El resultado de las elecciones en Quebec nos ha cogido a todos por sorpresa. No porque no lo esperásemos sino porque ni siquiera nos habíamos enterado de que había elecciones. Tiene narices que, absortos como estamos en el debate de si se tiene que hacer en Cataluña una consulta sobre su posible separación de España, nos haya pasado por alto esta competición electoral en una provincia canadiense que ya ha celebrado dos en el pasado reciente.

Los medios de comunicación y los partidos partidarios de la independencia de Cataluña no mostraron ningún interés en calentar el ambiente preelectoral. Es de suponer que ya intuían el fiasco de las opciones independentistas en Quebec y no fuera ser que alguien hiciera comparaciones molestas.

Ahora toca decir que entre Quebec y Cataluña hay muchas diferencias y que son dos procesos entre los que no hay comparación posible

¡Tan interesados como andaba tiempo atrás la Brunete independentista para acercarnos la reivindicación quebequesa y ahora se nos han hecho los despistados!. Los federalistas han ganado las elecciones en Quebec por mayoría absoluta. Por tanto, ahora toca decir que entre Quebec y Cataluña hay muchas diferencias y que son dos procesos entre los que no hay comparación posible.

Cada vez son menos las comparaciones que los independentistas pueden hacer con otros procesos de secesión. Teniendo en cuenta que el último país que se independizó fue Sudán del Sur, que hoy vive un conflicto violento terrible, y que el último referéndum territorial ha sido el de Crimea, del que los soberanistas catalanes huyen como de la peste, no es extraño que ahora éstos prefieran mirar sólo de puertas adentro. ¡Solo faltaría que la República Checa y Eslovaquia, el referente más favorable a los defensores de una partición territorial pacífica, decidiesen volver a unirse! Me imagino a Francesc Homs y a unos cuantos más haciéndose el haraquiri.

Queda la esperanza escocesa. Su referéndum es el 18 de setiembre. Si sale que 'sí', Europa tendrá un país de izquierdas más. Si en Cataluña sale el 'sí' y acaba siendo el pregonado nuevo Estado que reclaman, Europa tendrá un país más de derechas.

¡Empate!

Esperemos que el desempate no se dilucide en Venecia, porque allí los "progres" lo tienen "crudo".