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Bruselas cambia las normas: obliga a las tiendas a simplificar la devolución online a partir de junio

Su novedad más visible será el denominado botón de desistimiento, una herramienta que permitirá anular un contrato o una compra con un solo clic

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La Unión Europea sigue tratando de hacer las cosas fáciles a los consumidores, lo que puede complicar la situación a las empresas. La última es una ley para hacer más fácil las devoluciones online.

Bruselas impondrá desde el 19 de junio de 2026 un cambio relevante en la forma en que funcionan estas compras a distancia.

A partir de esa fecha, las tiendas online que operen en el mercado comunitario deberán facilitar de manera mucho más clara y directa el desistimiento de una compra, con el objetivo de que cancelar un pedido sea tan sencillo como realizarlo.

La medida se articula a través de la Directiva UE 2023/1673, un texto que obliga a rediseñar parte de las interfaces de comercio electrónico.

Un botón necesario

Su novedad más visible será el denominado botón de desistimiento, una herramienta que permitirá anular un contrato o una compra con un solo clic.

La intención de Bruselas es que esa opción no quede escondida entre menús, enlaces secundarios o procesos de varios pasos, sino que resulte permanentemente visible durante todo el plazo legal de desistimiento.

Qué dice el texto

La normativa establece además que ese botón deberá aparecer de forma clara y destacada en la web o aplicación de la tienda. No bastará con ofrecer una vía genérica de contacto ni con remitir al usuario a formularios complejos.

El texto exige una fórmula inequívoca, como “desistir del contrato aquí”, para evitar dudas sobre la función de ese acceso directo.

Hasta ahora, algunos comercios electrónicos han condicionado la devolución a procesos largos, poco intuitivos o con varios pasos sucesivos.

En determinados casos, el consumidor debía navegar por diferentes apartados de la web, responder a varias preguntas o incluso descargar una aplicación externa para finalizar la cancelación.

Qué cambia en las devoluciones

El cambio no afecta solo a la compra de productos físicos. La directiva también se aplica a la contratación de servicios financieros a distancia, como créditos, seguros o tarjetas, así como a contenidos digitales, incluidas suscripciones o descargas.

En todos estos supuestos, la lógica es la misma: si el contrato puede formalizarse de manera inmediata por internet, también debe poder resolverse con rapidez y sin obstáculos añadidos.

Obligaciones de las empresas

Una vez que el usuario utilice el botón de desistimiento, la empresa deberá enviar automáticamente un acuse de recibo en un soporte duradero, por ejemplo por correo electrónico.

En ese mensaje deberán constar la fecha y la hora de la solicitud, de modo que quede constancia formal del momento en que el consumidor ejerció su derecho.

Más control sobre los diseños

La nueva regulación también pone el foco en los llamados patrones oscuros, una expresión que se utiliza para describir técnicas de diseño que manipulan la conducta del usuario.

Bruselas quiere impedir que las plataformas dificulten la cancelación frente a la contratación o que presenten de forma más llamativa la opción de seguir adelante con el pedido que la de desistir de él.

Más protagonismo a la cancelación

La directiva prohíbe, en la práctica, que los comercios recurran a ventanas emergentes repetidas, mensajes insistentes o pantallas diseñadas para frenar la decisión del cliente una vez ha optado por cancelar.

Tampoco podrán dar más protagonismo visual a la permanencia del contrato que a su anulación. El objetivo es que la interfaz digital no condicione la libertad de elección del consumidor.

Y es que existe cierto desequilibrio entre la facilidad con la que se compra en internet y la dificultad con la que a veces se devuelve o cancela una operación.

La contratación online suele ser rápida, inmediata y muy accesible. Bruselas quiere que la renuncia a esa contratación se resuelva con el mismo grado de sencillez.

Impacto para empresas y usuarios

Así, desde el 19 de junio, las empresas tendrán que revisar el diseño de sus plataformas, adaptar sus flujos de atención al cliente y comprobar que el nuevo sistema de desistimiento cumple con los criterios legales.

Ese ajuste afectará tanto a grandes marketplaces como a tiendas online de menor tamaño que vendan en el mercado europeo. Mientras para los consumidores, la reforma supone un refuerzo tangible de sus derechos en internet.