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Cualquier vecino de Barcelona o su área metropolitana lo ha notado. Ese local de la esquina que durante veinte años vendió desde libretas hasta sartenes ha colgado el cartel de 'Se traspasa'. El omnipresente bazar chino, vertebrador del comercio de barrio en muchas ciudades catalanas, está en plena extinción.

No se trata de una crisis económica de la comunidad, sino de una mutación comercial. El dinero sigue ahí, pero está cambiando de manos y, sobre todo, de escaparate. La comunidad china en Cataluña está ejecutando un plan de reconversión silencioso pero drástico.

El caso Barcelona

Jiajun Yin, empresario y voz autorizada de la comunidad en Barcelona, pone rostro a este fenómeno. Según explica, el modelo de "volumen y bajo precio" ya no aguanta la presión inmobiliaria de la ciudad ni el cambio de hábitos.

En una Barcelona donde los alquileres comerciales tocan techos históricos, mantener naves inmensas repletas de producto barato con márgenes de céntimos se ha vuelto inviable. "Los bazares están cerrando", confirma, señalando que las cuentas ya no salen en los barrios céntricos.

La presión online

A la factura del local se suma la competencia digital. Los vecinos de l'Hospitalet, Badalona o Girona ya no bajan tanto a la tienda de abajo; compran en plataformas como Amazon o Temu. La comodidad de la entrega a domicilio ha matado el tráfico a pie que sustentaba estos negocios de conveniencia y de compra impulsiva.

Los paquetes de Temu tirados en el suelo mojado Ana Carrasco

Ante este escenario, la primera generación de comerciantes —aquellos que llegaron en los 90 y veían en el bazar una forma fácil de emprender sin saber el idioma— está optando por el traspaso o la jubilación.

¿A dónde va el dinero?

Si el bazar cierra, ¿dónde se invierte el capital en Cataluña? La respuesta está en la diversificación. Los nuevos emprendedores chinos están abriendo restaurantes, de cocina asiática y local; tiendas de moda; salones de belleza y academias educativas.

Ya no buscan ser el almacén del barrio, sino ofrecer servicios de valor añadido. Se están quedando con locales que requieren menos metros cuadrados pero ofrecen mayor rentabilidad, dirigidos a un cliente dispuesto a pagar por un servicio especializado.

La generación catalana

El factor clave es el relevo generacional. Los hijos de los fundadores son jóvenes que han crecido en Cataluña, han ido a la universidad aquí y dominan el idioma. No aspiran a pasar largas jornadas detrás de un mostrador cobrando artículos de bajo coste.

Esta generación puente tiene ambición empresarial y formación. Buscan negocios que les realicen profesionalmente, como consultorías, agencias de viajes o supermercados de productos asiáticos selectos, integrándose plenamente en el tejido empresarial moderno.

Cambio de mentalidad

La transición refleja también una evolución cultural. El bazar era un negocio de supervivencia y sacrificio; los nuevos proyectos buscan la sostenibilidad y la integración. El empresario chino en Cataluña ha pasado de querer pasar desapercibido a querer destacar por la calidad de su oferta.

El comercio chino no desaparece, se sofistica. Se está mimetizando con las tendencias europeas y, en muchos casos, liderando la oferta de servicios en ciudades como Terrassa, Sabadell o Mataró.

Futuro inmediato

En los próximos años, veremos cómo los últimos macro-bazares quedan relegados a zonas con alquileres muy bajos o polígonos. En el centro de las ciudades catalanas, la persiana que se levante será la de un negocio especializado, gestionado por un joven de origen chino con mentalidad 100% local.

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