El Séptimo Sello, por Farruqo

El Séptimo Sello, por Farruqo FARRUQO

Ideas

El Séptimo Sello: Oriente Próximo bajo un apocalipsis de fuego

Como Acab y la ballena blanca, Sánchez y Trump ejemplifican a los contrincantes desiguales del conflicto. La piel cobriza del presidente de EEUU se transparenta cuando critica con menos encono al laborista británico, Keir Starmer, al que odia sinceramente y, curiosamente, en silencio

Júlia Nueno y el "genocidio" en Gaza: "Israel ha destruido panaderías y hospitales de forma sistemática"

Llegir en Català
Publicada

Teherán es un hervidero de saqueadores, ambulancias y patrullas de la Guardia Revolucionaria, bajo el humo de los pozos de crudo incendiados por las bombas de Netanyahu y Trump. Los días parecen noches bajo la lluvia de crudo quemado; las llamas del combustible remontan aceras y plazas públicas. El infierno en la Tierra se halla en la megacapital de Irán -16 millones de habitantes- y en Beirut (Líbano), la ciudad mártir bajo los proyectiles que pretextan buscar a las milicias chiitas de Hezbolá, el partido de Dios.

La gente se abraza a las ruinas en un paraje dominado por el escombro y acepta su destino, como en El último hombre de Mary Shelley.

La gran autora romántica del ochocientos nos mostró la ambigüedad del miedo. Sus citas contienen el canto de la Sibila, la poetisa conocedora de la inminente Peste Negra, un jinete de la destrucción igual que lo es la guerra victoriosa a la que se encomienda Donald Trump, rodeado de líderes evangelistas en el Despacho Oval, una fotografía bochornosa del presente. A bordo del Air Force One, el atrabiliario presidente lanza esta admonición: “los iraníes decapitan a niños y parten por la mitad a mujeres”.

En Beirut, el ejército israelí ha concentrado sus bombas en Dahie, los suburbios del sur de la capital libanesa. La ciudad, inmolada en otro tiempo por las acometidas del general Sharon, arde de nuevo.

Cuatro barrios densamente poblados en el corazón de los suburbios que fueron campos de refugiados palestinos, como Bourj el Barajne y Hadaz y otros dos más al sur, Haret Hreik y Chiyah, se llevan la peor parte; casi medio millón de personas emprende su enésimo exilio; muchos deambulan sin destino por las calles llenas de cascotes y metralla; algunos comen y duermen bajo los soportales destruidos de Al Qard Al Hasan, entidad financiera ligada a Hezbolah, su pulmón económico paralelo.

Parece que las lenguas de fuego milenarias hayan caído sobre las siete iglesias de Asia Menor; el objetivo mortífero de Benjamín Netanyahu no pretende revelar ninguna virtud, allí donde se cruzan la escatología y la muerte. Es como si la tradición judaica aplicara los exterminios del Libro de Enoc.

Una burbuja

La guerra del primer ministro israelí, armada por Trump, tiene un reconocido acento ritual; el premier israelí se siente amparado por la divinidad y por la tecnología militar; es el detonante del tecno-apocalipsis. En el lado iraní y libanés, la paciencia de la sociedad civil bajo las bombas significa una redención; una visión megalómana y solipsista, la doctrina en la que solo existe la propia mente y lo demás es una mera prolongación.

Frente a la resistencia o la nada de millones de inocentes, Donald Trump anuncia el más duro golpe, todavía pendiente: “Se está considerando seriamente la destrucción total y la muerte segura en zonas y grupos de personas que hasta ahora no se habían considerado como objetivo”.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante su reunión con el canciller alemán, Friedrich Merz, este martes en la Casa Blanca.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante su reunión con el canciller alemán, Friedrich Merz, este martes en la Casa Blanca. Reuters

El ataque “provocado” a Irán -la expresión de las élites norteamericanas para aludir a la supuestamente “no provocada” agresión rusa en Ucrania- viola la carta de la ONU a miles de kilómetros, por mucho que las versiones de Occidente culpen a la dictadura de los Ayatolas, un régimen criminal del que no tienen ninguna responsabilidad los millones de ciudadanos, bajo el peso la teocracia islámica.

La realidad alternativa del trumpismo es una burbuja que se retroalimenta. En medio de los combates se habla del protagonismo de la IA controlada por los grandes del Silicon Valley, pero la realidad es que el mundo está en manos de industrias fósiles (crudo y gas).

Como el 'Rey Lear'

La escalada del precio del crudo en todo el mundo enriquece a los grupos petroleros, como Aramco, Sinopec, ExxonMobil o Shell; estas cuatro grandes anticipan la subida de precios causada por el bloqueo de Ormuz, en perjuicio de la UE, el principal importador, hoy genuflexo por la actitud incomprensible de Bruselas.

El cinismo no tiene límites si la obediencia prevalece en el Senado y el Congreso norteamericanos. Ahora prevalece como ocurrió en 2003 con la invasión de Irak, donde EEUU mostró la vía neocon del triángulo Cheney-Rumsfeld-Wolfowitz, guerra y negocios.

Con el “No a la guerra”, el presidente Sánchez rompe la baraja y el Financial Times (FT) le considera la némesis de Trump en Europa.

El presidente francés, Emmanuel Macron defiende a Sánchez a medias tintas y también lo hace Felipe VI, al ofrecerle ayuda humanitaria al presidente del Líbano bombardeado.

La némesis del FT es comparable a la obra shakesperiana, Rey Lear, el monarca defendido de palabra por su propio sucesor, Edgar, duque de Gloucester, que anhela en secreto la corona de Britania; y también es consonante con otro Rey, Edipo, inventado en la tragedia de Sófocles, cuando entiende que su contrario es él mismo, después de matar a su padre y casarse con su madre por dictado de los dioses.

Ímpetu desolador

La comparación más ajustada corresponde al capitán Acab a bordo del Southampton, en la novela Moby Dick, cuando el ballenero lucha con la proeza que persigue el escritor, Herman Melville, con su particular talento para detectar contradicciones internas, paradojas y dobleces de todo tipo. Como Acab y la ballena blanca, Sánchez y Trump ejemplifican a los contrincantes desiguales del conflicto. La piel cobriza del presidente de EEUU se transparenta cuando critica con menos encono al laborista británico, Keir Starmer, al que odia sinceramente y, curiosamente, en silencio.

El momento desata un ímpetu desolador; “irreversible”, como lo entendió Paul Valéry al afirmar, a la vista de la Gran Guerra, que “las civilizaciones son mortales”.

La solución definitiva de Netanyahu está destinada a cumplir la hegemonía judaizante en el conjunto de los países de la Región. María Pandiello en Apocalipsis; Revelaciones, miedos y futuros posibles (Ed. Felguera) diría que, si la situación actual desencadena un conflicto global, “se tratará más del fin de un mundo que del fin del mundo”, desde el momento en que la tradición judeocristiana “habla de revelación y no de una destrucción definitiva”.

'El séptimo sello', de Bergman

'El séptimo sello', de Bergman

En el infinito universo de la ficción, la figura del otro se ha encarnado a menudo en héroes imprevisibles. Teherán y Beirut destruidas ofrecen sus mejores referencias en la narrativa sincrética, como se ve en el Fausto del director de cine Murnau (1925) -antecedente de Igmar Bergman en El Séptimo Sello-, cuyo diablo corrompe al enemigo con la peste, el mal pútrido de la Edad Media.

Hegemonía absoluta

El vínculo entre lo metafísico y lo político es el punto de encuentro entre las extremas derechas del mundo actual y la dupla Trump-Netanyahu. Después de sufrir, en 2024, un atentado en la campaña por la Casa Blanca, Trump dio su segunda victoria por segura. Ahora mismo, trata de compaginar su mesianismo en Tierra Santa con la formulación del nuevo mapa de América vertebrado a partir del Golfo de México, con piezas como la conquistada de Venezuela o la pequeña joya inmobiliaria, que será muy pronto la isla de Cuba.

Netanyahu tiene como objetivo destruir totalmente Irán para asegurarse la hegemonía absoluta. El objetivo es levantar el Gran Israel que ya no va solo desde Cisjordania hasta el mar, sino que incluye la mitad del Líbano, superado el río Litani y buena parte de Siria conectada a partir del eje Beirut-Damasco.

María Pandiello, en el CCCB

María Pandiello, en el CCCB CCCB

María Pandiello escribe acertadamente que, en Europa, el complejo de Harmagedón “domina los discursos de políticos trumpistas, como Le Pen, Meloni y Abascal”, con la inmigración, como enemigo en primer plano.

Los palmeros de Trump y Netanyahu están preparados para hacer acto de presencia en cualquier momento, contaminados por el síndrome de lucha permanente contra el enemigo único. En La sensación de poder, Umberto Eco narra con humor sostenido que, durante un suceso bélico, un blackout congela todas las computadoras del planeta y unos agentes de espionaje tratan de salvar a la humanidad localizando a la única persona en el mundo que todavía se sabe de memoria las tablas de multiplicar.

Mañana "cancelado"

La destrucción a secas conduce al miedo, un camino sin retorno y por eso Israel busca imponer en Irán la verdad hebrea frente al Corán de los chiitas. Tel Aviv difunde el mundo ortodoxo a través de la harbará, la creencia extendida de que Israel es la víctima. Y de nuevo recurrimos a Eco, cuando, en El fascismo eterno, identifica la pluralidad como objeto de odio de los camisas pardas y de las teologías dogmáticas de origen semítico, sujetas a la humillación política y económica.

Con el paso de los días, el conflicto se ramifica: Irak y Siria cierran sus fronteras con batallones armados de diferentes vertientes etnológicas; Turquía, por su parte, moviliza sus cazabombarderos tras recibir un misil iraní y defender el territorio autoproclamado turco en el norte de Chipre, la isla de la UE, atacada por Irán.

Los países del Golfo Pérsico con bases americanas sufren a diario los drones lanzados desde el lado persa; Kuwait, Bahréin, Emiratos o Arabia Saudí han dejado de ser el paraíso.

La región al completo se halla concernido por la lluvia de fuego, desde el cielo. Regresa en plenitud el mensaje del lúcido cineasta Derek Jarman: “el mañana está cancelado”.