Jesús Hernández Tomás, uno de los principales dirigentes del PCE

Jesús Hernández Tomás, uno de los principales dirigentes del PCE

Ideas

Jesús Hernández: Las muchas vidas de un comunista español

'Pistolero, ministro, espía, hereje. Las muchas vidas de Jesús Hernández (1907-1971)', de Fernando Hernández Sánchez, una biografía que sirve como itinerario del PCE

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En la Feria Literal de libros radicales, que se celebra cada primavera en Barcelona, revolviendo entre las Novedades, encuentro un libro de esos que hay que cazar al instante: Pistolero, ministro, espía, hereje. Las muchas vidas de Jesús Hernández (1907-1971), de Fernando Hernández Sánchez, con seguridad el mayor experto en la historia del PCE.

Portada del libro 'Pistolero, ministro, espía, hereje. Las muchas vidas de Jesús Hernández (1907-1971)'

Portada del libro 'Pistolero, ministro, espía, hereje. Las muchas vidas de Jesús Hernández (1907-1971)'

Para mi sorpresa, el editor de Hoja de Lata me hace una foto con su teléfono. No entiendo nada. Entablamos conversación y todo queda aclarado: “Es que el libro acaba de llegar de la imprenta: eres el primer comprador”. Y yo muy ufano, “Qué orgullo”, digo. “Hazme tantas fotos como quieras”. Y lo único que espero es que un libro tan necesario haya tenido muchos más compradores en estos últimos meses.

La idea central del libro queda clara desde el principio: Jesús Hernández fue muchas personas, vivió muchas vidas, se llamó de muy diferentes maneras y ejerció oficios y funciones de lo más variado: “El hombre podría responder a tantos heterónimos —Álex, Alexandresco, Alexandróvich, El Rojo, Desiderio Ortega, Juan Ventura, Rafael, Pedro, Juan de Sevilla—, como gastó a lo largo de sus muchas vidas".

El largo currículum de Jesús Hernández

"Bautizado en 1907 como Jesús Hernández Tomás, el siglo lo conocería simplemente como Jesús Hernández. Fue uno de los pioneros del primer Partido Comunista, dirigente de la Federación de Juventudes Comunistas, hombre de acción, egresado de la Escuela Leninista de Moscú, miembro del Buró Político —el máximo órgano de dirección del partido—, director de Mundo Obrero, diputado del Frente Popular por Córdoba".

"Dos veces ministro de Instrucción Pública y luego de Sanidad en los gobiernos presididos por Francisco Largo Caballero y Juan Negrín, responsable de la salvación del patrimonio cultural durante la guerra, impulsor del Segundo Congreso de Intelectuales Antifascistas en Valencia, comisario general del Ejército Popular en la zona Centro-Sur, representante español ante la Komintern, supervisor de las colonias de niños en la Unión Soviética, corresponsal de periódicos latinoamericanos, impulsor del alistamiento de guerrilleros españoles en las filas del NKVD".

"Agente de cobertura de los servicios soviéticos en la tentativa de fuga de Ramón Mercader —el asesino de Trotski—, renegado por antonomasia cuando fue expulsado del partido en 1944 y se adhirió en 1948 a la disidencia titista, asesor de la embajada yugoslava en México hasta su muerte el 11 de enero de 1971”.

Jesús Hernández, amigo de los buenos trajes y los buenos abrigos, miope, ministro de Educación habiendo pasado solo diez semanas por la escuela (aprendió a leer y a escribir en la cárcel), activista incansable, prosista presentable pero megalómano y arcaizante como todos los agitadores comunistas de la época, adicto a adjetivos como “glorioso” o “portentoso”, o a sustantivos como “albor” o “rubor”.

Empezó defendiendo a capa y espada los Procesos de Moscú y acabó escribiendo en 1953: “Rusia no es más que una deformación lamentable del ideal socialista”. De antitrotskista convencido acabó totalmente inscrito en la heterodoxia “titista” de signo yugoslavo, e incluso acabó trabajando como asesor en la embajada yugoslava en México.

Así que no hubo titista más arquetípico dentro de los marxistas disidentes españoles, si por titista entendemos una vía no totalitaria de comunismo distanciado de la URSS. En sus últimos años, Hernández escribió que “socialismo sin libertad es igual a dictadura de Estado”, y en su favor hay que decir que las ediciones españolas de sus libros, explotadas por el franquismo, eran piratas, y que nunca perdió la dignidad como sí la perdieron Enrique Castro o El Campesino.

Un cambio radical

Tras ser expulsado del partido, Jesús Hernández defendió la línea “nacional” al socialismo y tuvo que abrirse paso en la vida civil como pudo: “La experiencia de Horizontes se agotó pronto. El reducido grupo que editaba la revista se vio acuciado por las estrecheces económicas. Tras décadas de entrega exclusiva al activismo político, el revolucionario profesional que había sido desde su adolescencia se vio empujado, a los treinta y siete años, a la oscuridad de una vida civil".

"Puso un taller de fabricación de matrículas para automóviles, regentó un negocio de venta de coches usados —Autos Cénit— en Nuevo León y abrió una tienda de café en un mercado de abastos de ciudad de México. Se separó de Pilar Boves y se casó de nuevo —“por la iglesia”—, se recrearon en señalar las malas lenguas con Lourdes Bernarda Cemboraín Bergada, nacida en 1915 en Mazagán (Marruecos), con la que tuvo una hija, Rocío”.

No debió de ser nada fácil para alguien tan hiperactivo este cambio de vida radical, y parece que Hernández fue sobreviviendo a base de acudir a tertulias con viejos amigos exiliados en las que se hablaba, sobre todo, y como no podía ser de otra forma, de la España perdida.

No hace falta extenderse mucho sobre la naturaleza del proceso que Uribe, Mije y Antón desarrollaron contra Hernández, quien por otra parte había sido también un perfecto estalinista. Como todos los de su época, fue una completa farsa, una ensalada de mentiras, insidias y rumores vergonzosos.

En este capítulo que versa sobre los años más oscuros del PCE salen muy mal parados Uribe, Antón, Claudín, Líster, Pasionaria y Carrillo, con pruebas irrefutables que demuestran sus actitudes volátiles e inquisitoriales.

Un ejemplo que el historiador reporta: Pasionaria acusó a Hernández de preferir los empleos intelectuales, y de ser un pequeñoburgués amante de los discursos y de la vanidad literaria… ¡Cuando había sido ella misma quien lo había enviado a trabajar a la radio y al aparato de prensa! Jesús Hernández fue el experto en agit-prop del PCE hasta que las contradicciones del Estado soviético fueron demasiado evidentes.

Un hecho curioso es que los funcionarios de la Komintern, con Dimitrov al frente, desaconsejaron explícitamente que Hernández fuera marginado, represaliado y apartado. Pero los demás eran tan impresentables que se tenían que dar prisa a la hora de quitarse a un hombre inteligente y peligroso de en medio. Y aunque Hernández quedó totalmente apartado del PCE, no ocurrió igualmente con sus actividades como espía soviético:

“El fin de la militancia de Jesús Hernández en el PCE no fue acompañado automáticamente de la separación de sus funciones como miembro del NKGB, como revelan los documentos de la inteligencia norteamericana. Su actividad secreta se prolongó durante algo más de un año. Existían precedentes, como el de Margarita Nelken, en los que la pérdida de la condición de militante comunista no tenía por qué suponer la baja en los servicios".

El itinerario del PCE

Pistolero, ministro, espía, hereje es también una buena historia del PCE, desde sus inicios en 1921 hasta los años de la Guerra Fría. No sé si el autor se ha dado cuenta de que su biografía concentra todo lo que ha podido averiguar o se ha podido averiguar sobre el PCE durante la guerra, y no es notable únicamente por la información abundante que ha logrado reunir sobre la etapa mexicana de Jesús Hernández.

Sino que hay momentos álgidos en los que el historiador aporta un gran caudal de información nueva, no necesariamente o no directamente relativa a Jesús Hernández. Por ejemplo, cuando describe el final de la guerra civil, la desbandada de cargos comunistas y los momentos terribles en los que un PCE muy debilitado no sabía cómo superar sus contradicciones internas, o si luchar, resistir o huir.

Y parece que en ese hundimiento jugó Jesús Hernández un papel honroso y fundamental. Lo que es seguro es que habiendo yo leído varios libros sobre la insurrección casadista y la capitulación final, aquí hay abundantes fuentes que no había visto citadas con anterioridad.

Y también podría decir lo mismo del convulso período soviético en el que el historiador rescata muchas cartas valiosas del biografiado para extraer numerosos detalles. Sin embargo, esta fortaleza bibliográfica del autor (al fin y al cabo no hay ningún historiador que sepa más de comunismo español que Fernando Hernández, esto es así) a la vez limita un poco el diseño del libro.

La única crítica que se le podría hacer es que a veces pasan demasiadas páginas sin que Jesús Hernández asome por ningún lado. Pero, ojo, repito, que esta limitación (un contexto tan denso que pasa a ejercer el protagonismo) es a la vez un punto fuerte para todo aquel lector que busque un estado de la cuestión actualizado y renovado sobre el itinerario del PCE durante el siglo XX.

De alguna forma se podría afirmar que esta biografía resume todos los libros anteriores del autor sobre el PCE, exceptuando, claro, El torbellino rojo. Auge y caída del Partido Comunista de España (Pasado & Presente, 2022), que analiza el proceso de implosión del partido, ya en período constitucional, y que se sale del espectro vital de Jesús Hernández.

Portada de 'El torbellino rojo'

Portada de 'El torbellino rojo'

Por su temática y su apego a nuevas fuentes primarias, esta biografía política de Jesús Hernández se combina muy bien con otros tres libros recientes: por un lado, las Memorias de un ministro comunista de la República, de Vicente Uribe, que el mismo Fernando Hernández preparó junto a Almudena Doncel (Renacimiento, 2019); Excomunistas. De la Revolución a la Guerra Fría cultural: Joaquín Maurín (1896-1973), de Alberto Sabio (Galaxia Gutenberg, 2024), que también sabe coser el tiempo anterior a la guerra y los años de exilio americano.

Portada de 'De la Revolución a la Guerra Fría cultural: Joaquín Maurín (1896-1973)'

Portada de 'De la Revolución a la Guerra Fría cultural: Joaquín Maurín (1896-1973)'

Y Un vocal español en la Komintern, de Óscar Pérez Solís, un personaje peculiar que se asoma en el libro de Hernández y que viró del comunismo al falangismo y cuyos escritos sobre la Rusia soviética editó Steven Forti (Renacimiento, 2018). Tampoco podemos olvidarnos de la monumental biografía de Pasionaria que Mario Amorós publicó hace cinco años en la editorial Akal.

Podríamos afirmar, por lo tanto, que cada vez contamos con mejores herramientas para conocer a esta pléyade de revolucionarios de los años treinta que tuvieron que lidiar con acontecimientos terribles durante la brutal historia del siglo XX, incorporando sin complejos tanto sus luces como sus sombras.

Jesús Hernández, dos veces ministro de la República en guerra, primero de Instrucción Pública y Bellas Artes (1936-1937), y luego brevemente de Sanidad (1937-1938), mientras Uribe ostentaba la cartera de Agricultura, por su importancia y peso específico durante la guerra y el exilio, merecía una buena biografía.

Y si se me permite un comentario final extemporáneo, lo que yo echo más de menos ahora en este campo específico de investigación es un estudio serio y accesible sobre la figura fundamental de Viacheslav Molotov (1890-1986), auténtico cerebro gris del estalinismo.