Javier López, empresario y abogado / Captura podcast Tengo Un Plan

Javier López, empresario y abogado / Captura podcast Tengo Un Plan

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Javier López (52 años), empresario: “Si trabajas para otros nunca vas a dejar de ser pobre, hay que emprender y no tener miedo”

Javier defiende que “Hay que emprender. Si luego va mal, no pasa nada. No tengas miedo, aunque tengas que cerrar un negocio con 50 años”

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Javier López creció en una familia "muy muy humilde" donde su padre, un agricultor que "no sabía ni leer ni escribir", a menudo no podía pagar el alquiler. Esta realidad forjó en él un hábito de trabajo incansable, convirtiéndose en una "necesidad de llegar cansado todas las noches" y en una ambición por ayudar a su entorno.

Para él, la mentalidad de empleado es limitada, pues defiende que la verdadera prosperidad y el movimiento económico provienen de quienes se atreven a crear, señalando que incluso un "ingeniero está esperando que un señor monte una ingeniería para darle trabajo".

A pesar de su firme apuesta por el emprendimiento, Javier advierte que no basta con la valentía; es fundamental "emprender con cabeza" y con sentido. Critica duramente la falta de preparación de quienes se lanzan al mundo empresarial sin poseer "cultura jurídica, cultura financiera o cultura empresarial", advirtiendo que muchos cometen el error de buscar al "asesor barato" en Google.

Según su visión, el éxito sostenible no se trata solo de saber vender, sino de entender profundamente "cómo funciona la empresa por dentro" para no sucumbir ante las complejidades fiscales y legales.

El éxito de Javier no ha sido un camino lineal; tras llegar a facturar "1 millón al día" y gestionar 1.000 oficinas en 21 países, la crisis de 2008 llevó su imperio "al garete". En ese proceso de pérdida, donde enfrentó deudas astronómicas y un estrés extremo, aprendió que el verdadero valor de un empresario reside en su resiliencia.

Para Javier, los tropiezos son la mejor escuela de negocios, asegurando con firmeza que "la experiencia de la quiebra te la da la quiebra; se crece con los daños, no con los años".

Una de las misiones actuales de Javier es dar a conocer la Ley de Segunda Oportunidad, un mecanismo que considera vital para que la economía se regenere. Explica que el sistema europeo ha entendido que, si los emprendedores que han fracasado no pueden "volver a empezar", dejan de generar empleo y "la economía no se mueve".

Esta ley permite cancelar deudas inasumibles, evitando que el talento empresarial quede enterrado de por vida y permitiendo que personas que han sufrido puedan reincorporarse al sistema productivo.

Por ello, Javier defiende que “Hay que emprender. Si luego va mal, no pasa nada. No tengas miedo, aunque tengas que cerrar un negocio con 50 años”.