Imagen del filósofo Ernesto Castro

Imagen del filósofo Ernesto Castro Arpa Editores

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La conversión de Ernesto Castro ante la Moreneta

Ernesto Castro en Arpa Talks y un radical (y sin voluntad) cambio en su fe: "Si Dios no toma la iniciativa, no hay nada que hacer"

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Joaquim Palau desde luego es un buen editor. Y signo de que uno es un buen editor es que sepa rodearse de colaboradores competentes. Yo lo conocí cuando dirigía Destino, del grupo Planeta, y entonces sus lugartenientes eran Mauricio Bach (ahora colaborador de este diario) y Malcolm Otero. Mejor acompañado, imposible. Luego Joaquim Palau saltó a RBA y ahí le perdí la pista. Lo siguiente que supe es que había fundado Arpa Editores, y ahí también muy bien acompañado, por Mar Vidal y por Álvaro Palau, hijo de Joaquim.

Al margen de los libros de no ficción, siempre interesantes, que publica Arpa, a Álvaro Palau lo sigo en YouTube, donde pilota unas llamadas Arpa Talks, o conversaciones Arpa, en las que entrevista a personalidades destacadas de la ciencia y la filosofía. Esto es fácil de decir pero complicado de hacer, pues las materias de las que trata no siempre son de fácil acceso para el indocto. Este Álvaro parece que sabe de todo, nunca pierde la cara, de vez en cuando se detiene a recapitular lo que el otro ha estado diciendo, en fin, se le nota que no navega sin rumbo.

Álvaro Palau y Arpa Talks

De todas las entrevistas de Arpa Talks la que más me ha sorprendido es la que acabo de ver en YouTube, que se celebró hace una semana y es nada menos que de tres horas de duración, con el filósofo Ernesto Castro (Madrid, 1990), profesor de Estética en la Universidad Autónoma de Madrid, autor de varios libros sobre las encrucijadas más urgentes de la actualidad, mente ordenada, con toda la historia de la filosofía en la cabeza, que sabe exponer con claridad cartesiana.

Esa cabeza suya no es que esté bien amueblada, es que es una supercomputadora. Cierto que sobre todo en sus principios era bastante izquierdista y cercano a Podemos —sospecho que lo sigue siendo, pero nadie es perfecto, ¿verdad? pelillos a la mar—.

Volviendo a esa larga conversación con Álvaro Palau: ¡conducir una entrevista en serio, en profundidad, de tres horas de duración, con un Mihura como Ernesto Castro, requiere resistencia mental! Es de justicia decir que Álvaro [para los desconfiados, diré que no lo conozco] da también ahí la talla, y en cuanto a su entrevistado, yo creo que sería capaz de largar discursos más largos que los que solía endilgarle al sufrido pueblo cubano el dictador Fidel Castro (que me ha venido a la mente por la identidad de los apellidos: ¿serán igual de locuaces todos los Castro de este mundo?).

Castro y su fe

En esas tres horas de enjundiosa conversación llega un momento en que Palau le pregunta a Castro por su conversión a la fe en Dios. Y no sólo a la fe en Dios sino su asunción de los dogmas de la iglesia católica. Lo suyo ha sido literalmente como la caída de caballo de Saulo en el camino de Damasco. Su conversión le sucedió durante una visita al monasterio de Montserrat en enero de 2025. Como todos los que visitan el lugar, subió a dar el preceptivo saludo a la virgen, la popular Moreneta… “y al verme ante esa señora caí de rodillas…”, literalmente de rodillas, fulminado por la revelación.

La comparación con san Pablo y su famosa caída de caballo no está traída por los pelos, pues pocos meses antes Castro, muy activo en youtube, en conversación con otro interlocutor (a propósito de su amistad intelectual con Escohotado y la valoración de su legado), se declaraba rigurosamente ateo.

Argumentaba como prueba de la inexistencia de ningún Dios el hecho de que “siendo, contra la actitud de los apáticos, el tema fundamental de nuestra existencia, llevemos tantos siglos preguntándonos por él y no sepamos de él nada, además de la multiplicación de fes y creencias.” Además “las formas que se usan para demostrar su existencia se remiten a principios causales que, cuando se aplican al propio concepto de Dios, resultan absurdas. “Es un ser que no sólo no existe, sino que no puede existir, un concepto límite, un concepto en realidad absurdo, como el motor inmóvil”. Etcétera.

Entonces, ¿este cambio radical de opinión? Sostiene el joven filósofo que él no tiene en esta asunción de la fe mayor responsabilidad. Que, tal como dice la epístola a los Efesios (“En efecto, por gracia estáis salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios”) la fe es un don, una gracia divina, es en vano ir a buscarla, ya que, dice Castro, “si Dios no toma la iniciativa no hay nada que hacer”.

En ese fragmento de la conversación se explaya también Castro sobre el Espíritu Santo, en la línea de Zizek, para quien es el espíritu de la comunidad humana. ¿Habrá incurrido Ernesto Castro en pecado de orgullo al pretender que Dios ha ido a buscarle precisamente a él, y nada menos que ante la Moreneta, como a quien le toca la lotería? En fin, veremos en adelante cómo modula este salto del ateísmo a la fe católica su pensamiento y sus discursos, siempre tan estimulantes.