Juan Orduña (27 años) cura en España: Cobramos menos que el sueldo mínimo pero no pago ni casa, ni luz, ni agua y tampoco tengo grandes lujos

Juan Orduña (27 años) cura en España: "Cobramos menos que el sueldo mínimo pero no pago ni casa, ni luz, ni agua y tampoco tengo grandes lujos"

+Economía

Juan Orduña (27 años) cura en España: "Cobramos menos que el sueldo mínimo pero no pago ni casa, ni luz, ni agua y tampoco tengo grandes lujos"

Desde sus vacaciones anuales hasta sus estudios universitarios la faceta más desconocida sobre ser cura en España

Otras noticias: Natalia, 25 años: "Pudimos comprarnos un piso porque fuimos pagando la entrada mientras se construía"

Leer en Castellano
Publicada

Noticias relacionadas

Entre misas, confesiones y charlas pastorales, la rutina de un cura en España tiene poco que ver con la de cualquier otro trabajo.

Juan Orduña, párroco en Madrid, ha contado en una entrevista cómo es su día a día, cuánto cobra realmente y por qué, ese sueldo alcanza para vivir con tranquilidad aunque esté por debajo del salario mínimo interprofesional.

Un día que empieza en Madrid Río

Su jornada arranca pronto, sobre las 6:30 de la mañana.

Antes de ponerse con las obligaciones del templo, aprovecha para salir a caminar por Madrid Río, cerca de donde vive, aunque matiza entre risas que no lo hace todos los días para que no parezca "que soy un santo".

Después llega el desayuno, la ducha y el traslado a la parroquia, donde reza, celebra misa, atiende el confesionario y recibe tanto a personas mayores como a jóvenes que se acercan a visitarle.

El resto del tiempo lo dedica a preparar charlas y otras tareas pastorales.

El camino hasta el sacerdocio

Cuando se le pregunta cómo se llega a ser cura, Juan explica que el recorrido no es tan distinto al de cualquier estudiante universitario.

Cursó dos años de Filosofía y tres de Teología, y además ha hecho un máster en Evangelización del que solo le queda el trabajo final, algo que confiesa querer resolver cuanto antes: "a ver si este verano le doy un empujón y me lo quito de en medio, porque cada vez que pasa el tiempo es peor".

Antes de entrar en el seminario, el proceso pasa por hacer la prueba de acceso equivalente a la selectividad, igual que cualquier otro joven que quiere continuar estudios.

Sin horario fijo, pero con descanso

Sobre si tiene horario laboral, Juan responde con humor: "Digamos que yo tengo 24/7, pero hombre, también descanso".

Pone como ejemplo el día anterior a la entrevista, en el que se fue a dormir mucho antes de lo habitual: "Ayer conseguí batir mi récord, me fui a dormir las 9 de la noche, que todavía estaba de día, pero necesitaba descansar".

Un sueldo por debajo del mínimo, pero sin grandes gastos

La parte económica es, quizás, la más llamativa de toda la conversación.

Juan reconoce sin rodeos que su remuneración no llega al Salario Mínimo Interprofesional: "Cobramos menos que el sueldo mínimo".

Ahora bien, matiza que su situación cuenta con ciertas ventajas que compensan esa cifra "No tengo que pagar piso, no tengo que pagar luz, no tengo que pagar agua". Lo que sí corre de su bolsillo es la gasolina, algo que señala con un punto de ironía: "no llego a Repsol y digo 'soy cura'".

Pese a las limitaciones, asegura que el dinero le permite llevar una vida sencilla pero digna: "Tampoco yo tengo unos grandes lujos, pero sí me da para invitar a gente a comer o para lo mismo que hacéis vosotros; tampoco es un dineral".

En cuanto a la cifra exacta, no tiene problema en compartirla, su nómina no supera los 1.200 euros mensuales, una vez descontada la aportación destinada a su jubilación.

Sobre quién financia ese pago, admite cierta incertidumbre, cree que una parte corre a cargo del obispado y otra procede de la ayuda estatal ligada al convenio con la Iglesia, aunque reconoce no tener del todo claro el reparto exacto.

Vacaciones, también las tiene

Por último, Juan aclara que su condición de sacerdote no le priva de un derecho tan básico como el descanso anual.

Dispone de 30 días de vacaciones, igual que cualquier trabajador, a los que se suman 7 días adicionales de ejercicios espirituales, un tiempo que describe como un espacio "de dedicarnos a Dios".

Su testimonio ofrece una imagen poco habitual de la vida sacerdotal, la de un trabajo con jornadas interminables, un sueldo modesto y, según cuenta él mismo, suficiente para llevar una existencia tranquila sin más lujos que los justos.