Fotografía de las escritoras Alice Sheldon y Ursula K. Le Guin
Cartas entre Ursula K. Le Guin y James Tiptree Jr./Alice Sheldon (III)
La correspondencia coqueta entre Ursula K. Le Guin y James Tiptree en la que la escritura y la identidad ocuparon un lugar cardinal
También: Cartas entre Ursula K. Le Guin y James Tiptree Jr./Alice Sheldon (II)
Letra Global con Ursula K. Le Guin y James Tiptree Jr./Alice Sheldon. Tras un acuerdo con la prestigiosa revista Granta en español, publicada por Vegueta, Letra Global presenta una selección de los mejores textos, como muestra de la literatura contemporánea. Granta en español, publicación dirigida por Valerie Miles, ha logrado una gran repercusión gracias a la atención y al cuidado de escritores de todos los continentes.
La correspondencia de los escritores apareció en el número 3 de Granta, bajo el título Cartas entre Ursula K. Le Guin y James Tiptree Jr./Alice Sheldon. La edición fue realizada por Julie Phillips y Lisa Rogers.
29 IV 1977
Querida Tree:
Parece que te sientes un poco atrapada. Supongo que es inevitable pero, pero DEBERÍA ser evitable. Bueno, todo esto va sobre la vida real. Yo nunca he creído en la vida real, ¿y tú? Dime la verdad. A lo que se refieren es cuantificable. Alli S. tiene 61 años (ah sí) y pesa 51 (72, 175) kilos y vive en el 6037 de Ramshorn Plaza, 22101, etc. etc. demonios, hoy en día se puede hacer todo en dígitos, llega con el número de la Seguridad Social.
Así que ahí está la vida cuantificable y no voy a ser yo quien lo niegue: lo primero que le pides a Dios son 1500 calorías al día. ¿Pero por qué solo eso se considera real? Tengo cinco años de cartas de él, lo conozco. Ha escrito ficción excelente. ¿No es real porque no tiene número de la Seguridad Social? ¡Venga ya! A decir verdad, tanto he apreciado y valorado mi amistad con ese tipo que estoy algo celosa de la asociación tan próxima, la intimidad podría decirse, que tiene con Alli Sheldon.
Si Alli se va a poner posesiva y dominante solo porque tiene un cochino número de la Seguridad Social, y no le va a permitir a James T. decir nada (sobre el papel, claro está; él siempre ha sido un hombre más bien callado) me llevaré una gran decepción, y, la verdad, no debería preguntarme si James T. no estará resentido.
Raccoona y él podrían haberse aliado y huido juntos, disfrazados de caballo (J. T. tendría que ser las patas de atrás porque es más alto y ENTONCES qué ibas a hacer cuando mirases por la ventana y en tu jardín hubiera un caballo ridículo con las rodillas traseras dobladas extrañamente, retozando y comiéndose las rosas y pisoteando los arriates herbáceos en arrebatos de puro gozo de vivir y relinchando ¡Exiiisto! ¡Exiiisto!). ¿Eh? [...]
Te voy a contar en qué punto me encuentro, por si te sirve de ayuda. Hace un par de años descubrí que podía hacer fantasía activa y de vez en cuando, si me siento más confusa de lo habitual, escribo una; siempre es la misma, es decir, que la retomo donde se quedó al anterior aunque fuese meses atrás (la típica novelista puñetera con mente de una sola pista).
Sea como fuere, llevaba semanas y semanas caminado por un desierto interminable llamado La Llanura de Arena, bajo el brazo, un huevo que me había dado una dragona, e intentando olvidar lo que me había dicho que hiciera con él, es decir «Coge un palo y rómpelo». Cuando al fin obedecía sus órdenes, me convertía en la hija de la dragona y allí estaba yo, en su cueva (y se trata de una dragona enorme, imponente y desagradable) y ella me decía con impaciencia que me afilase las garras. Porque tengo que salir a comer caballeros.
Todavía me resisto. No dejo de decir que NO quiero comer caballeros. Los caballeros son valientes y nobles y sus armaduras no son muy resistentes, etc. No es justo. Pero me he comido uno con considerable placer, debo reconocer. Estaba pensando en alguna cosa u otra de las que he escrito y de pronto una voz, una voz masculina joven cargada de seguridad y arrogancia dijo, con desdén: «Eso no lo has hecho tú, ¿sabes?». Y perdí los estribos, dije «¡Vaya si lo he hecho!» Y me lo comí. ¡Zas! [...]
Alli respondió seis meses después:
21 de octubre de 77
Ah, sí queridísima Starbear:
Estaba dándole vueltas a tus comentarios sobre que ahora sabemos menos la una sobre la otra ahora que nos conocemos como mujeres... o partes de mujeres. [...] De haber sido Tiptree –no, si Tiptree fuera– el personaje externo, de modo que nos encontrásemos en carne y hueso como hombre mayor y mujer joven —o, mejor dicho, como mujer en su mejor edad—.
Puedo imaginármelo perfectamente. Cómo me habría quitado el sombrero, habría hecho una inclinación profunda tomándote la mano con una expresión que dijera Oh, mi Reina y Quién tuviera cuarenta años menos –y luego me retiraría y lanzaría unos fuegos artificiales cuidadosamente planificados (obtenidos en Hong Kong) que habrían llenado el cielo de dragones en caída y corazones entrelazados, y escrito sobre todo ello, en letras de fuego verde hasta el zenit, URSULA K. LE GUIN [...]
Sin embargo, cuando nos encontramos como mujeres se produce un extraño descenso a la realidad, una pérdida del mito... Y soy consciente de que parezco demasiado fuerte, una curtida veterana de guerras, y al tiempo una llorona vulnerable cuyo pecho está visiblemente abierto a las mismas preocupaciones domésticas (excepto por los hijos, de los que me privó la naturaleza) (o tal vez un puñetero ginecólogo inepto... un detalle cuya intrusión James nunca habría permitido); además una biografía larga e indómita, rematada con un aroma de historias contadas y recontadas de abusos que resultan notables en la mujer –muy mujer– es una cosa muy distinta...
Pero no lo es, es lo mismo. Solo que yo me quedo atrás, ocultando las patazas detrás de la espalda, temerosa de acercarme demasiado a lo que sé que es el campo de un radar de una sensibilidad exquisita, temerosa de dañar mis tentáculos invisibles.
Tal vez todo se resuma en que como mujer se me percibe como vigorosa (salvo por las ocasiones interminables e invisibles en las que me escondo en una habitación oscura con un paño fresco en la cabeza, con los sentidos sobrecargados, el corazón deseando el olvido. Autocompasión... que Tip nunca habría tolerado), mientras que como hombre se me percibe como amable. Es un material maravilloso para pensar y reflexionar. [...]
Con cariño y cohetes, Tip/Alli
En parte a causa de la mala salud y la depresión de Alli, no volvieron a escribirse hasta 1979. El 14 de abril, Alli envió una carta triste en la que se quejaba de que todavía no sabía cómo escribirle a su amiga por correspondencia. «Se me hace tan raro escribirte como yo misma, como otra simple mujer, con todo lo que ello implica en cierta manera. Todo lo que te he dicho es cierto, los sentimientos no han cambiado, pero se ha roto algún molde y todavía no se ha formado otro nuevo».
El 19 de abril, Le Guin le contestó con una carta para animarla. No se podía recuperar su antiguo coqueteo, pero Le Guin empujaba a su amiga a replantearse su percepción de sí misma:
«Todos cambiamos. Tú solo has cambiado de forma algo más abrupta... o esa ha sido la sensación. No te preocupes. Sí, hubo engaño y durante un tiempo eso me preocupó, pero ya no. Tú no eres la persona que me escribía, pero yo tampoco soy la persona que te escribía a ti, así que partamos de esa base (como siempre)».
Después de aquello retomaron un debate sobre el uso del presente en la ficción y las lecturas de Lukacs de Ursula, y el auge de Margaret Thatcher, y los gatos. Hacían bromas lingüísticas y pensaban títulos para la segunda novela de Sheldon. Y Alli Sheldon logró transformar su enamoramiento por Le Guin en una empatía y una preocupación más profundas.
Sus conversaciones duraron hasta mayo de 1987, cuando Alli Sheldon, enferma y deprimida, se suicidó a la edad de 71 años. No hubo final feliz, sin embargo, al final fueron capaces de verse la una a la otra, parcialmente, y de hablar sobre lo que podría significar ser la otra al escribir. En palabras de Alli, cuando Ursula la desafió a aceptar el cambio que se había producido en sus personajes: «¿Sabes que creo que empiezo a conocerte por fin?».