Detalle de la portada del libro de Jordi Ibánez, 'Apocalipsis y democracia'

Detalle de la portada del libro de Jordi Ibánez, 'Apocalipsis y democracia'

Ideas

Acelerar la Máquina hasta que reviente: cómo Thiel y los amigos de Trump quieren acabar con el sistema político y económico liberal

Jordi Ibañez disecciona a los gurús tecnológicos en 'Apocalipsis y democracia' con Peter Thiel como elemento central, que interpreta a su manera la obra de René Girard. Lo que está en juego es un plan para 'salvar' a unos pocos multimillonarios que ven inevitable la destrucción del mundo que se ha conocido hasta ahora

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Quizá la mejor frase para entender lo que sucede en el mundo la pronunció Mark Zuckerberg: "Move fast and break things".

Para Jordi Ibáñez Fanés es la frase que mejor explica "lo que estamos viviendo". Lo tiene claro el profesor de filosofía de la Universitat Pompeu Fabra, que acaba de publicar Apocalipsis y democracia (Tusquets), un ensayo clarividente que desnuda a uno de los gurús tecnológicos que más y mejor ha pensado sobre el inmediato futuro. Se trata de Peter Thiel, confundador de Paypal, y actual presidente de Palantir, la empresa que gestiona datos para la industria militar. Lo que deja en el tablero Ibáñez es que los multimillonarios de Silicon Valley han llegado a una conclusión: el mundo actual no sirve, y es mejor hacerlo estallar desde dentro, a través de un proceso de aceleración como nunca se ha conocido en la Historia.

Causa pavor, sí, pero delante no hay nada, sólo una especie de tránsito hacia un final que parece inevitable. Es el mundo liberal, el que se va construyendo a partir del sueño de la Ilustración, es la democracia liberal, con su división de poderes, y es también una cierta idea sobre la justicia, sobre el reparto de bienes y servicios. Todo eso no tiene ningún futuro, a juicio de Thiel.

Si la Máquina no puede detenerse, lo que hace falta es "acelerarla y hacerla ir a toda pastilla para que reviente. Ibáñez lo señala así: "La posición reaccionaria apunta al deseo de que reviente un mundo esforzado por hacer sostenible lo que esa posición considera insostenible, o que considera que el precio a pagar para garantizar la sostenibilidad es mucho más elevado que lo que costaría arreglar algunos desperfectos provocados por la aceleración, sin la cual no hay crecimiento, y sin el cual no hay beneficio".

Portada del libro de Jordi Ibáñez Fanés

Portada del libro de Jordi Ibáñez Fanés

Los empresarios tecnológicos, el entorno de Thiel, conocidos como "la mafia de Paypal" --socios, amigos conectados desde hace décadas-- entienden que los procesos democráticos van en contra de la innovación, obstaculizan la aceleración, y están convencidos que el sistema político y económico, con regulaciones, con garantías para los ciudadanos, ya no tiene ningún sentido. Buscan un camino muy distinto, una especie de autocracia en la que no todos estarán llamados a seguir en activo. Se contrapone, por tanto, lo improductivo con lo sobrante. Y ¿cuántos seres humanos pueden ser valorados como productivos? A juicio de Thiel, muy pocos.

El libro de Ibáñez Fanés indaga en las fuentes de Thiel, en las referencias intelectuales de esos multimillonarios, que han encontrado en Trump al sujeto perfecto para llevar adelante sus planes. Todo pasa por la Universidad de Stanford, y por la inspiración que produce en Thiel un pensador católico como René Girard, que lamenta la llegada del Apocalipsis. Para Girard en la historia humana la violencia ha jugado un papel primordial. Y también lo que él denomina como mímesis. El hombre se mueve a partir de la imitación del deseo de los demás. Y esa constante histórica solía tener un chivo expiatorio, alguien que pudiera pagar los platos rotos. Violencia y pueblos o sujetos a los que castigar.

El mundo evolucionó. La Ilustración determina una nueva forma de actuar. Ya no será posible esa exhibición de la violencia ni el sacrificio de unos determinados individuos o pueblos. La humanidad camina hacia un final catastrófico porque, siguiendo a Girard, ya no hay mecanismos como la religión o los sacrificios para frenar esa violencia mimética.

Thiel recoge a su manera esos principios de Girard. A mediados de los años 2000 financia seminarios para poder reflejar su propia visión. Admira a Girard, pero, a diferencia de él, que teme ese final de la humanidad desde una visión cristiana, Thiel quiere acelerar. El 'apocalipsis' de las actuales instituciones es para él inevitable y necesario con el objeto de que una nueva élite tecnológica asuma el mando.

Los sueños son alcanzables, entiende Thiel, con la preponderancia de una tecnología que va cada vez más rápido, que puede alargar la vida humana, que puede llevar a la humanidad a otros planetas. Ya se ha establecido por la NASA un plan para ello. No son planes esotéricos, son muy reales para todos estos empresarios multimillonarios, como Thiel o Elon Musk.

Trump es una pieza que encaja como un guante en esos planes. Por eso esos multimillonarios lo han financiado. Y buscan a alguien que pueda seguir el camino, como el vicepresidente J.D.Vance, cuya carrera política está avalada por el propio Thiel.

Jordi Ibáñez Fanés

Jordi Ibáñez Fanés

El presidente Trump ha funcionado como la fuerza disruptiva necesaria para "limpiar" las instituciones viejas y dar paso a un nuevo orden liderado por la tecnología y el capital, antes de que el sistema anterior implosionara por su propia inercia.

En eso están esos empresarios de Silicon Valley. Es un cambio total en la partida.

¿Y qué propone el viejo mundo? Ibáñez asume la poca ambición, o la desorientación: "Qué proponemos nosotros, aparte de rasgarnos un poco las vestiduras y escandalizarnos, o de intentar recortar un poco por aquí esto o aquello, un poco de CO2, un poco de gasto público, un poco de pensiones, un poco de paro, todo en nombre del crecimiento y la sostenibilidad. No parece que se nos haya concedido la gracia de creer en gran cosa más". Y añade el autor de Apocalipsis y democracia: "Como dijo Nietzsche en una de sus observaciones más terribles, "el hombre prefiere querer la nada antes que no querer nada".

Thiel, de origen sudafricano, como Musk --hay algo inquietante en eso, porque crecieron en la época del Apartheid en Sudáfrica-- está obsesionado por el Anticristo, y ha viajado a Roma para hablar de ello, ante una nula respuesta del Vaticano. Pero como ciudadano estadounidense ve en su país de acogida el referente religioso que ha sido siempre para la mayoría --se va quedando en minoría-- blanca, anglosajona y protestante.

El Anticristo es para Thiel un Estado mundial dominado por una tecnofobia quietista y por una concepción decrecentista de la economía. Ese estado mundial estaría gobernado "nada menos que por el Anticristo", escribe Jordi Ibáñez.

Por tanto, es preferible "el riesgo del cataclismo antes que cualquier forma de control y de gobernanza mundial que, según él, no puede ser totalitaria".

No se desea el final definitivo, sino una crisis que permita reformular y reorientar el mundo --una parte del mundo, la que se salvaría del horror-- en unos términos no ajenos al transhumanismo y a las posibilidades de un desarrollo biotecnológico revolucionario"

El libro de Ibáñez, con referencias a Carl Schmitt, al que también interpreta a su manera Thiel, se adentra en la oscuridad, en la de unos multimillonarios que han tomado una decisión.