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Mindy Seu (California, 1991) es profesora asociada en el departamento Design Media Arts de UCLA. Se formó en esa misma facultad y se doctoró después en la Harvard Graduate School of Design. Publicó en 2023 Cyberfeminism Index, un archivo enciclopédico que reúne tres décadas de activismo en línea, arte de red y textos académicos.

En 2025 publica A sexual history of internet, un proyecto multimedia en el que revisa cómo el trabajo se ha manifestado …y ha influido— en el desarrollo tecnológico. Con esto busca demostrar e indagar en los orígenes de internet: páginas web, sistemas de pago y suscripciones... Además de las leyes y las políticas bajo las que se rige la red. La censura de las grandes plataformas. Y cómo todo esto influye en la sociedad.

El proyecto se divide en dos partes. La primera se trata de una conferencia-performance en la que el público participa leyendo fragmentos e historias usando sus propios móviles —al fin y al cabo la historia de internet se ha sustentado por los que consumían el contenido, no solo por los creadores—.

La segunda es un libro de más de 700 páginas del tamaño de un móvil que recopila anécdotas, imágenes y archivos históricos (el 30% de los beneficios del libro se reparten entre los 45 colaboradores citados).

El libro producto del proyecto 'A sexual history of internet' La Mosca

El proyecto expone —entre otraos hechos— cómo las trabajadoras sexuales han sido pioneras en el desarrollo web por la necesidad de encontrar otros modos de vender sus servicios de forma online, así se impulsó, por ejemplo, la creación de la plataforma Patreon y de los sistemas de pago y suscripciones.

Y cómo el deseo y la hipersexualización nos llevaron hasta la creación de google imágenes en el 2001. El servicio de google nació como respuesta a las millones de búsquedas que generó un vestido verde de Versace que usó Jennifer López en los Grammy de febrero del año 2000.

Mindy Seu explicó en una entrevista para El País que estas claves son “algo que no deberíamos ignorar al contar la historia de internet”. Además manifestó su preocupación por la observación en cómo el desarrollo de la tecnología ha influido en el moldeamiento y la percepción de la sexualidad por parte de los jóvenes.

Igual que han cambiado las formas de relacionarse, de ligar, de leer incluso de ver series o películas, cómo no iba a cambiar la forma de tener sexo. La manera de conectar con otros y otras es distinta, puede hacerse muchas vías —y no necesariamente las que involucran el contacto—.

Hiperestimulación digital y sexual

¿Has escuchado alguna vez que la Generación Z ya no tiene sexo? La tecnología y los nuevos relatos del siglo XXI (películas, libros, escenas en todos los lenguajes) se han tragado la importancia del tacto en las relaciones sexuales, y el interés en ellas. O en las relaciones en general.

Hablemos de toda la dopamina que nos produce internet. Deslizar durante horas Instagram y TikTok, saltar de un lado a otro. No poder apartar la vista de la pantalla. No conseguir ver una película de principio a fin sin mirar el móvil unas cuantas veces.

Una generación que ha crecido y se ha desarrollado en la era de la tecnología busca la sexualidad de formas no tradicionales. El tacto ya no es lo único y mas esencial, ahora importan otros factores como el estético o el sonoro. Mindy Seu lo define muy bien cuando dice que la expectativa de los jóvenes en las prácticas sexuales “no es tan visceral, sino multisensorial”.

Este es el primer contexto, la rapidez con la que suceden las “historias” online. Y cómo todo esto termina permeando en el deseo y la sexualidad.

El porno como educador sexual

Por ejemplo, la misma adicción que causan las redes sociales, las causa el porno. La hiperestimulación de la que hablábamos antes tiene como resultado un agotamiento y un grado de atención difícil de mantener fuera de las pantallas. Además de la adicción, el porno supone una distorsión de la realidad en cuanto a relaciones sexuales e interacciones sociales se refiere.

Según el Ministerio de Igualdad, ahora el porno se empieza a ver de forma muy precoz, en concreto la cifra se estima alrededor de los ocho años.

De esto hablan Miriam Al Adib, ginecóloga y divulgadora, y Diana Al Azem, educadora y sexóloga, en Cuando la cigüeña empezó a ver porno. Las consecuencias de la pornografía y la nueva era digital: cambio en la construcción del deseo, la percepción de los cuerpos y las relaciones de toda una generación. Sin dejar de lado las nuevas formas en las que se presenta la violencia sexual, las violencias contra las mujeres y la desigualdad.

Portada del libro 'Cuando la cigüeña empezó a ver porno' Alienta Editorial

Porque claro, hay diferencias entre las motivaciones que llevan a los chicos a consumir pornografía —placer— y las que llevan a las chicas —un manual para niñas de lo que se espera de ellas, de los estándares que deben cumplir y satisfacer sin límites que las cosifica y violenta—.

Esto me lleva a un concepto clave que Clara Serra, filósofa e investigadora, trata en su ensayo El sentido de consentir. El consentimiento no implica deseo, y seguro que al leer esto —y más seguro todavía si eres mujer— te identificas y sabes de lo que hablo.

Portada de 'El sentido de consentir' Anagrama

Es importante cuestionar, deconstruir y establecer unos límites claros en el deseo y las fantasías sexuales —no todo vale—. Y esto también entra en el marco del consentimiento que legaliza el acto. Ella habla de la necesidad (siempre) de un contexto para validarlo, aunque haya un . Algo clave en una buena educación sexual.

No se trata, entonces, de puritanismo

Además, hay más factores aparte de la tecnología y la muy temprana edad a la que se empieza a consumir. Retraso en la emancipación y en la incorporación al mercado laboral, la crisis de la vivienda, menos tiempo de interacción social, o sea que la frecuencia y cantidad de sexo depende de la economía.

O sea que, se ha cambiado el ideal social de mujer “recatada” y se ha sustituido por una hipersexualizada, el porno provoca la imitación de conductas violentas delictivas, las recesiones económicas tienen como consecuencia directa la recesión sexual y los jóvenes estamos hiperestimulados y nos aburre todo lo que ocurre fuera de nuestras pantallas.

Hemos dejado de besarnos y acariciarnos. La comunicación y el tacto ya no forma parte del afecto. Es sexo o nada.