la que fuera su universidad (lo que fue admitido a trámite hace escasas fechas), no destacaría por nada, más allá de un esforzado, sobreactuado, sonrojante, márketing grotescamente personalista.

Tan es así que, mientras tuvo a la prensa a su favor, que fue casi siempre, gustaba de insistir durante las entrevistas para que le pusieran como “gurú de algo honorable” sobre grandilocuentes titulares (titulares, por cierto, de los que ahora reniegan quienes le regalaban entrevistas a su mayor gloria, basta comprobar algunos “antes” y “después”).

Pareciera afanado con ello en sepultar aquellos resultados que arrojaban Google y similares presentándole como gurú de una secta, de la que CREA sería solo su matriz. Y, en efecto, a tenor de las repetidas denuncias que interpuso contra medios de comunicación como El Confidencial, Catalunya Radio o Ara (esta última, que en realidad son dos, todavía no resueltas) por, simplemente, haber cubierto la información de la segunda ola de denuncias contra él, hará ahora 10 años, su identificación pública con el liderazgo de una secta era algo que debía atormentarle.

Por supuesto, es comprensible que alguien considere una afrenta que se le atribuya el liderazgo de algo que puede resultar tan etéreo y oscuro como una secta, sobre todo si tiene cierta exposición pública. El caso es que, en la cobertura de la ola de denuncias de 2016, que se trataba como decíamos de la segunda (la primera tuvo lugar en 2004), no sé de ningún medio que hiciese acusación alguna. Todo lo contrario, en un ejemplo de buena praxis periodística, se dio voz a personas que denunciaban un funcionamiento que, la verdad sea dicha, nada tiene que ver con el de un grupo de investigación, dándose también a la parte que pudiera sentirse agraviada la posibilidad de dar su versión (por ejemplo, aquí).

Esta actitud, desde luego, no termina de casar con lo que se espera de un académico, José Ramón Flecha García, que se ha presentado históricamente como encarnación ibérica de Jürgen Habermas, influyente autor que es precisamente considerado padre de la así llamada “democracia deliberativa”.

¿Qué podría llevar a una persona cuya bondad ha quedado reseñada en sus propios medios de comunicación por un ejército de fieles, a tratar de pasar por encima del artículo 20.1.d de la Constitución de 1978, del artículo 11 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, del artículo 10 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, del artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, todos ellos relativos al derecho a la libertad de opinión, expresión e información?

Un tipo, Flecha, que, no olvidemos, no ha dudado en instrumentalizar torticeramente su libertad de expresión para sus hostigamientos ad hominem a intelectuales netamente superiores, como es el caso de Foucault, Althusser, Arendt, De Beauvoir, Heidegger, Jaume Trila, Ausubel, Bourdieu o Fernández-Enguita (con la tremendamente influyente sociología de “ámbito catalán”, por lo que sea, nunca se ha atrevido).

En efecto, desde el prisma conceptual que propone Habermas (que a su vez se inspira en otras autorías) en el marco de su antiautoritaria Teoría de la Acción Comunicativa, el proceder atribuido a Flecha por quienes le señalan encajaría de manera flagrante con lo que denomina “acto de habla perlocucionario”, que es para el autor alemán el menos deseable para el funcionamiento democrático, al ser su vocación la de impactar por la fuerza (autoritariamente) sobre las otras personas; siendo antagónico del deseable “acto ilocucionario”, el cual busca comprender a la otra persona para buscar el consenso con ella, lo que es consustancial a tener voz propia y poder utilizarla para expresarse libremente.

Más concretamente, los actos perlocucionarios son ideales para el trazado de estrategias orientadas a influir autoritariamente en la conducta, las creencias o las emociones de los demás, por presentar efectos causales como los que tienen que ver con 1) convencer, 2) intimidar, 3) seducir, 4) manipular, quedando estos certificados por la nula capacidad de réplica de las personas destinatarias de la comunicación frente a las pretensiones de validez de quien ejerce de sujeto: dicho de otro modo, hablante que acabará imponiendo como válido lo que quiera que pretenda (aquí el falso amigo del inglés, pretend, ya no lo es tanto).

Desde luego, si, como ha asegurado Flecha en repetidas ocasiones, todas estas acusaciones a lo largo de más de 20 años son fruto de una conspiración urdida por un solo cerebro, se trata de un cerebro, no solo con gran capacidad de persuasión para movilizar coordinadamente (repito, más de 20 años) a gente que puede llegar a ser muy avispada (periodistas, por ejemplo), sino también con capacidad de hilar muy fino en el análisis del discurso.

Lo cierto es que, no sé si influido por lo que he leído al “lobi de acosadores” (así, saltándose excepcionalmente el lenguaje inclusivo, suele referirse Flecha a su particular colectivo organizado de detractores y detractoras), lo que percibo en la gente (fundamentalmente mujeres) que le defiende incondicionalmente es, cuando menos, mucho convencimiento (1) (por ejemplo, de que se ataca a CREA en general y no a él en particular, de que él habla ex catedra, de que todo lo que sale de la factoría CREA es infalible, de que el resto solo tiene “ocurrencias”…), y la expresión de una seducción (3) que podría calificarse, como mínimo, de teresiana.

Hoy no voy a poder posicionarme sobre si detrás de ese fervor incondicional en favor de Flecha por parte de mujeres jóvenes y no tan jóvenes hay intimidación (2) o manipulación (4), pero sí subrayaré la obscena necesidad exhibida por esta camarilla fervorosa de sentenciar a contrincantes por la fuerza, por ejemplo, aludiendo a las pretendidas excelencias del CV, a la onírica amistad con gente respetable, o a la supuesta pertenencia a instituciones rimbombantes, en lo que representa la clara confirmación de un proceder ciertamente perlocucionario, que hizo de CREA, por qué no decirlo, un colectivo dependiente del fraude académico.

De esto último no podemos ocuparnos hoy tampoco, aunque sí lamentaré profundamente que esos sonrojantes argumentos de autoridad impostados (que si Cambridge, que si Harvard…) les hayan bastado durante décadas para ahorrarse las réplicas, sobre cuyo vacío se han propulsado para adquirir carta blanca en la vida “terrenal”, todo ello, a todo esto, sin necesidad de demostrar siquiera la capacidad de hacer concordar sujeto y verbo.

Porque en CREA todo parece redactado o dictado por una misma persona, que además se expresa rematadamente mal, en el ejemplo más claro que estos ojos han visto de ventrilocución bajtiniana (Bajtín es, por cierto, el verdadero padre de la teoría dialógica, lo digo porque también Flecha se la atribuye).   

Todo ello en lo que concierne a la supuesta identificación de CREA con una secta. Pero, claro, aquí hay algo que no se ha dicho y que mucha gente no sabe: ¡en España las sectas gozan de un estatus de “alegalidad”! Dicho de otro modo, una secta bien montada puede salirte gratis.

Ojo, yo no estoy diciendo que Ramón Flecha se haya montado una secta, ni que la difunta CREA fuera una secta, válgame el cielo. Yo lo que digo es que extraña que se haya empleado con tanto ahínco en perseguir a quienes han unido las palabras mágicas en una misma frase, desatendiendo causas más urgentes como la del misterioso sacerdote ortodoxo al que recurrió oportunamente el mismo 2 de julio, al tiempo que se hacían públicas las primeras denuncias de la tercera ola.

Lo normal es que todo el mundo diera por sentado que el Einstein de la educación —así se le llamaba de puertas para adentro según algunos testimonios (también es verdad que el Mozart ya estaba pillado)— no necesitaba juristas para comprender que la alegalidad de las sectas en España se desprende del legendario encastramiento de la confesión católica dentro y fuera del aparato del Estado.

Otra cosa es que la secta no sea la finalidad y sí una herramienta indispensable para cometer delitos tales que el abuso sexual, como ejemplifica la extraordinaria investigación de Hava Dayan (2018), publicada bajo el título Sexual abuse and charismatic cults, la cual reserva un apartado a los entornos académicos.

Y sin embargo, nada de eso debía preocupar en principio a Flecha: es verdad que en varios hilos de los foros de Indymedia, que han cumplido ya más 20 años en línea, se le atribuía anónimamente una frenética actividad sexual que, en aquellos tiempos en los que no existían las redes sociales, impactaba su imagen pública; sin embargo, aquello quedaba claramente contrarrestado, sobre todo a partir de 2016, con un porcentaje elevadísimo de mujeres de CREA empoderadas hasta el punto de arrogarse el mérito de haber roto el silencio en múltiples categorías de la violencia sexual (compruébenlo por sus propios medios, planten en Google sin comillas “crea barcelona rompi el silencio”).

Pero claro, bien es sabido que las mujeres difícilmente son capaces de hacer cosas por sí solas. Quizá por ello, en esos relatos aparecía (y aparece) casi siempre Flecha como un líder providencial, no sólo brillante como Albert Einstein, también implacable como Chuck Norris.

Eso sí, la falta de denuncias y de pruebas que lo corroborasen ponía en riesgo de empañar cuan ingente labor, lo que podía incluso acarrear, parece mentira que tenga que decírselo yo al que fuera número 1 del mundo en gender violence (sic), algo tan terrible como es la banalización de la violencia sexual. Algo que parece casar, y lamento profundamente tener que decirlo, con las argucias emprendidas para silenciar a las mujeres que ahora señalan a Flecha.

Quería culminar mi estreno en este medio abriéndome en canal frente a quienes hayáis llegado hasta aquí, reconociendo un par de cosas que deberán servir como prueba irrefutable de mi transformación dialógica: 1) no poder hacerme a la idea de lo que es que se me echen las mujeres encima ni aunque me ponga un domingo el chándal con los zapatos, 2) en ocasiones afloran, muy dentro de mí, los celos éticos. Por lo que no me queda otra que huir de solemnidades para tratar de ponerme en la piel del Ramón Flecha más humano, y así lanzarle un mensaje más directo:

Mira tocayo, todo el mundo en esta vida se equivoca. No osaré insinuar que tú te equivocases en su momento, pero sí creo que te pusiste algo nervioso. Hasta una piltrafa académica como yo, encima andaluz, entiende que la mezcla entre el foro de Indymedia de 2004 y las acusaciones de ser el gurú de una secta llena de mujeres jóvenes sería caviar para el periodismo del fango.

En esas circunstancias, fue humano, aunque errado, huir hacia adelante y tratar de parapetarse en conceptos “científicos” producidos ad hoc por ti mismo, pues parecía enteramente que tratabas de justificar frente a gente ya de por sí malpensada las prácticas que se podían desprender del citado cóctel. Ay, ¡qué siroco te ha dado con lo científico, como si fuera un argumento definitivo, irreplicable!

Qué pena que no leyeras a Kuhn antes de que se hiciera darwinista social. Permíteme, eso sí, que te tire ligeramente de tus relucientes orejas por haber puesto en tantas ocasiones a mujeres jóvenes de muro: las nuevas masculinidades alternativas enfrentamos las acusaciones como Dios manda, ¡toda la gente que haya sido número 1 en algo que tenga que ver con la ciencia social sabe que tratar de ahogar las responsabilidades individuales en el colectivo mina la credibilidad por muy incorruptible que seas! Y lo de tapar la boca con denuncias a los medios y aprovechar que no pueden hablar para crearte tus propios pseudomedios, desde los que luego difamarles…, pues muy democrático no es, ¿qué quieres que te diga?

Como tampoco lo es lo de prolongar los procedimientos hasta el Supremo al tiempo que te haces “experto exprés” en violencia de género…, ahí te has colado un poco: ¡más de la mitad de los artículos académicos relevantes que firmas sobre género son desde 2022, que es el año en que te hiciste emérito! En cambio, lo de montarse una editorial propia fue un buen punto, las cosas como son.

Ahora bien, con esta moda del feminismo por todos lados, ¿a quién se le ocurre ponerse en el centro del Me Too Universidad? Pero hombre, ¿no ves que estas radicales van contra todos nosotros? Si es que a veces de bueno pareces… (cúbrase con un calificativo blando que exprese benevolencia con un punto de ingenuidad).

Por todo ello, no me queda otra opción que terminar como comencé: hermano, yo no es que no te CREA…