Yolanda García (56), personal de limpieza de hoteles: Limpiamos unas 30 habitaciones al día y nos pagan 1,5 euros por cada una

Yolanda García (56), personal de limpieza de hoteles: "Limpiamos unas 30 habitaciones al día y nos pagan 1,5 euros por cada una"

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Yolanda García (56), personal de limpieza de hoteles: "Limpiamos unas 30 habitaciones al día y nos pagan 1,5 euros por cada una"

El pilar que sostiene a la gran industria del turismo rompe el silencio sobre lo que se oculta en los hoteles

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España presume de ser una potencia turística mundial, con una hostelería que sostiene gran parte de nuestra economía y genera millones de empleos cada año.

Pero detrás de las fotos de postal y los hoteles impecables se esconde una realidad bastante más amarga. La cara limpia de este sector la sostienen miles de mujeres, las famosas 'Kellys', que trabajan en unas condiciones verdaderamente límite sin que apenas nadie se pare a mirarlo.

Mientras para la mayoría el verano es sinónimo de playa, descanso y desconexión, para cada limpiadora de habitación se convierte en la época más implacable y agotadora de todo el año.

Un reflejo directo de esta situación es la historia de Yolanda García, una trabajadora de 56 años que lleva la voz de sus compañeras desde Benidorm.

Durante estos meses de máxima ocupación, le toca acondicionar hasta 30 estancias diarias, percibiendo apenas 1,5 euros por cada una de ellas. Hacer los cálculos asusta, pero duele aún más ver el desgaste físico que hay detrás de cada cama hecha y de cada baño desinfectado a contrarreloj.

La lucha sindical y la falta de amparo real

Ante este escenario, las trabajadoras decidieron dar un paso al frente y organizarse en su propio sindicato.

Desde destinos con tanta presión turística como Benidorm, portavoces como Yolanda García reclaman la aprobación de la "Ley Kelly", una norma pensada para frenar las externalizaciones y reconocer sus patologías como enfermedades profesionales.

Sin embargo, en la práctica la rutina sigue siendo implacable. En regiones como la Comunidad Valenciana, los turnos se comprimen por la propia operativa del hotel. “No podemos entrar a las habitaciones hasta las 9 de la mañana, así que realmente solo tenemos seis horas para hacerlas todas”, explica.

La falta de pausas y la presión diaria pasan una factura irreparable que aboca a muchas camareras de piso a bajas continuas o retiros por invalidez.

Como bien sintetiza la portavoz sobre la desprotección que sufren en la hostelería: “Trabajamos hasta que el cuerpo dice basta. Y cuando eso pasa, el sistema no nos protege”.

La brecha salarial de un euro y medio por estancia

A la incesante sobrecarga física que sufren en su jornada se le añade una marcada precariedad en el apartado económico.

En numerosos establecimientos hoteleros, la retribución no se fija en función de las horas trabajadas, sino por cada unidad acondicionada, percibiendo importes que oscilan entre 1 y 1,5 euros por estancia.

Esta modalidad de pago por rendimiento empuja a que una limpiadora de habitación termine ingresando nóminas mensuales que apenas superan los 800 euros.

Esta cifra se sitúa muy por debajo de la media que se percibe en otras ramas del sector servicios, obligándolas a asumir ritmos extremos para lograr un sueldo mínimo dentro de un trabajo tan invisible como imprescindible para que el turismo funcione.

La urgencia de evaluaciones ergonómicas adaptadas

"Limpiar una habitación no es pasar la mopa y cambiar las sábanas. Es agacharse, cargar peso, desinfectar, correr… Y repetir eso hasta 25 o 30 veces al día", recuerda la trabajadora.

Para intentar frenar este castigo físico, el colectivo reclama la elaboración de estudios ergonómicos y psicosociales exhaustivos que midan la carga real de sus tareas cotidianas y permitan adecuar los ritmos a las capacidades de cada empleada.

La diversidad de perfiles hace insostenible aplicar la misma métrica a todo el personal, especialmente cuando la salud se deteriora hasta el punto de que “ninguna llega en condiciones a los 67 años” y la mayoría debe retirarse antes por intervenciones de espalda, hombros o muñecas.

“No todas las camareras tenemos el mismo ritmo. No es justo medirnos por igual. Algunas tienen lesiones previas, otras son mayores, y todas arrastramos años de sobrecarga”, concluye la portavoz sobre una profesión que termina desgastando el cuerpo sin dejar margen de recuperación.