El otro día había partido de fútbol de la selección española contra la de los Países Bajos… Casualmente, estando esos días en Barcelona, vi al mediodía los programas informativos de TV3, donde los telediarios de la cadena dedicaron diez minutos a un análisis pormenorizado sobre un partido del equipo femenino del Barça y a otras cosas parecidas, pero no mencionaron en ningún momento el acontecimiento –que lo era, por lo menos para los aficionados al deporte- del partido de la selección nacional.
Ahora bien, resulta que el partido de España, o de “la Roja”, lo vieron, en Cataluña, un 25% de televidentes; lo vieron en Televisión Española. La primera evidencia al juntar estos dos datos es que la tele del Govern, autodenominada “la nostra”, no responde a las expectativas o a los intereses de su público potencial, que son los ciudadanos catalanes, o sea que, aunque nos cueste un ojo de la cara, no funciona en términos de profesionalidad. ¿No debería el Govern hacérselo mirar?
El que aquella tarde sí miró, un buen rato, la TV3%, fui yo, y me pareció que me había metido en el túnel del tiempo: todo seguía más o menos como cuando entonces, cuando los tiempos medievales de Tractoria, cuando la gente era mayormente rústica y primitiva y vestía harapos pestilentes, no se había inventado la ducha ni se usaba la bañera con la conveniente periodicidad. Debido a aquella falta de higiene, las plagas corrían que eran un contento, las ratas correteaban por todas partes y en cualquier momento se declaraba una epidemia.
La impresión de cutrerío y de guarrería física y moral era desmoralizadora. “¿Todavía”, pensé, “están con estas birrias?” Se ve que sarna con gusto no pica, y que a los socialistas catalanes les importa un pepino que los medios públicos de agitprop sigan en manos de los mismos. Se creerán que están perfectamente atornillados en el poder, aunque no puedan ni siquiera hacer aceptar unos presupuestos en el Parlamento, igual que le pasa al Gobierno central, por cierto.
Ayer mismo informaba la prensa de que el conseller de política lingüística, Francesc Xavier Vila, sostenía que va a luchar a brazo partido, el muy valiente, para que las decisiones de los jueces de impartir un 25% de clases en castellano –la lengua más hablada en Cataluña, y una de las más difundidas en el mundo, pero a la que hay que expulsar de las aulas, de los patios de juego y de donde sea— no se aplique, mientras refrenda la repulsiva e intrusiva práctica de sancionar a los comercios que no rotulen en catalán. Por el mor de dios, ¿qué ha cambiado? ¿Por qué no dejáis, chicos, que la gente rotule su tienda en el idioma que le dé la gana? ¿Por qué os empeñáis en prácticas, actitudes y declaraciones que básicamente lo que consiguen es hacer antipática la lengua que decís defender? Y ya puestos a hacer preguntas, ¿de verdad necesitamos una Conselleria de política lingüística?
Con vuestro seguidismo estáis contribuyendo a que vuestro aval, Esquerra, pierda votos a chorro abierto, mientras que el partido de la Orriols sube como la espuma. Gran logro.
No pienso ocuparme más de vosotros, j’ai d’autres chats à fouetter. No os podréis quejar de que nadie os avisó. Ha habido dos avisos en este medio, el otro día de Xavier Salvador a propósito del catastrofismo irresponsable de Basté y la RAC1, y poco después de Joaquim Coll a propósito de TV3%. Seguid sin desratizar los medios de formación de masas, y más tarde o más temprano tendremos el privilegio de asistir a la irrupción de otra plaga. Vosotros mismos.