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Después de El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (Impedimenta, 2017) y el Jardín de vidrio (2021), la escritora Tatiana Țîbuleac (Moldavia, 1978) regresa con Cuando seas feliz, golpea tú primero.

Portada de la novela 'Cuando seas feliz, golpea tú primero', traducción de Marian Ochoa de Eribe Impedimenta

La novela sigue a Mila, y a su círculo, que han emigrado de Chisináu, capital de Moldavia, a París, la ciudad que parece prometer una vida mejor, más sencilla y feliz. La realidad es que deben olvidar todo lo que han sido antes, la voz y la ambición que construyeron en su país de origen.

Además es alcohólica, aunque lleva seis meses sin beber. Su vida se ha ido encaminando hacia la decadencia a base de golpes y humillaciones hasta quedar de ella una soledad y un vacío, en cuyo centro se encuentra su padre. Un periodista bohemio y alcohólico, severo e infranqueable, que fue quien le enseñó a escribir y a leer. De él no heredó solo los vicios, también la pasión y el amor por la literatura. Por Baudelaire, Émile Zola, Dante o Solzhenitsyn.

Un padre distante, que no sabía cómo ser padre, pero que intentó darle una vida buena después de que la madre de Mila falleciese de manera inesperada un día cualquiera. Un hombre guapo, erudito, que había vivido mucho, viajado, experimentado. Que trabajaba a deshoras, y no por dinero, sino porque era necesaria su contribución al mundo.

Y después murió, sin jamás desvelar nada más que lo que era como periodista y como amante de la literatura. Dejando a su hija sin saber quién era su padre como padre mismo, o como persona. Solo una fachada, la portada de un libro.

Una trama desdibujada

El alcoholismo es uno de los hilos conductores de la trama. Primero como algo que se hereda, como muchas otras cosas se heredan en la familia. Como representación de la figura del padre de Mila en ella, en las presiones por su triunfo, en su necesidad de que su hija llegase a ser una persona respetada y culta.

Segundo como problema real dominante en Europa del Este, vinculado al arte y a los artista como “vía de escape”, obviando las consecuencias terribles que desencadena y poniendo el foco en una sociedad que parece, o bien ignorarlo, o bien normalizarlo. A cada explicación, peor.

La estructura también es importante aquí, porque es un reflejo de la historia que cuenta. La forma de reconstruir la vida de Mila es volviendo al pasado a golpes y sin orden. Una estructura fragmentada, que puede parecer rota, como símbolo de la vida de la protagonista caótica, desdibujada, en la que cuesta distinguir qué vino antes y qué fue consecuencia de qué.

La trama, marcada por el silencio, como la vida de Mila en general, y como la relación con su padre, en concreto, explora la justificación de la existencia, la necesidad de buscar razones para vivir. El deseo, el amor, el perdón. Qué ocurre cuando pierdes aquello que quieres poseer, que piensas que mereces poseer. Como la felicidad.

Y todo ello con una escritura sarcástica, lúcida, con ritmo y humor, considerando la oscuridad de la historia.

La migración. Con la caída de la Unión Soviética en 1991 hubo una ola migratoria en Moldavia hacia los países de la Unión Europea. Los primeros migrantes, la mayoría mujeres, acabaron viviendo en condiciones inhumanas, de hecho un gran número murió. Este factor, el del migrante no privilegiado —sin estudios de posgrado, idiomas o profesión liberal— rodea la novela para mostrar la cara oscura del movimiento.

En la novela Malik, personaje que mantiene una relación ambigua con Mila, había sido ingeniero en Moldavia, luego guardia de seguridad. Y ella que había sido profesora y correctora en la universidad, luego babysitter, paseadora de perros y cuidadora de ancianos.

La familia y el perdón

No es nada nuevo que esta escritora explore los vínculos familiares. Y no es nada nuevo que lo haga desde el lugar de la contradicción. Ya en El verano que mi madre tuvo los ojos verdes, la separación entre el amor y el odio estaba completamente desdibujada demostrando que la condición humana se trata precisamente la ambivalencia de los sentimientos. Que creo que se agrava cuando se trata de la familia.

Portada 'El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes' Impedimenta

Y vuelve a hacer lo mismo en Cuando seas feliz, golpea tú primero. Es complicado explicar, entender o introducirse en las relaciones materno y paterno filiales. La literatura lo ha intentado desde siempre. Y la escritora la aborda desde un lugar del entendimiento, no la confrontación o la crítica.

El único fallo que tiene El verano que mi madre tuvo los ojos verdes es que es complicado volver a hacer algo igual. Y sería injusto compararla con esta nueva novela y decir que no está a la altura. Aunque imposible no hacerlo.

Tiene Tatiana Țîbuleac una forma brillante de acercarse a la ética a través de sus personajes, que te atraviesan por lo fácil que es identificarte con ellos. Hay en ellos el mismo desprecio y la misma ternura que hay en cualquier persona. Es imposible llegar a quererlos, ni a odiarlos, igual que es imposible no empatizar con ellos.

Si algo marca las historias de la escritora son las circunstancias en las que se inscriben. Sería imposible acercarse a nadie sin conocer su contexto. Últimamente parece que nos olvidamos de esto.