Portada de 'Diario', de Jules Renard

Portada de 'Diario', de Jules Renard

Letras

Confesiones desagradables

Me tocó hablar en unas conversaciones literarias que celebra la Fundación Sa Nostra de diarismo, y de la distancia que va entre los diarios de los escritores de literatura y la realidad de los hechos que estos reseñan. Es decir, del valor de esos diarios como testimonio de su tiempo

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El otro día, en Mallorca, adonde fui a impartir una conferencia, una señora “me reconoció” y se acercó a felicitarme,:

--Leo siempre sus artículos en El País, me encantan --dijo.

Estaba claro que me confundía con mi hermano, con el que guardo mucho parecido físico y que escribe en ese diario. Le sonreí:

--Ah, me alegro, y gracias por decírmelo.

--También le escucho siempre en la SER. Es brillante. Siempre están tan bien documentadas sus intervenciones, que es un gusto escucharlas.

--Bueno, gracias. La verdad es que me las curro mucho. Hablo sólo unos minutos, pero me las preparo durante horas y horas, ¿sabe usted?

--Claro, lo supongo. ¿Y qué, Xavier, cómo ve las próximas elecciones? Vienen tiempos malos, ¿verdad? Quiero decir, políticamente, con la ascensión del fascismo…

--Bueno, ya se verá, señora. Queda mucha campaña por delante, no está todo escrito, puede pasar de todo.

--Tiene usted razón, Xavier.

Estas confusiones me pasan con alguna frecuencia. Yo siempre asumo que soy el otro, que soy mi hermano, para qué desengañar a la gente. Eso sí, al próximo que me confunda y me elogie por lo que no he hecho, pienso pedirle –bajando la voz, y en tono confidencial-- cinco euros, porque me he dejado la cartera en casa y necesito con urgencia tomarme una copa de orujo. Así veré si tanta admiración es sólida, y los hechos (los cinco euros) la respaldan, o si sólo es de boquilla.

Como decía antes, esto pasaba en Mallorca, en unas conversaciones literarias que celebra la Fundación Sa Nostra, creo que en colaboración con CaixaBank. Giraban las charlas en torno a la memoria y la escritura. Las organizaba una gestora cultural de la Isla, Mari Pau Ruiz, mujer muy agradable y competente. Participaban varios poetas, en su mayoría mujeres, cuya obra desconozco.

Me tocó hablar de diarismo, y de la distancia que va entre los diarios de los escritores de literatura y la realidad de los hechos que estos reseñan. Es decir, del valor de esos diarios como testimonio de su tiempo, de la adhesión de los escritores a la realidad de los hechos que en ellos cuentan.

Hablé de los dos modelos, contrapuestos: por un lado, el de Renard, que reescribía su Diario una y otra vez, para conseguir que fuese más y más literario, hasta el punto de que sentía que le estaba “secando”, esterilizando como autor de teatro y de ficciones, porque le dedicaba demasiadas horas cada día.

El mallorquín Simó

Por el otro lado, el modelo de Léautaud, que sostenía que de un diario no es legítimo, no es honesto, corregir ni una palabra. Cada anotación debe dejarse tal cual fue escrita en su momento, como testimonio veraz del tiempo y la vivencia. Su Diario es extensísimo, de manera que sólo se lo reedita en antologías.

Esto me llevó a otros diaristas, concretamente de la Segunda Guerra Mundial, de Mircea Eliade, de Mihail Sebastian, de Jünger, de Ghéhenno, de Klemperer, etcétera, y de las relaciones entre hechos y literatura, lo cual me derivó a una cuestión vagamente rasante con ésta a la que desde hace mucho tiempo le doy vueltas: ¿cómo es realmente uno? ¿Es como él mismo piensa que es (y por consiguiente, como se muestra en su Diario), o por el contrario, es como los demás lo ven, como piensan que es a partir del trato que hayan tenido con ese “uno” y con sus acciones en el mundo físico?

El escritor Mircea Eliade

El escritor Mircea Eliade PRE TEXTOS

Tras la conferencia, en la charla general sobre este asunto, alguien me comentó un caso interesante: el del mallorquín Guillem Simó (1945-2004), del que no había yo oído hablar.

Simó era un profesor de instituto de segunda enseñanza con muchas aficiones artísticas: era escritor y pintor diletante, tocaba algún instrumento musical. Era bien conocido en los ambientes culturales de la Isla, donde se le tenía por un señor un poco excéntrico pero en conjunto agradable, pacífico, cordial, muy culto y muy bondadoso.

A su muerte dejó preparados unos diarios que su viuda publicó (Acontravent, 2016) bajo el título En aquesta part del món. En Mallorca causó sensación por los cotilleos que llevan y por la tremenda bilis que destilan contra el mundillo literario y social de la Isla y allende el mar, y porque revelaban que aquel profesor de instituto aparentemente tan amable pensaba horrores de todos, y de sí mismo.

Espíritus elevados

El otro día me apresuré a conseguir un ejemplar y me puse a leerlos. Lecturas como ésta son hipnóticas, arrebatadoras. Aunque agridulces. El amable señor Simó resulta que en privado era un ser torturado, descarnado, que sudaba rencor contra el mundo, incurría en notables excesos, delirantemente pancatalanista, y se veía a sí mismo como “un ser derrotado y enfermo”.

En aquesta part del món es un documento dotado de no poca fuerza y vigor narrativo, de manera que no es despreciable, en absoluto, como obra de arte.

El interesado en literatura catalana hará bien en no saltarse a Simó. Pero yo mismo no sé si voy a ser capaz de llegar hasta el final del grueso volumen. Creo que voy a dejarlo a mitad. Porque esta clase de libros confesionales pródigos en hostilidad y en repugnancias, siempre a la contra, a la contra del mundo, me suelen dejar un poco agotado y abatido. Pienso en los diarios de Jesús Pardo o los de Chirbes.

Prefiero los espíritus empeñados en elevarse, como el de Jünger, que casi en cada entrada, además de las batallas sangrientas y las miserias que cuenta, se detiene a hablar de la belleza de un escarabajo que se ha encontrado en la trinchera, o de una flor, e intenta extraer de cualquier acontecimiento un pensamiento elevado, el signo de algo sublime.