Publicada

Después de 12 ediciones, el FSTVL•B —antes conocido como Cara B— sigue haciendo una tarea excepcional acogiendo a la escena (o escenas) musical alternativa y en tendencia del país, y de Barcelona. Así se mezclaban en el cartel de los tres días grupos como La Plazuela y Cupido, con cantantes como Guitarricadelafuente, Yung Beef o Mushkaa. El resultado es una mezcla perfecta de sonidos urbanos, electrónicos y bandas instrumentales, y de géneros indie, rock, pop, rap...

El sábado 19 se subió al escenario el talentoso músico, productor, compositor... Pablopablo (Pablo Drexler, 1997) y para el momento que salió, todo se había llenado. Escuchar al madrileño en directo es una mezcla de emociones: las que causa por su voz melódica que parece acariciarte, su maestría con la guitarra y el piano, y las letras de sus canciones.

El cantautor Pablopablo Alvaro Escudero FSTVL B

Un viaje al amor cuando suena Contigo —canción que siempre dedica a su pareja, con quién la escribió—, a la nostalgia y el final con Mi Culpa, a la frustración y la contradicción con Otra Vida, al optimismo y al empezar las veces necesarias con Vida Nueva. Solo había que girar la cabeza, mirar a tu alrededor, para descubrir la forma en que el cantante consigue mover de un sentimiento a otro a miles de personas.

Si algún día el deseo del cantante fue alejarse de la etiqueta de nepobaby y demostrar que nada le ha caído del cielo, es un hecho que el paso que se ha abierto dentro de la industria ha sido lejos de ideas preconcebidas y por un talento innato que demuestra en cada sencillo que saca y en cada escenario al que se sube.

El despertar

Al mismo escenario se subió después el valenciano Guitarricadelafuente (Álvaro Lafuente, 1997) . Será la cuarta o quinta vez en 2026 que vuelve a Barcelona con su Spanish Leather, pero no hay vez que la espectacular puesta en escena de la propuesta deje con la boca abierta, incluso si ya la habías podido disfrutar antes. Si encontrase las palabras exactas para describir lo que este chico de 29 años consigue hacer en un escenario, lo haría, pero es una tarea muy complicada.

Todo el concierto es un baile sensual, divertido, una actuación rompedora, un secreto a voces, el principio y el fin de la intimidad. En algún momento de la actuación una chica dice: “No puedo apartar la mirada, es adictivo”. Esa también sería una buena descripción.

Y es que Spanish Leather es un grito a la libertad, al amor, al despertar sexual, al “erotismo de lo físico”, de un chico —y de toda una generación—, que empezó sentado en un taburete con una guitarra española, y ha terminado recreando una ¿película? ¿Obra de teatro? No sé, pero lo que hace es algo mucho más que música. Sigo intentándolo.

Desde Caballito, Mataleón, Full Time Papi, el cierre perfecto de Babieca! a la inmensidad que trae Guantanamera o la versión instrumental de Continicio, es un retrato contemporáneo que mezcla lo folclórico con la mirada de quien sale de un sitio que le encierra y se “rinde a los estímulos de la ciudad”.

Buenrollito y mucho talento

Al otro lado del festival, en el escenario B, a eso de las 22.00, aparece La Plazuela junto a una marcha de Semana Santa, seguido de Si Miro Patrás. Un rollito funky, un coro talentosísimo y una banda que los acompaña siempre, levantaron al público entre palmas y mucho roneo.

Un rock andaluz que consigue formar tremendo jaleo, retumbaba el recinto con La Primerica Helá, Tiempos Raros y Sólo Eres Para Mí, a la que se unió la espectacular voz de Ángeles Toledano. Tocaron Si Lo Callo Muero, su último sencillo, admitiendo que solo lo habían ensayado en conciertos, llegaron a su parte más emocional con El Lao de la Pena, y rompieron el escenario con Péiname Juana, una de las favoritas del público.

La banda granadina formó un jaleo, cómo dirían ellos, con su mezcla de flamenco y electrónica, que ellos mismos pinchan en una mesa de mezclas en mitad del escenario. En definitiva, el viaje que recorren desde sus primeros temas hasta ese Lugar no0 (DLY), es para montar un corrillo de buenrollito, mucho baile y mucha raíz.

Música desde casa

La fiesta llegó con Rusowsky (Ruslán Mediavilla, 1999) y su propuesta psicodélica en la que no falta detalle: un curioso vestuario, un coro simétrico y una pantalla en la que aparecen desde memes de monos y gatitos hasta un minidocumental del grupo de amigos —y cantantes— del músico.

El concierto del cantante Rusowsky Mariam Jimenez FSTVL B

El cantante, compositor y productor es un concepto en sí mismo. Su madre tenía un grupo de folk bielorruso, además de una escuela de música, y él a los cuatro años ya recibía clases solfeo y guitarra. Años después se inscribiría en el conservatorio y se formaría en piano y música clásica. Empieza en 2019 a subir su música en YouTube, en 2020 C.Tangana le llama para producir bien :(, y es con un grupo de amigos y su manager Rusia IDK, con los que todo rompe.

Y ese bedroom pop —produjo su primer disco entero desde su habitación—, se retrata durante todo el tiempo que dura el concierto. Se ve lo casero, lo hecho siendo un chaval que subía videos con sus amigos a internet, la hibridación de géneros desde el R&B, el reguetón y la música electrónicay , y la maestría en el uso de los sonidos.

Entre el público no cabía un alfiler. El concierto empezó con algún fallo técnico pero enseguida recuperó el ánimo y el humor que le distingue. Aunque también hay espacio para la tristeza porque si la primera canción es una rumba electrónica con la que todos bailamos, hablo de Johnny Glamour, la versión a piano de mwah :3, es un disparo al corazón.

A medio camino entre lo más analógico y lo tremendamente digital, un concierto de Rusowsky es algo que hay que vivir.

En una entrevista para Vanity Fair, Pablo Drexler describía a la nueva oleada de artistas jóvenes como “trovadores modernos, o neocantautores, con una línea estética muy definida”, y creo que es el concepto perfecto.