El ejército español es, probablemente, el único poder fáctico que ha hecho los deberes en democracia, desprendiéndose del tufo franquista, aprendiendo inglés, participando en misiones de paz internacionales o apagando incendios en casa y, sobre todo, dejando de representar un peligro para su propio pueblo (no puede decirse lo mismo de los curas y los banqueros; esos siguen a lo suyo, que casi nunca tiene nada que ver con lo nuestro). De ahí la gravedad de una metedura de pata como la de felicitar a Rafa Nadal recurriendo a un viejo texto de Cela en el que el traga-calderetas le hacía la rosca a Millán Astray, aquel pedazo de intelectual alternativo que tanto le gustaba a Celia Gámez. No sé quién tuvo la brillante idea, pero ya tardan en degradarlo y destinarlo al cuartel más cochambroso de España.
Sentirse catalán es lógico y digno de aplauso, pero sentirse español es incomprensible; o sea, propio de fachas, ya que, como todos sabemos, la península ibérica (y sus islas) se divide entre catalanes y fachas
Como era de prever, la caverna catalana se ha puesto las botas con la felicitación de marras, y hasta ese rapero ruin de Lérida que se hace llamar Pablo Hasél (aunque se apellida Rivadulla) se ha visto autorizado a tildar a Nadal de “facha millonario”. Lo de los monises no ha sido utilizado en su contra por nuestros más conspicuos cavernícolas, pues les basta con que el tenista haga gala de esa excentricidad malévola consistente en sentirse español. Eso es algo que no les cabe en la cabeza: sentirse catalán es lógico y digno de aplauso, pero sentirse español es incomprensible; o sea, propio de fachas, ya que, como todos sabemos, la península ibérica (y sus islas) se divide entre catalanes y fachas.
Tampoco les ha gustado nada ver a Mireia Belmonte retratándose con los reyes y exhibiendo la bandera nacional, dos actividades propias de fachas, evidentemente. Pero vamos a ver, cenutrios, ¿por qué os extraña que se sienta española una chica de Badalona con padres andaluces? A mí me parece más raro y más excéntrico que se sientan súper catalanes el zamorano David Fernández, la argentina de origen vasco Patricia Gabancho o el británico Matthew Tree (aunque estos dos últimos casos incluyen una compensación económica muy superior a la que obtendrían en sus países de origen).
Si yo entiendo que alguien se sienta exclusivamente catalán y considere que no tiene nada que ver con sus vecinos peninsulares, ¿no podrían los alérgicos a las mezclas comprender que haya quien se sienta catalán (o mallorquín) y español a la vez? No es tan difícil de entender, digo yo. Es más, como barcelonés, catalán, español, europeo y terrícola, a mí me parece lo más normal del mundo. ¡Los raros sois vosotros, pandilla de rústicos!