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En el corazón industrial de la comarca de la Selva, una de las grandes familias empresariales de Cataluña acaba de cerrar una operación estratégica de calado. Tras décadas de actividad febril, una nave de dimensiones colosales que durante años fue símbolo de producción local cambia de manos, inyectando una importante suma de liquidez en la caja de la compañía propietaria.

El movimiento inmobiliario, valorado en 18 millones de euros, no solo certifica el apetito voraz del capital internacional por el suelo logístico catalán, sino que marca el punto final a una etapa de reestructuración interna. Donde antes se fabricaban componentes que iluminan millones de hogares, hoy se gestiona el stock de terceros, cerrando un ciclo para abrir otro centrado en la eficiencia financiera.

Cambio estratégico

El protagonista de esta desinversión es Simon, el líder indiscutible en la fabricación de material eléctrico y referentes del diseño industrial. La multinacional con sede en Barcelona ha formalizado la venta de su antigua planta en Riudellots de la Selva (Girona) a la socimi francesa Atland, un actor que ha entrado con fuerza en el mercado español buscando activos de alto rendimiento.

Algunos de los productos de Simon Electric Simon Electric

El complejo traspasado es una joya logística por su ubicación y tamaño: se trata de una parcela de 50.000 metros cuadrados que alberga una nave de más de 28.200 metros. Aunque la propiedad era de Simon, la actividad productiva de la marca cesó allí hace un lustro; actualmente, las instalaciones están alquiladas a Vichy Catalan, que las utiliza como su gran pulmón de almacenamiento y distribución.

Eficiencia pura

Esta operación, que ha contado con el asesoramiento de MAF Inmuebles y la consultora CBRE, responde a una lógica de optimización de recursos. Simon bajó la persiana de su producción en Riudellots en 2021 para concentrar toda su fuerza industrial en dos polos clave: Martorelles (Barcelona) y Olot (Girona).

Antigua fábrica de Simon Electric en la carretera de Barcelona, en Girona, futura sede del Instituto Ermessenda Simon

La planta de Olot, en particular, se ha erigido como el centro de referencia para el grupo, liderando el desarrollo de soluciones para la llamada construcción 4.0. Al desprenderse del ladrillo de Riudellots, que en su momento llegó a emplear a más de 120 trabajadores, la compañía elimina un activo no estratégico y libera capital para reforzar su núcleo de negocio.

Tormenta asiática

La inyección de 18 millones llega en un momento clave para equilibrar balances. El ejercicio de 2024 fue complejo para el grupo familiar. Los ingresos se contrajeron un 10,7%, situándose en 274 millones de euros, y la compañía entró en pérdidas por valor de 5,6 millones, rompiendo la tendencia de beneficios habitual en la casa.

El culpable de estos números rojos tiene nombre propio: China. El gigante asiático, que históricamente ha sido un motor de crecimiento para Simon, atraviesa una profunda crisis inmobiliaria que ha lastrado la demanda. La exposición de la empresa catalana a ese mercado pasó de representar un 33% de su negocio total a un 25%, un golpe externo que obligó a reajustar las previsiones globales.

Rumbo fijo

Pese a los vientos de cara en Oriente, la hoja de ruta trazada por el consejero delegado, Esteban Bretcha, es clara: volver al crecimiento sostenido. Los planes de la compañía pasaban por recuperar el terreno perdido en 2025 con un incremento de facturación estimado del 10%, apoyándose en la diversificación y la innovación tecnológica.

Simon Esteban Bretcha, CEO de Simon

Entre las palancas para esta reactivación destaca la creación de la división Simon Global Partners, enfocada a grandes cuentas corporativas, y la apuesta por la construcción industrializada. La reciente adquisición de la firma sueca Elit demuestra que la familia propietaria sigue dispuesta a sacar la chequera para ganar músculo en nuevos nichos de mercado, más allá del interruptor tradicional.

Mercado caliente

La venta de Riudellots no es un hecho aislado, sino el reflejo de un sector en ebullición. La inversión en activos industriales y logísticos en Cataluña se disparó un 64% en 2025, moviendo más de 508 millones de euros. Los fondos internacionales ven en las naves catalanas un valor refugio seguro frente a la volatilidad de otros activos.

Operaciones como el traspaso de la cartera logística de Blackstone a Mapletree por más de 200 millones, o la recompra del centro logístico de Mango por parte de la familia Andic (170 millones), confirman que el ladrillo industrial vive una época dorada. 

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