Uno de los integrantes de Devo, en un concierto / STEVE RHODES (FLICKR - WIKIMEDIA COMMONS - CC BY-NC-SA 2.0)

Uno de los integrantes de Devo, en un concierto / STEVE RHODES (FLICKR - WIKIMEDIA COMMONS - CC BY-NC-SA 2.0)

Letra Clásica

Devo

Vestidos con uniformes amarillos, bailando como si los movieran con cables o adoptando una actitud de no estar en sus cabales, los hermanos Mothersbaugh ofrecían un espectáculo extravagante

15 noviembre, 2021 00:00

Akron, Ohio, no es precisamente la capital intelectual del mundo occidental, pero para ser un sitio que vivió durante décadas de fabricar neumáticos para la industria automovilística de Detroit, resulta admirable que de ahí salieran dos perlas del pop contemporáneo como Chrissie Hynde, alma de los Pretenders, y el grupo Devo, que ha pasado a la historia, según el punto de vista, como un colectivo de visionarios o una pandilla de payasos: yo creo que su gracia estaba en situarse a medio camino de ambas posibilidades, aunque es indudable que su propuesta se fue apayasando con el paso del tiempo –aquellos cascos rojos en forma de maceta, aquella portada en la que, en vez de cuerpo, los rostros de los componentes del grupo lucían una patata, aquellas instrumentaciones cada vez más delirantes y voluntariamente grotescas…-, hasta que se disolvieron en 1991, se reunieron en 1996 y llevan desde entonces separándose y reuniéndose esporádicamente para alegría de sus seguidores, que nunca fueron muchos, pero sí leales: sé lo que digo porque yo formaba parte de ellos.

Apadrinados por David Bowie e Iggy Pop, Devo se hicieron con un contrato discográfico a finales de los 70 y publicaron un primer álbum que iba (casi) totalmente en serio, empezando por la figura de quien lo produjo, el gran Brian Eno. Comandado por los hermanos Mothersbaugh, Bob y Mark (sobre todo por éste, quien más adelante se dedicaría a la música para cine y televisión, colaborando con gente tan variopinta como Pee Wee Herman o Wes Anderson), los Devo de Q: Are we not men? A: We are Devo! (1978) son un grupo con una ideología –la De Evolution, o Des Evolución- basada en la teoría de que, por lo menos en los Estados Unidos, la evolución se ha detenido y ha dado paso a la des evolución, una especie de plan de cretinización de las masas que está logrando rápidamente sus objetivos y al que hay que plantar cara desde el rock & roll, aunque no desde cualquier forma de rock, sino, concretamente, de un pop sincopado, chirriante, violento, sarcástico y ambiguo que ponga a bailar a la gente como robots movidos por descargas eléctricas. Como muestra de hacia dónde iba el grupo, nada como su versión acelerada y casi demencial del viejo éxito de los Rolling Stones Satisfaction, que constituyó una inmejorable tarjeta de presentación.

Vestidos con uniformes amarillos de operario indeterminado, bailando como si los movieran con cables o adoptando una clara actitud de no estar del todo en sus cabales, los hermanos Mothersbaugh y sus camaradas ofrecían un espectáculo extravagante y unas canciones que, además de sonar a algo nuevo (o a algo viejo reciclado con sumo ingenio), plasmaban en sus letras una crítica social, oblicua y eficaz, que las convertía a menudo en manifiestos acerca de un desastre inminente que no se sabía muy bien si era temido o deseado por los músicos (el subtexto podría haber sido Que reviente todo de una vez y que nosotros lo veamos).

Este tono entre apocalíptico y subnormal (otro de sus éxitos fue el tema Mongoloid) se mantuvo durante los primeros discos del grupo –Duty now for the future (1979), Freedom of choice (1980) y New traditionalists (1981)-, pero a partir de Oh, no, it´s Devo (1982), el álbum con la portada de las cinco patatas sonrientes, la crítica filosófica fue remitiendo y el grupo adoptando una visión más descaradamente humorística de las cosas que incluía a los hermanos Mothersbaugh y los empujaba en una dirección desopilante, pero susceptible de contribuir poderosamente a que la crítica y el público se los tomase cada día más a chufla.

¿Se pasaron de frenada o lo suyo fue, simplemente, un ataque de lucidez que hacía imposible mantener sin soltar la carcajada la imagen tremendista con la que se habían presentado ante el mundo pop? ¿Vivieron su propia des evolución, que les llevó de la seriedad apocalíptica de sus inicios a una visión autoirrisoria de su seudofilosofía? Yo diría que llegaron a la conclusión de que no podían reírse de los demás si antes no lo hacían de sí mismos, pero se quedaron con la fama de payasos para siempre. Quien quiera comprobar que esa simpática pandilla de clowns fueron alguna vez mucho más que eso, hará bien en revisar sus primeros discos o centrarse exclusivamente en su brillante primer álbum, donde, de hecho, están ya todas las claves que convirtieron a Devo, durante una breve época, en una propuesta innovadora, necesaria, estimulante y dotada de un retorcido sentido del humor nada común en el mundo pop.