Retrato de Prudenci Bertrana

Retrato de Prudenci Bertrana

Letras

'Josafat', de Prudenci Bertrana: 120 años de erotismo mortal

Edicions de la Ela Geminada recupera 'Josafat' en una edición conmemorativa, el libro con el que el republicano Prudenci Bertrana atacó algunos linajes militares de la ciudad y terminó en los tribunales

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Prudenci Bertrana, escritor republicano nacido en Tordera en 1867, la lió parda en dos ocasiones para la sociedad bienpensante de Girona, ciudad en la que vivió muchos años, hasta 1911, intentando dedicarse a la pintura. El primer escándalo fue esta novela corta, Josafat (1906), que recupera ahora Edicions de la Ela Geminada en una edición conmemorativa, y cuando atacó a algunos linajes militares de la ciudad y esta reaccionó llevándolo hasta los tribunales.

Portada de 'Josafat'

Portada de 'Josafat' Edicions de la ela germinada

Episodio del que se vengó muchos años después a través de su novela Jo! Memòries d’un metge filòsof (1925), ariete contra un antiguo compañero que lo había abandonado, el filósofo libertario y anarquizante Diego Ruiz, una figura piojosa y controvertida muy necesitada de una buena biografía.

Pero Bertrana escribió muchísimas cosas más, todas recuperadas por La Ela Geminada: Violeta (1899), Nàufrags (1907), Tieta Claudina (1929), L’illa perduda (1935) y una trilogía autobiográfica: L’hereu (1931), El vagabund (1933) y su última obra, L’impenitent (1939).

Y todo esto mientras inundaba la prensa barcelonesa, en El Poble Català, La Publicitat, Revista de Catalunya y La Veu de Catalunya. Además, dirigió dos publicaciones legendarias, L’esquella de la Torratxa y La campana de Gràcia. En 2016 se publicó el monumental Tots els contes, que reunía todos los relatos que Prudenci Bertrana había ido publicando por docenas antes de la guerra civil.

El escritor rescatado

Por lo tanto, no estamos delante de un escritor menor (Cap de Brot recuperó también no hace ni un año las columnas que el escritor dedicó a la ciudad de Barcelona), y si no hubiera sido por la labor incansable de Edicions de la Ela Geminada, Bertrana habría continuado varado en una especie de limbo literario totalmente injustificado.

Portada de la recopilación 'Tots els contes'

Portada de la recopilación 'Tots els contes' Edicions de la ela germinada

¿Qué tenemos en este nuevo volumen, este de escasos 140 folios? Para celebrar que una pequeña maravilla del decadentismo catalán cumple 120 años, los editores han reunido un prólogo de Xavier Pla, que viene a ser el Capitán América de la Filología catalana, la novela en sí de Bertrana, una auténtica joya del modernismo más expresionista, y epílogos muy distintos de tres escritores destacados de la literatura actual en lengua catalana.

El texto desenfadado de Adrià Pujol me ha recordado que yo también leí Josafat con quince años, pero no por prescripción escolar, sino por curiosidad, y me interesó, pero no me impactó tanto como ahora ya peinando canas, porque hay cosas que uno no comprende del todo bien o no sabe paladear hasta que tiene cuarenta años.

Por ejemplo, el estilo visionario y de ebanista de Bertrana, no muy alejado de los virtuosos Víctor Català, Raimon Casellas y Joaquim Ruyra, con quienes forma generación literaria.

Erotismo, violencia y ética

Clàudia Rius examina la novela desde el punto de vista de nuestra triste circunstancia neovictoriana para llegar a la conclusión de que Bertrana fue bastante más valiente que nosotros a la hora de describir una violenta pasión erótica que conduce al asesinato y a la locura.

Rius no le ve ninguna objeción moral a esta creación intensamente neogótica e inmoralista (en definitiva, el asunto no es otro que un amor malsano y sadomasoquista en el interior de una catedral católica), aunque yo no tenga tan claro que Fineta, siendo prostituta en vida y una especie de espectro vampírico después de muerta, represente a un arquetipo modélico, o que Bertrana construyera un personaje “normal”.

En todo caso lo hizo en otros textos, y la terribilitá tremendista de esta pequeña novela provocadora lo disculpa todo.

No seré yo quien le ponga peros a una obra tan acabada, y con una estructura tan acabada y rotunda. Josafat es una obra maestra, que impacta tanto en 1906 como 120 años después, porque es descarnadamente humana y porque la sociedad catalana de aquel tiempo bien necesitaba un buen meneo intelectual.

Y es feo que diga algo así cuando los protagonistas de esta columna han de ser, lógicamente, Bertrana, Fineta y Josafat, pero entre lo mejor del libro está el cuento escrito por Núria Bendicho que cierra el volumen. Un relato que está entre los mejores que he leído en muchos meses.

Mientras Xavier Pla, el prologuista, reflexionaba sobre la relación entre las catedrales y las novelas, de la mano de Marcel Proust, Víctor Hugo, Huysmans y Blasco Ibáñez, Bendicho se zambulle valientemente en las infancias de mierda en un texto que solo guarda relación con Josafat por su tensión iracunda y el deseo irrefrenable de pureza en una sociedad hostil e idiotizada.

Y es que tiene toda la razón: los monstruos somos nosotros, cuando nos observan y nos juzgan tantos monstruos.

Deformidad, sexo salvaje, una religión superficial y farisaica, y una Catedral como un gigantesco sarcófago que respira y cruje como un ser vivo más. Vino, sangre, mordiscos, tumbas, murallas ciclópeas y tormentas purificadoras. No falta ni un solo elemento goticista en esta narración que se bebe uno de un solo trago, como un orujo clandestino.

Si entendemos que Josafat fue un triunfo definitivo de la narrativa sobre la beatería antisocial de la época, también podremos entender que se recupere y se relance una obra tan incisiva y se la complete con aportaciones de escritores aún activos; seguramente, el sentido del relato de Núria Bendicho sea este.

Hace tiempo que vengo pensando que la novela en lengua catalana está más en forma que la narrativa en español, y posiblemente la razón radique en que esta se ha dejado atrapar por la inmediatez del mercado y publique y fomente demasiada basurilla neomoralista, mientras que los escritores catalanes, sobre todo las escritoras, se atrevan a ir mucho más allá, no renuncien a escupir y patear, y no les dé miedo ser incorrectas, gamberras, apasionadas y… literarias sin más.

Como la propia Aurora, hija de Prudenci, también escritora aventurera. Podría traer varios ejemplos de ello aquí en estas líneas.

Cansados de porquerías neocalvinistas, baños de sudor y sangre como los de Josafat, Fineta y Núria Bendicho son lo más sano que nos puede suceder. Aguantarán 120 años más, porque la literatura en este libro ocupa el primer plano y no estúpidos cálculos en columnitas de un prosaico Excel.